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Acerca de patriciasutherland

Además de escribir novela romántica y leer, adoro la música. Me gusta el jazz, el r&b y últimamente, el country moderno. Encontrarás más información sobre mí, en la pestaña correspondiente de mi blog.

Novela romántica histórica: los diez mejores romances medievales.

Normalmente, soy yo la que me intereso por un tema, escribo una entrada sobre él y la publico, pero en esta ocasión será algo diferente, algo más colaborativo.

Verás, este año me he propuesto acercarme a la romántica histórica y como siempre me han atraído los temas relacionados con la Edad Media, me ha parecido que lo mejor sería empezar por ahí. Siendo una época que ha generado tantas películas y libros, imaginé que sería sencillo encontrar unas cuantas buenas novelas románticas ambientadas en ese período, pero no está resultando así.

Busco novelas románticas históricas que transcurran durante el período comprendido entre los siglos V y XV. Vikingos, caballeros medievales, etc, etc… Así que si me sigues, o llegas a esta entrada de casualidad, y «estás puesta» en romance histórico (y te apetece echarme un cable, claro está), cuéntame:

¿Cuál es la mejor novela que has leído y por qué te parece la mejor?

¿Sabes de algún grupo/foro especializado en romance medieval (da igual si es en español o en inglés)?

Desde ya, un millón de gracias.

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29/05/10: Empiezan a llegar las «contribuciones» ¡Qué bien! Provisionalmente, las iré listando a continuación por orden de llegada. Más adelante, intentaré «rescatar» los títulos más leídos -y mejor puntuados por las lectoras- y crear un ranking. La idea es acabar generando una entrada que no sólo me resulte útil a mí, sino que aporte información relevante a otras lectoras interesadas en el romance medieval (como ves, mi gusanillo «documentador» siempre puede conmigo ¡qué le vamos a hacer! ).  ¡Anímate!

  1. Saray recomienda los romances medievales y vikingos de Jude Deveraux y Johanna Lindsey (¿algún título en particular de estas autoras que sugiere Saray? Si tienes alguno en mente, ya sabes, no te cortes :-))
  2. Un reino de ensueño, Judith McNaught (recomendada por Olivia Ardey).
  3. Fronteras de pasión, Virginia Henley (recomendada por Olivia Ardey).
  4. Condena de amor, Virginia Henley (recomendada por Olivia Ardey).
  5. Un año y un día, Virginia Henley (recomendada por Silvia).
  6. Lady Johanna, Julie Garwood (recomendada por Vachara).
  7. El premio, Julie Garwood (recomendada por Vachara).
  8. La novia rebelde, Julie Garwood, Serie Novias (recomendada por Vachara).
  9. La boda, Julie Garwood, Serie Novias (recomendada por Vachara).
  10. El secreto, Julie Garwood, Serie Secretos (recomendada por Vachara).
  11. El rescate, Julie Garwood, Serie Secretos (recomendada por Vachara).
  12. La música de la sombras, Julie Garwood, Serie Secretos (recomendada por Vachara).
  13. Indómito, Elizabeth Lowell (recomendada por Carmen).
  14. Prohibido, Elizabeth Lowell (recomendada por Carmen).
  15. Hechicera, Elizabeth Lowell (recomendada por Carmen).
  16. La saga Montgomery, Jude Deveraux (recomendada por Silvia).
  17. Fuegos de invierno, Johanna Lindsay (recomendada por Elina).
  18. Las novelas de Lynn Kurland (recomendadas por Carmen).
  19. El caballero de la brillante armadura, Jude Deveraux (recomendada por Carmen).

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01/09/10: Gracias a todas las personas que han participado. Hoy he deshabilitado los comentarios y he publicado una nueva entrada con el «ranking» prometido. Este es el enlace.

Novela romántica: ¡ay, esas portadas pastel!

¿Recuerdas aquellas portadas pastel que «cantaban» tanto?
¿Te acuerdas de cuánto nos quejábamos por tener que forrarlas para poder seguir leyéndolas en el bus sin convertirnos en el centro de atención?

Pues, ¿sabes qué? No tires el papel de forrar aún porque igual lo necesitarás.

Esta entrada será breve. Todavía estoy en shock… Tras una semana oyendo a varias personas que conozco hablar y hablar sobre la romántica erótica de Ellora’s Cave, le dije a una de ellas «vaaale, déjame una y le echaré un vistazo».

Total, que ayer me regaló ésta:

¡Madre del Amor Hermoso! ¿Tendrá página central con imágenes a todo color, como la PlayBoy?

Es un ebook, así que no tendré que forrarlo, pero, entre nosotras, no sé si me animo a abrirlo :-)

Ya te contaré.

La novela romántica a estudio

¿Creías que nos íbamos a librar? Craso error, querida. De alguna manera había que explicar el éxito comercial inapelable del género romántico, ¿y por qué no echar mano de la psicología evolucionista para intentarlo? Después de todo, las mujeres somos ejemplares de una especie, y como tales, nuestros hábitos son «estudiables».

¿Que de qué va todo esto? Te cuento.

Dos investigadores canadienses, Maryanne Fisher (St Mary’s University, Nova Scotia) y Anthony Cox (Centre for Psychology and Computing, Dartmouth) decidieron comprobar si la inclusión de determinadas palabras en los títulos de las novelas románticas confirmaban, de alguna manera, los principios de la psicología evolucionista. Esto es, que detrás del éxito de determinadas palabras de uso frecuente en la narrativa romántica, se esconde nada más y nada menos que nuestros queridos impulsos hacia el apareamiento, a los que ya me referí en ésta entrada.

Así las cosas, y partiendo de que estos impulsos hacia el apareamiento y la reproducción, desarrollados a lo largo de miles de años, implican que las mujeres buscan hombres fuertes además de fértiles con recursos, buena salud, buena presencia, y capaces de asumir compromisos duraderos, tomaron un total de 15.019 novelas publicadas por Harlequin y analizaron sus títulos. Supusieron que palabras como bebé, padre y paternidad; riqueza, magnate y millonario; boda, compromiso y novia, o guapo, atractivo y atlético, se llevarían la palma. Y acertaron… Parcialmente.

¿Imaginas cuál fue la palabra que aparecía más veces entre los 15.019 títulos? Exacto: amor. (¡Qué casualidad!)

Siguientes en el ranking fueron: novia, bebé, hombre y matrimonio. Otras que también aparecían con frecuencia eran cowboy, noche y enfermera. Y en cuanto a  las profesiones más comunes en las novelas románticas: doctor ganaba por goleada, seguida de cowboy.

Según los investigadores, las veinte palabras más utilizadas sugieren que el compromiso a largo plazo y la reproducción son importantes para las lectoras, y que aunque no encontraron palabras relacionadas con recursos económicos o atractivo físico, sí hallaron las palabras doctor y cowboy, y otras relacionadas con altos ingresos o con ocupaciones que requieren buena forma física.

La conclusión de este estudio, que los autores publicaron en el Journal of Social, Evolutionary and Cultural Psychology, fue que los títulos de las novelas que publica Harlequin son «coherentes con las estrategias femeninas de búsqueda de pareja, lo cual explicaría su éxito internacional continuado».

Sospecho que ésto no ha sido ningún descubrimiento para los ejecutivos de la multinacional canadiense.

Alfredo Álamo, que también recoge la noticia en éste artículo de Lecturalia, se pregunta cómo encajan en la conclusión a la que llegaron los investigadores, los vampiros, hombres lobos y highlanders que viajan en el tiempo, que arrasan desde hace unos años. Bueno, para «las criaturas de la noche» la respuesta me parece evidente: el amor, nuevamente. El más idealizado de todos, el amor eterno.

En cuanto a los «highlanders que viajan en el tiempo», no tengo la menor idea… Habrá que preguntárselo al experto en la materia, el blogger de LiteraturaTorcida 1, ¿no te parece? :-)

1 Si no has tenido ocasión de leer su post humorístico sobre la sinopsis de la novela romántica Amar a Morgan, de Janet Chapman, por favor, hazlo. Vas a llorar de risa.

Fuente: The Guardian.

Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 2ª parte.

Ésta es la segunda parte del extracto que publiqué la semana pasada. Ambos corresponden al capítulo 18 de la novela. Si no has tenido ocasión de leerlo, échale un vistazo al post: allí encontrarás también sinopsis y otra información que te ayudará a ponerte en situación :-)

¿De acuerdo? Entonces, empecemos…

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Amigos del almaTan pronto Victoria y compañía desaparecieron de la vista, Gillian liberó su mano.

La próxima vez que quieras marcarte un farol, búscate a otra… ¿vale?

Quería estar enojada, que su voz sonara molesta. Pero era consciente de que ni parecía enojada ni sonaba molesta. Le había gustado que pusiera a distancia a esa mujer. Y también, la idea de que tal vez estuviera pensando quedarse en Camden.

No era un farol —contestó él de lo más natural, y tiró el cucurucho vacío a la papelera.

Gillian se volvió a mirarlo.

¿A no? —paró en seco delante de él—. Le hiciste creer que estabas conmigo y no estás conmigo, Jason.

Él avanzó un paso más, le rodeó el cuello en un abrazo holgado más desafiante que sugerente y la miró desde sus alturas, provocativo.

Sí que estoy contigo. Es lo que quiero. Lo que te pedí hace un siglo. Que sigas pensándotelo no cambia nada.

Gillian sonrió igual de desafiante. —Como no me saques las manos de encima, te voy a patear el culo.

¿Tú solita? —Jason sonreía.

Y no se movía.

Gillian bajó la vista y cuando volvió a mirarlo no había rastro de sonrisas en su cara.

No soy Victoria. El día que quiera que me toques, no me voy a insinuar. Te lo voy a pedir, sin más.

Los ojos de Jason descendieron lentamente a sus labios. Se quedaron ahí unos segundos que a ella le parecieron eternos. Al final regresaron a sus ojos.

Y… ¿eso cuándo va a ser?

No había acabado la frase que a Gillian un escalofrío la hizo estremecer, recordándole lo vulnerable que era. Especialmente, cuando él tomaba la iniciativa así.

Suéltame, Jason.

«Ay, niña, cómo me pones» pensó mientras se apartaba de forma ostensible con una sonrisa radiante que a ella le sentó como un tiro.

No juegues a este juego, Jay. Se nos va a escapar de las manos y hay cosas importantes por medio.

Por supuesto que jugaría a ese juego.

Y todos los que hicieran falta hasta encontrar la manera de que a ella las cosas se le escaparan de las manos. Y por lo pronto iba a llevar el juego un poquito más allá, a ver qué tal lo aguantaba.

Jason echó un vistazo a los demás. A pocos metros de allí, hacían que charlaban pero no se perdían detalle. Necesitaban escabullirse un rato.

Ven, demos un paseo —dijo ofreciéndole su mano que ella, naturalmente, no tomó. La sonrisa de él se hizo más grande cuando se dispuso a iniciar la maniobra de distracción—. Cógela, no hundas mi reputación delante de esos cotillas.

Qué listo era… Ella meneó la cabeza. Lideró el camino sin coger su mano, mirando a otra parte para esconder la sonrisa.

¿Qué? —dijo al rato, espiándolo por el rabillo del ojo—, ¿vamos a tener otra conversación trascendental?

Él la miró feliz. Sonaba tanto a la Gillian de siempre…

No sé, ¿quieres? Hoy no estoy muy trascendenal que digamos.

¡Alabado sea Dios! —replicó ella risueña, en un suspiro.

Él también empezaba a sonar como su amigo del alma.

Al oírla, Jason se detuvo sin darse cuenta.

¡Cómo echaba de menos ésto!

Se apoyó contra una de las columnas de madera que bordeaba el sendero curvo, para disfrutar a gusto ante la mirada sorprendida de ella.

Joder, Gill… ¿Dónde te habías metido?

Ella se encogió de hombros. Era largo y complejo de explicar y además, a estas alturas, importaba poco. En realidad, cada día importaba menos.

Jason se cruzó de brazos. Fue una jugada premeditada. Y ella, aunque lo sabía, siguió cada movimiento con la misma atención que había seguido todo lo relacionado con él durante años.

Pero con un interés distinto, claramente sensual.

Si no aflojas el lazo, se va a romper —dijo él. Gillian clavó los ojos en el suelo cuando el corazón empezó a darle martillazos en las sienes—. Te necesito, Gillian ¿entiendes lo que digo?

Dios, sí. Claro que lo entendía. Ella lo miró con los ojos brillantes.

¿No decías que no estabas trascendental hoy?

En otra jugada premeditada él respiró hondo, hinchando el pecho. Los ojos de ella siguieron el movimiento de esos pectorales increíbles que parecieron duplicar el tamaño cuando él insufló aire en los pulmones.

Eres muy inteligente —dijo, seductor—. Y me conoces bien, así que sabes que te estoy marcando al cuerpo. Y que voy a tumbarte.

Sí, lo sabía pero eso no evitó la descarga brutal que la sacudió al oírlo.

Y los dos sabemos que aunque te lo pienses otros mil años, solamente tienes tres opciones. Aceptarlo y decidir momento y lugar. Quedarte a ver cómo te tumbo y en ese caso, el que decide soy yo. O —procuró que su voz siguiera firme—, pedirme que vuelva a Dallas.

También lo sabía y justamente por esa razón había intentado mantenerlo a distancia con la esperanza de que eso lo enfriara. El efecto, en cambio, había sido al contrario. Lo que confirmaba que para mal o para bien, él iba en serio.

O creía que era así.

Pero eso no cambiaba el clima en su interior: estaba aterrada de dónde les conduciría ese camino. Y seguía necesitando tiempo. Y sí, también echaba de menos a su Jason.

Ella también lo necesitaba.

Gillian suspiró, se ajustó la coleta ante su mirada expectante y lo miró sonriente.

Si sigues entrenando así, vamos a tener que agrandar el hueco de las puertas. ¿En qué pensarás que te inspira tanto?

Él sonrió, todo vanidad.

«Quién sabe», contestó.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.

Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 1ª parte.

Me gusta escribir artículos sobre temas variados como los que encontrarás si echas un vistazo al archivo de esta página, y sin duda, en los casos en que es necesario documentar y buscar referencias, me siento a mis anchas. Peeero, soy escritora de novela romántica, y de vez en cuando, me tienta la idea de publicar extractos…

Y como ves, no hago el menor esfuerzo por resistirme a la tentación.

Cuando tengo el “gusanillo romántico”, siempre pienso en escenas con las que disfruté de manera especial mientras las escribía. Es el caso del siguiente extracto, que aunque pertenece al mismo capítulo, publicaré en dos entradas distintas. Lo hago así porque el cuerpo central de la página es angosto, y el post resultaría demasiado largo.

Entrando en materia, así como en su momento comenté que mi protagonista masculino preferido de la Serie Sintonías es el que aparece en Primer amor, ahora diré que, sin ninguna duda, la historia que más me gustó escribir es ésta, Amigos del alma, a la que pertece el extracto, cuya primera parte publicaré hoy. Por muchas razones, es una novela muy especial para mí, pero no te preocupes, que no me enrollaré con eso ahora :-)

Para ayudarte a que centres el tema, aquí tienes la sinopsis:

«Cuando le preguntaron a Jason Brady, el flamante entrenador de Los Tigres de Arkansas, si consideraba que haber conseguido ensamblar un buen equipo en tiempo récord, y mantenerlo en buena posición -a pesar de la plaga de lesiones que sufren desde el primer partido-, era el logro más peleado de su vida, él contestó con su sonrisa seductora y su talante de ganador: «No, hombre… Mi logro más peleado fue que mi chica me dijera que sí». Cuentan que la sala de prensa estalló en carcajadas: además de su gran sentido del humor, hasta los cronistas hombres admiten que no es, precisamente, del tipo al que las mujeres le dicen «no». Pensaron que había sido una broma, una al mejor estilo Jason Brady.

[…]Todas las personas con las que he hablado coinciden en una cosa: Jason y Gillian son como dos gotas de agua… Pero lo que los distingue de otras grandes amistades, es que al parecer mantienen una especie de conexión mágica que los fortalece y los complementa, y es un atributo exclusivo de las almas gemelas.

[…]¿Cómo pasan dos personas de ser carne y uña, los mejores amigos durante más de una década, a convertirse en pareja sentimental?

¿Qué circunstancia tan especial, nueva y determinante puede llevar a dos personas que han mantenido un nivel de comunicación tan profunda, a estrechar lazos?

Bueno, lo que el entrenador Brady dejó claro con su comentario en la sala de prensa es que, a) no fue fácil; b) no fue sincronizado; y c) fue él quien puso el balón en movimiento…»

Diane Lilly, Glam Magazine.

Jason Brady y Gillian McNeil son…

Amigos del alma, una historia de almas gemelas.

Y para que puedas ponerte en situación, te cuento en tres frases qué ha traído a mis personajes a las circunstancias que narra el extracto:

Un suceso inesperado hace que Jason se dé cuenta de la verdadera naturaleza de lo que siente por su amiga del alma, y con la seguridad que caracteriza todos sus movimientos -dentro y fuera del terreno de juego-, “pone el balón en movimiento”. O sea, abre la caja de los truenos. Ni siquiera se le cruza por la mente que Gillian le ponga pegas; después de todo, es una mujer, y a él, las mujeres nunca le dicen que “no”.

Pero Gillian, cuyo sentido común es tan grande como la vanidad de Jason, no le permite siquiera acabar de explicarse: cierra la caja de los truenos de un golpe seco, coloca en el fondo del freezer la amistad cómplice que hasta entonces compartían, y las cosas se tornan realmente difíciles para el mejor quarterback de la liga…

Ahora sí, te dejo con el primer extracto “inédito” de Amigos del alma.

Que disfrutes de la lectura, y hasta la próxima.

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Amigos del almaDomingo, 11 de junio de 2006

Riverfront Park,

Little Rock, Arkansas

Jason conocía a Gillian muy bien. Sabía que lo iba a poner bajo la lupa, estudiando cada uno de sus movimientos, pasando cada palabra y cada gesto por su trampa caza-ligones hasta que tuviera la certeza de que no había incoherencias. Y que sólo entonces, consideraría su propuesta seriamente. Y firme seguidora de la cultura «slow» como era, Jason también sabía que el proceso podría tomar… Sólo Dios sabía cuánto.

Contaba con eso.

La cuestión era que si la flamante vivencia del amor era estremecedora para cualquier primerizo, para un hombre caliente como él, estaba resultando una experiencia límite: amor y deseo corrían una carrera loca, con el pedal a fondo y la adrenalina subiendo imparable, convirtiéndolo, literalmente, en una bomba de tiempo.

La distancia que ella imponía tácitamente, lo esquiva que seguía siendo con él, no hacían más que hostigar su sangrante ego, avivando a su vez, una pasión incendiaria que él intentaba controlar de la única manera que podía; a golpe de entrenamiento. En circunstancias normales, ella se habría dado cuenta y puesto remedio, o al menos, paliativo. Gillian también conocía a Jason muy bien. Pero él tenía toda la impresión de que, concentrada en diseccionarlo bajo el microscopio, no se daba cuenta de que en la retaguardia, su resistencia estaba a punto de capitular.

La necesitaba desesperadamente. A la amiga tanto como a la mujer.

Sin ella ya casi no podía ni respirar.

Jason volvió a echar un vistazo por encima del hombro.

Gillian seguía de pie junto a unas atracciones conversando con Mandy. Para variar, ni lo miraba. Y él, para variar, tenía que programarse para quitarle los ojos de encima. Y para dejar de alucinar consigo mismo: camiseta de mangas cortas, de esas que dejan el estómago al aire, bermudas y bambas. Todo color negro, igual que el lazo que llevaba en el pelo. Lo más sugerente que había a la vista eran sus tres pares de músculos abdominales ligeramente marcados. Pero a este nuevo Jason, ni los contoneos de una estrella del porno en ropa de trabajo conseguirían inspirarlo más.

«Esa mujer es la caña», pensó y un instante después, cuando recordó dónde había oído esa frase antes, no pudo evitar una sonrisa irónica.

Jordan al detectar el gesto, lo codeó para llamar su atención. Habían ido a por helados para todos y esperaban frente al puesto atestado de niños.

¿Qué? ¿Cómo va la cosa?

Se lo piensa —contestó sin más. Y procuró poner su atención en los críos que estaban volviendo loco al heladero cambiando de idea sobre si chocolate o vainilla cada dos segundos y quitarla de esa mujer que lo encendía sin mover una pestaña y encima, ni siquiera se daba cuenta del terremoto que desencadenaba a su paso.

Eso es bueno —dijo Jordan, divertido. Acompañó sus palabras con un par de palmaditas en el hombro de su amigo quien le dedicó una mirada tan gráfica que no requirió más explicaciones—. Es bueno. Le dijiste que volverías a Dallas si ella te lo pedía. ¿Te lo ha pedido?

Jason negó con la cabeza.

¿Lo ves? Tú ten paciencia.

Ya, pero ser paciente con el sexo opuesto no era uno de sus puntos fuertes. Jason volvió a mirarla de refilón. Ella charlaba con Mandy mientras se recogía el cabello con el lazo. Sus ojos quedaron atrapados en el vaivén de esa mata larguísima que zigzagueó en el aire como la cola de una sirena.

Lo siguiente fue una descarga que puso todo su cuerpo a latir al ritmo del corazón.

Joder —murmuró sin darse cuenta.

Y dos segundos después, clavó la vista en la pila de cucuruchos que había sobre el mostrador frente a él.

Jordan lo miró con cariño y no hizo más comentarios.

Les tocaba pedir y eso hicieron.

Poco después, con once helados repartidos entre los dos se disponían a volver donde estaba el resto de la familia cuando oyeron que alguien llamaba a Jason.

«¡Jason Brady! ¡No me puedo creer que seas tú!», dijo una voz alegre.

Y de mujer.

Ambos se volvieron a mirar. Jordan sonrió divertido. Jason meneó la cabeza.

¿Qué te apuestas a que ahora sí que me está mirando?”, pensó.

Amigos del alma, (extracto) Capítulo 18.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.


Novela romántica: sobre la magia de los libros, las lectoras y las críticas.

«Escribir no es una actividad del sector de servicios(1), porque escribir es un arte. Cuando me siento a escribir, no pienso en mis lectoras. Pienso en las palabras, en la historia, en los personajes, la forma en que todo esto se enlaza, en el por qué y en hacia dónde va esta bola dorada con sus hilos de oro desenmarañándose y volviendo a enredarse y confundiéndome y frustrándome y deleitándome. Adivinad qué, lectoras. No se trata de vosotras, en absoluto…»

Seguro que muchas escritoras piensan ésto, pero ¿cuántas se atreverían a decirlo de viva voz? Teniendo en cuenta lo importante que es la imagen de cara a la galería, sospecho que no serían muchas las que se liaran la manta a la cabeza.

Muchas, no, pero al menos una, sí; la autora de la frase que abre esta entrada. Me refiero, nada más y nada menos, que a Laura Kinsale.

Llegué a su web oficial como «trabajo de investigación» previo a la lectura de dos de sus novelas. Me gusta conocer un poco de los escritores, de cómo viven y lo que piensan, antes de sumergirme en su mundo literario. Y fue así, pinchando enlaces, que dí con este  artículo. Originariamente fue un debate sobre el remanido tema de si los libros deben tener la consideración de obras de artes -como un cuadro, o una escultura-, o son simplemente productos, que acabó convertido, allá por marzo del 2006, en este post publicado por la autora en el blog de las SmartBitches. Con semejante frase de apertura, huelga decir que generó más de un centenar de comentarios…

Y sí así de contundente fue el inicio, ¿te imaginas cómo fue el final? Exacto; fue apoteósico.

Kinsale se expresa en esta entrada con tal pasión y tal sinceridad acerca de la magia de los libros, de leerlos, pero especialmente de «parirlos» como si fueran tus hijos, y lo que ocurre con ellos cuando salen «ahí fuera», que me da cierto reparo traducir sus palabras, pero lo intentaré al menos con el siguiente párrafo porque con los traductores online no se entiende bien. Dice más o menos así (cógete bien a la silla):

…Toda la tormenta y la furia de internet, y las lectoras y las críticas y las cifras de ventas, no son nada. [Lo que importa] no está allí fuera. Está aquí. Y si tengo que protegerlo de las lectoras, lo haré sin piedad. Puede que pensando que sois una panda de imbéciles parlanchinas que no tienen ni idea, sin ánimo de ofender. A mí me interesa tanto conocer vuestras diez millones de opiniones contradictorias como a vosotras os interesa oír mis desgracias personales…».

Ufff. ¿Por dónde empezar?

Es posible que las primeras historias que escribí en mi vida fueran pura creación espontánea, sujetas exclusivamente a los dictados de mi imaginación. Hablo de la época en que escribía sin reglas y ni siquiera se me cruzaba por la mente la idea de que otros ojos distintos de los míos vieran esas palabras. Las que escribo ahora se atienen a normas claras y están encuadradas dentro de un género con «especificaciones» muy definidas, y ni unas ni otras las he establecido yo. Si hay reglas ajenas que respetar, no es arte propiamente dicho. Y aunque es cierto que hay un espacio en el que habitan mis personajes y el mundo que he creado para ellos, que me pertenece y sólo yo puedo plasmar, también lo es que las reglas de juego condicionan de manera directa la forma en que lo plasmo. Pondré un ejemplo: mis historias de hace diez años contenían sensualidad, pero no escenas sexuales explícitas. Como lectora sigo pensando que, excepto en el romance erótico, no son necesarias; como escritora estoy convencida de que sugerir da mucho más juego que mostrar, pero hoy por hoy, en el género romántico es impensable que una novela no contenga escenas de sexo explícito. ¿Ves a qué me refiero?

Tampoco estoy muy de acuerdo con lo que dice acerca de la «tormenta y la furia de internet» pero hay que tener en cuenta que Kinsale se refiere al mercado editorial romántico norteamericano, donde competencia y críticas son feroces casi por igual. Es cierto que muchas veces echas en falta un poco más de empatía, incluso de respeto, pero luego ¿por qué las cosas en el mundo virtual iban a ser distintas que en el mundo real? Las críticas y el rechazo forman parte de la vida de todos, aunque a los escritores a veces pueda parecernos que se trata de un método de tortura especialmente diseñado para nosotros :-)

Realmente, no sé si es posible «protegerse» de eso, como propone Kinsale. Creo, más bien, que se trata de aprender a capitalizar las críticas: quedarnos con lo que consideremos que pueda sernos útil, obviar lo demás, y especialmente, no tomarlas de manera personal. Ahora bien, cuando son críticas personales -y sí, también las hay- y nos sentimos vulnerables y sólo podemos pensar en «protegernos», entonces, por favor, que la armadura sea de titanio y  con doble recubrimiento de vaselina.

Desacuerdos al margen, este primer contacto con Laura Kinsale me ha impactado. Me ha impresionado su valentía, la elegancia con que desgrana las palabras, y la pasión que imprime en ellas. Si sus historias contienen sólo un diez por ciento de la fuerza que transmite en este artículo, se habrá ganado otra lectora fiel.

(1) Se refiere a la industria cultural (o de entretenimiento) que incluye a las editoriales.

Novela romántica: el futuro digital del género – III

Desde finales de marzo, es posible comprar las versiones Kindle (digitales) de novelas románticas de autoras consagradas, sin necesidad de tener el lector Kindle. Amazon distribuye el software para pc y para Iphone e IPod Touch, gratuitamente.

Fue recibir el mensaje y pinchar el enlace de descarga. Así, sin pensármelo dos veces. Soy compradora habitual de Amazon porque me gusta leer los libros en versión original, pero desde que ofrecen también las versiones digitales para Kindle -que te permiten hacerte con el libro de forma inmediata y bastante más económica-, un sistema tan rápido, eficaz y cómodo como el que ha conseguido implementar Amazon para distribuir mundialmente libros impresos, ya no me parecía ni tan rapido ni tan cómodo. Eficaz, sí :-)

Del lector de Amazon me gusta todo, excepto el precio, por eso nunca me decidí a comprarlo. Sólo vale para las versiones digitales que compras en su tienda, y aunque su lista de títulos disponibles en inglés es bastante extensa, prácticamente no hay versiones Kindle en español. Ahora, si crean una versión de software para usar con Ipad -existe para Ipod, pero no me resulta cómodo leer en una pantalla tan pequeña- mi felicidad (digital) será completa.

Diez minutos después de haber descargado el programa, ya había comprado mi primera versión Kindle (en inglés) de un libro que no conseguí encontrar impreso en castellano: Indómito de Elizabeth Lowell. Pensar que hace un par de semanas me recorrí tres mega-librerías buscándolo, y acabé acalorada (nunca aciertan con la temperatura de los locales comerciales, ¿no?), con dolor de pies y sin el libro, y la operación completa por Amazon -descarga incluída-, me tomó poco más de dos minutos y una tercera parte del dinero que me habría costado comprarlo impreso. Sin añadir que no tuve que moverme de la silla. Pensé que realmente, no había punto de comparación, y hacerlo me hizo caer en la cuenta de me he aficionado a los libros digitales en los últimos meses; leo bastante no ficción, y la mayoría de mis compras del 2008 en adelante, han sido electrónicas. Con Kindle tengo claro que mis lecturas de ficción seguirán la misma tendencia: hay más de dos mil títulos disponibles del género romántico.

Es más, en España aunque con lentitud y cautela, empieza a haber editoriales que al igual que Harlequin, ofrecen versiones digitales de sus títulos impresos.

Hace un par de años cuando abordé el tema aquí y aquí, decía que no creía que los libros digitales compitieran con los libros impresos, que en todo caso, serían complementarios. Hoy sigo opinando lo mismo, pero con salvedades. Han sucedido cosas desde entonces, además de la crisis: los lectores son más baratos, los libros digitales también, y hay una amplia oferta para la cual ni siquiera necesitas lector; te descargas el Adobe Digital Reader, que es gratuito, y en minutos estás leyendo la novela que te acabas de comprar. Añade a esto el innegable ahorro de espacio y la posibilidad de decidir si el libro te interesa lo bastante como para invertir en una versión impresa (¿realmente, cuántos libros de los que llenan tus librerías habrías comprado en impreso si antes hubieras podido leerlos digitalmente? En mi caso, un escasísimo 40%), y las ventajas se disparan. También las cifras de ventas del ebook en Estados Unidos durante 2009; mientras las ventas del libro impreso mostraron un ligero declive, las ventas de ebooks crecieron un 176.6% según este artículo de febrero de este año, publicado por Publishers’ Weekly.

Y tú ¿qué tal te llevas con libros digitales?

La red del amor

El pasado 7 de marzo, El País Semanal publicó un artículo que la escritora Rosa Montero escribió el 14 de Febrero, el día de los enamorados, titulado «Maldito San Valentín». En él empieza confesando que «de todos los días falsos y arbitrarios inventados por los comerciantes para ordeñar nuestros bolsillos, éste es el que más me irrita». La verdad es que me gusta esta escritora. Si un artículo lleva su firma, lo leo porque sé que no suele defraudarme. Así que en este caso, y a pesar de la contundente frase en tipo destacado que centraba el tema a debate, a saber: «La idea del amor romántico nos ha hecho a los humanos un daño fenomenal», continué leyendo.

No me chocó su irritación por el mercantilismo que parece rodear nuestra vida, incluso en sus detalles más insignificantes; mucha gente lo comparte, estoy segura. Y sin duda, muchos comparten su «inquietante sensación» de que este año San Valentín se ha festejado más que nunca. Sin ir más lejos, a mí, que ni me irrita ni me inquieta, también me lo ha parecido. Sin embargo, ésto tiene poco de «tontuna» y mucho de estrategia de supervivencia. En momentos críticos, de intenso distrés -y los últimos tres años han sido críticos para millones de personas a nivel mundial-, nuestra mente pone en marcha mecanismos que nos permiten compensar los efectos negativos, y adaptarnos; la evasión es uno de ellos. Como dijera Richard Gregory, neurólogo y profesor emérito de neuropsicología de la Universidad de Bristol, el cerebro no está para buscar la verdad, sino para hacer predicciones para poder sobrevivir.

Pero resulta que soy escritora de novela romántica, y mis ojos están especialmente entrenados para cazar tópicos y clichés sobre el amor, los hombres, y las mujeres. Y la verdad, no esperaba encontrarlos en este artículo.

Más allá de los intereses comerciales por idealizar conceptos para después vendérnoslos, el amor romántico es mucho más que una mera idea, es un impulso vital hacia el apareamiento, natural y fundamental para la especie. En realidad, son varios los científicos que sitúan el surgimiento del amor romántico a la par que el nacimiento de la imaginación en las primeras especies de homínidos. Casi nada.

También existe un amplio consenso científico, e investigaciones recientes parecen confirmarlo, en que el amor romántico se halla profundamente enlazado con otros dos impulsos hacia el apareamiento, la lujuria, y el apego. Los tres poseen sus propios circuitos cerebrales, provocan diferentes comportamientos y expectativas, y están asociados a diferentes neuroquímicos (hormonas). Se sabe, además, que cada uno de ellos evolucionó para controlar un aspecto distinto de la reproducción: la lujuria, para «motivarnos» a buscar la unión sexual con prácticamente cualquier pareja medianamente apropiada; el amor romántico, para hacer que «concentremos» nuestro interés apareatorio en un individuo en particular (con el consecuente ahorro de tiempo y energía); y el apego, para facilitar que la pareja se mantenga unida el tiempo suficiente para sacar adelante a la descendencia, al menos, hasta superar los años de la infancia. Es lo que Helen Fisher (1) denomina «La red del amor».

De modo que lo más probable es que la pareja de «viejos» de la viñeta de Forges a que hace referencia Montero en su artículo, hayan tenido su etapa de lujuria, y también, la etapa de mirarse a los ojos y creer que el otro era simplemente perfecto. Es más, sin esas etapas, no serían tema siquiera para una viñeta.

Y aunque Montero opine que la fiesta de los enamorados es «una majadería dulzona, un paripé vacío, […] un frenesí de corazoncitos rojos que se parecen tanto a los musculosos corazones verdaderos como el amor real a los enamorados de San Valentín», imaginar es ver. Cuando imaginamos (pensamos o recordamos) ponemos en marcha los mismos mecanismos que cuando vivimos el suceso. Pensar en el ser amado, dice Eduardo Punset en su libro El viaje al amor (Destino, 2007), puede mejorar la relación amorosa, de la misma manera que practicar crucigramas puede ayudar a mantener la mente despierta.

Cualquier ocasión es una buena ocasión para aparcar la rutina, estimular nuestra imaginación y enfocarla en la persona que amamos.

Y como dice el refrán a «la ocasión, la pintan calva».

(1) Helen Fisher, antropológa, profesora e investigadora de la Rutgers University, y autora de títulos notables como Why We Love?, Henry Holt & Company, 2005,  y Anatomy of Love, Random House, 1994, entre otros.

Si deseas leer el artículo completo de Rosa Montero, lo encuentras aquí.

Este maravilloso oficio de escribir

Me encanta escribir.  Creo que es mágico abrir un libro -o conectarte a internet- y que, de pronto, algo escrito por una persona que ni siquiera conoces, te ofrezca generosamente la respuesta que estabas buscando -quizás de forma inconsciente-, entretenimiento, consuelo o, simplemente, una colleja; esa que los adultos necesitamos a veces para sacudirnos la rutina y volver a enamorarnos de lo que somos y lo que hacemos.

Esta ha sido mi semana de collejas ;-)

La primera vino de la mano de una escritora que no conocía. En medio de un texto extenso -y más bien aburrido- de otros autores, sus veintidos palabras brillaron, refulgentes, ante mis ojos:

«When I sit down at my writing desk, time seems to vanish.
I think it’s a wonderful way to spend one’s life
.» ~ Erica Jong

No sólo es lo que pienso, es lo que siento, y la razón por la cual soy escritora, y no otra cosa. Me ha apasionado todo lo que hecho y he aprendido, soy de las que no conciben la vida sin pasión, pero solamente escribir consigue hacer que el tiempo se detenga para mí. Y por eso, como Jong, estoy convencida de que es un oficio maravilloso, algo fantástico a lo que dedicarse en la vida. Re-descubrirlo ha sido un auténtico regalo.

Pero ha habido otras tres collejas. U otros tres regalos. Esta vez, de la mano de escritoras que conozco personalmente, y respeto. Me explico.

Las cadenas de mensajes han encontrado en internet su medio más idóneo, y si eres asidua en la red, raro será el día en que no recibas uno (como mínimo). En la blogosfera ha tomado la forma, cómo no, de promoción a través de la concesión de premios, y esta semana mi blog ha recibido tres. Aceptar estos tres premios implica sumarme a la cadena, y seguir las reglas, pero una de mis rarezas -soy escritora ¿qué esperabas?- es que no soy afecta a las cadenas de mensajes. No lo era antes de Internet, y sigo sin serlo.

Sin embargo, considero un privilegio que me lean, que en estas épocas hiper aceleradas que nos tocan vivir en las que la mayoría tenemos tantísimas cosas que atender, alguien como tú -o como ellas- se tomen el tiempo y el interés de ver qué tengo que decir, independientemente de que luego guste lo que digo, o no. Por eso respondo a los comentarios que me dejan aunque sea una práctica discutida en la blogosfera; aprecio ese interés, y lo agradezco.

Y por eso, esta entrada de hoy va dedicada a ellas:

Gracias a las tres, de corazón, por premiar mi blog.

Novela romantica Primer amor, un extracto romántico para el día de San Valentín

Aunque los tres protagonistas masculinos de mi Serie Sintonías son hombres singulares, nunca he ocultado cuál de ellos me robó el corazón desde el principio.

Y no sólo ha robado el mío; desde que viera la luz la segunda de la serie, que lo tiene de protagonista, mi chico de ficción favorito se ha convertido en un auténtico coleccionista de corazones… ¿Por qué? Ah, por muchísimas razones que podría explicar con lujo de detalles, pero no tengo la menor intención de hacer.

En cambio, haré algo mejor.

¿Qué tal si te dejo «pispear» una de sus puestas en escena? Eso lo explicará mejor que mil palabras, te lo aseguro. Gusta la idea, ¿eh? Me lo imaginaba :-)

Te dejo, entonces, con este extracto de Primer amor.
¡Que tengas un San Valentín de película!

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mark_primeramorMark aparcó frente a casa de Shannon y cerró el contacto. Sabía muy bien que ella no iba a invitarlo a subir. Tan bien como sabía que él no debía sugerirlo, pero no quería irse. Le apetecía pegarse a su piel, meterse en su cuerpo, saborear cada centímetro de ella. Y a falta de eso, le apetecía su risa, su espontaneidad.

Hacía tantos años que nadie conseguía siquiera entretenerlo más de un par de horas, que cada minuto que pasaban juntos se le hacía más difícil dejarla. Sin darse cuenta, Shannon había sacado a la superficie de las emociones de Mark un deseo que, de tan intenso, acabó convirtiéndose en necesidad: la de encontrar esa mujer que lo complementara. Un deseo de cuya intensidad Mark solo fue consciente cuando la vio y supo que esa mujer, era ella. Cuatro meses después, la piel se lo pedía a gritos.

—Aunque casi ni yo puedo creérmelo, me lo he pasado genial. Gracias, Mark.

Su voz lo sacó de su ensimismamiento y cuando la miró, ella sonreía.

—¿Y por qué “casi no te lo crees”?

Shannon lo miró con picardía.

—No suelo esperar pasarlo bien con alguien que piensa que las mujeres de hoy día somos huecas por dentro…

—¿Habrá ayudado la paliza que me diste jugando a los dardos?

Shannon rió divertida. Le había dado un palizón.

—Habla en tu favor que no dijeras, como todos, que te dejaste ganar.

—No me dejé ganar —Mark se acomodó con la espalda contra la puerta del conductor—. Pero aunque fuera así, no te lo diría.

—¿Siempre eres tan caballero?

Ella lo miraba con su expresión de niña, un poco dulce, bastante desafiante. Y él se moría por quedarse, subir con ella, hacerle el amor. Pero había dicho que le daría el tiempo que necesitara para resolver lo que tuviera que resolver. Asintió con sus ojos claritos clavados en ella.

—Siempre.

Una sonrisa radiante apareció en la cara de Shannon, que asintió varias veces con la cabeza, y se volvió para apearse.

—No te muevas —pidió él, reteniéndola por un brazo. Ella lo miró interrogante. Lo vio indicarle con la mirada que se quedara sentada, luego apearse, dar la vuelta por delante del monóvolumen y abrir la puerta del acompañante.

Las veces que una escena parecida se había repetido entre ellos volvió a la mente de Shannon. Entonces, pensaba que él lo hacía para ponerla nerviosa. Ahora, empezaba a dudar que aquel hombre hiciera algo más que lo que le diera la gana en cada momento. Entonces, a ella le molestaba. Ahora, le encantaba.

Shannon sonrió a modo de agradecimiento, ambos caminaron hasta la puerta de su edificio.

—Quién le habría dicho a la cría de los pelos azules y la ropa punky que un día saldría con un caballero de la corte del rey Arturo… —comentó ella, risueña, y sacó las llaves del bolsillo de su abrigo. Mark se las cogió de la mano y abrió la puerta.

—Quién le habría dicho a esa cría que un día le encantaría salir con un caballero de la corte del rey Arturo —matizó él.

Le devolvió las llaves, rozando suavemente sus dedos con los de ella. A Shannon un cosquilleo muy agradable le recorrió el cuerpo. A él, un escalofrío. —Hoy lo voy a tener complicado —continuó él, suavemente—. No creo que acabe hasta las cinco o las seis. Y después quiero llevar a Patty y los críos por ahí, a pasear…

Shannon asintió. Mark probó suerte.

—¿Te apetece que nos veamos un rato sobre las once o así? Podríamos ir a bailar o donde quieras…

—Yo también tengo un día complicado. Nos hablamos y vemos ¿te parece?

No, no le parecía. Quería verla. Necesitaba saber que la vería.

—Vente a comer al rancho y luego, si puedes, te apuntas a la salida.

Era más que una sugerencia: un deseo expuesto al mejor estilo Mark Brady, con tanta dulzura como determinación que a ella le supo a caricia.

—Los sábados como con Cathy… —dijo ella, sonriendo.

—Tráetela.

Shannon se quedó mirándolo. Esas formas suyas empezaban a gustarle demasiado. Y su propia reticencia a rebelarse a tanta determinación, demasiado poco.

—Es una idea —se sorprendió diciendo, en vez del “ya veremos” que tenía pensado contestar.

Lo vio asentir sonriendo, ponerse las manos en los bolsillos y dar un paso atrás.

Era hora de irse, y se marchaba.

Shannon no pudo evitar pensar que irse sin al menos intentar quedarse, no era propio de un hombre en estos tiempos. Por más Mark Brady que fuera el hombre en cuestión. Las ganas de tentarlo fueron irreprimibles. Tantas como las que tenía de que la noche no acabara, de seguir con él, sintiendo lo que solamente él podía hacerle sentir, solo con mirarla.

—¿Ya te vas? —le preguntó suavemente sin perderse gesto.

Vio sus ojos claritos, brillantes, enfocar en ella durante una eternidad. Al final, lo vio asentir levemente, con una expresión dulce en la cara.

Shannon sonrió de oreja a oreja.

—Eres todo un personaje…—le dijo divertida—. La tentación de tentarte fue demasiado grande… Lo siento, no pude evitarlo.

Mark enarcó la ceja, burlón.

—Soy un hombre, Shannon. En el más amplio sentido de la palabra.

—¿Los “hombres en el más amplio sentido de la palabra” no se tientan?

Ella se apoyó contra el marco de la puerta de cristal, manteniéndola abierta con su cuerpo, y se dispuso a mirarlo a gusto mientras él avanzaba el paso que había retrocedido, y se detenía frente a ella. Lo vio apoyar una mano sobre el borde del marco, por encima de su cabeza.

Shannon miró de reojo el brazo descansando contra el marco, y luego a él, desafiante.

—Me tientas —admitió él, y dio otro paso hacia ella—. Toda tú.

A esa distancia, no solo su perfume masculino la rodeó. Podía sentir con intensidad, sensaciones vibrantes que no acertaba a decidir si eran solo suyas, o de los dos.

—Podría dejarme llevar —continuó él buscando su mirada—. Pero si solamente quisiera eso, lo podría haber hecho desde el principio ¿no te parece?

—Te freí a calabazas —susurró ella—. No tuviste ocasión.

Mark dio un paso más. Estaba tan cerca que ella tuvo que alzar la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Si hubiera querido seducirte, lo habría hecho —le apartó un rulo rebelde de la mejilla; la punta de los dedos le rozaron la mejilla y ella se estremeció—. No quiero seducirte. Quiero enamorarte. Quiero que cuando me mires veas el hombre de tu vida. Que para ti, nunca nadie se compare conmigo. Y que dentro de ochenta años sigas sintiendo exactamente igual —otro estremecimiento la recorrió de la cabeza a los pies. Esta vez, sintió que él también se estremecía, y se esforzó por mantener la mirada—. Me tientas, Shannon. Y me importas, como ninguna mujer me importó en la vida. Por eso me voy.

Sus palabras, el tono de su voz, su dulzura… Todo lo que fluía de él, más allá de lo que comunicaba verbalmente, fue como un gran abrazo amoroso, de una intensidad tal que la dejó sin aliento. Cuando él, a modo de despedida, se acercó a besarle la frente, ella aún contenía la respiración.

Capítulo 13 (extracto).

© Patricia Sutherland.

Primer amor, la más romántica de la serie Sintonías.

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Nota: Para saber a qué viene que haya resaltado parte del texto en amarillo, echa un vistazo a ésto.