Lola Entre-Historias, ¿y qué tal un fragmento romántico?

Ya está disponible para lectura online y también para descargar, un fragmento de lo nuevo de Moteros, Lola Entre-Historias, Serie Moteros #4

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¿Cómo está tu termómetro romántico hoy? Lo digo porque el momento que recoge el extracto corresponde al de una pareja muy enamorada que, por razones geográficas, se ve muy poco. ¿Preparada? ;)

“… —¡Y pensar que estaba por matar a un irlandés y resulta que este trasto infame se me había apagado! —dijo la muchacha. Sus carcajadas contagiosas devolvieron a Dylan al confort.
Él volvió a cerrar los ojos para disfrutar de aquellas sensaciones únicas que no había experimentado jamás en su vida, simplemente porque jamás había necesitado a alguien hasta el punto de que tan solo su risa le pareciera un regalo.
Andy pasó frente a su tío sin mirarlo. Se dirigió al área de los lavabos en busca de un rincón donde poder hablar con un poco de intimidad. A pesar del gran ruido ambiente, estaba bastante segura de no haber oído a Dylan pronunciar ni una sola palabra, ni siquiera reír.
Se colocó en un rincón, cerca del baño de las mujeres y volvió a intentarlo.
—¿Sigues ahí o te has desmayado de la alegría de volver a oírme?
Dylan abrió los ojos con pereza. Una sonrisa remolona apareció en su rostro.
Sigo aquí. Despelotado y muy solo sobre una cama king size, escuchándote mientras intento que no se me vaya mucho la cabeza. —Hizo una pausa premeditada—. Por lo menos hasta el jueves, tengo que amarrarla bien fuerte.
La imagen conjurada por aquellas palabras supuso un torrente de inspiración para Andy. Mejor dicho, un huracán, ya que muy pronto se encontró desabrochándose la chaqueta y no contenta con eso, siguió con el cuello de la camisa. Aquel corpachón desnudo, cubierto de tatuajes yaciendo sobre las sábanas, ideal lo miraras por donde lo miraras…
—¿Sigues ahí o te has desmayado de…? —la imitó a propósito. Y no acabó la frase también a propósito.
El suspiro que escapó del pecho de Andy hizo las veces de respuesta a las mil maravillas. Una respuesta que a Dylan le encantó.
¿En serio ya estabas pensando en matarme? —continuó él, consciente de que era mejor apartar el tema “despelotado en una cama” antes de que la conversación se fuera de madre.
—No… Lo dije por decir, Dylan… —Su voz, a pesar del tono tierno que empleó, no sonó muy convincente para él.
Ya. Solamente estabas barajando qué métodos eran más dolorosos. Todavía no habías llegado a fraguar tu plan.
Los dos rieron y durante un instante Andy consideró no hacer más comentarios, dejar el tema así. Después de todo era feliz. Por primera vez en su vida era feliz sentimentalmente hablando. ¿Qué sentido tenía despertar a los fantasmas del pasado? Pero pronto descartó la idea; tontería o no, lo diría. No le mentiría en nada, aunque eso la expusiera…” [Sigue leyendo aquí]

¡Que disfrutes de la lectura!


JR06.1_ORIGINAL-2_resized Lola Entre-Historias. Serie Moteros #4 (SM3.1)1

Después de que Dylan sorprendiera a Andy presentándose en su isla bonita, la pareja se embarca en la aventura más romántica de todas; la de conocerse a fondo el uno al otro y aprender a disfrutar del escaso tiempo que pueden estar juntos.
En Londres, mientras Dakota y Tess reciben una gran noticia, Evel y Abby se disponen a preparar una boda por todo lo alto después de que el motero consiguiera el segundo “sí, quiero” de su chica. Niilo y Amy, en cambio, no han vuelto a verse desde el casamiento de Dakota. Aunque las cosas podrían estar a punto de cambiar de un momento a otro…
Visitas inesperadas, decisiones importantes y la posibilidad de conocer el lado romántico del hombre menos romántico de la Serie Moteros son algunas de las novedades que encontrarás en esta nueva entrega.
Lola Entre-Historias, un dulce spin-off de Lola.
1: Las Entre-Historias son, en realidad, el 3.1 dentro de la serie. La razón de que las haya publicado como 4 es que a efectos de catalogación solo se admiten números enteros.

 

Novelas anteriores de la Serie:

Novela romántica Bombón (Sintonías # 1), de Patricia Sutherland

jordan_bombon“Jordan recorrió los doscientos kilómetros restantes de trayecto, circulando por encima del límite de velocidad. Mandy no lo había llamado después de ducharse. A menos que para hacerlo necesitara dos horas.

Desde el lunes llevaba mal no verla. Pero a partir de que ella lo llamara de madrugada y él no contestara después de dejarlo sonar dieciséis veces, la cosa se había puesto malísima. Sabía con certeza lo que Mandy habría deducido; que él estaba en la cama con otra mujer y por eso no atendía.

Y ahora, vete tú a saber lo que estaría pensando.

Algo, sin embargo, estaba claro. Si no se había puesto al teléfono ni le había devuelto la llamada, no podía ser nada bueno.

Había vuelto a intentarlo, pero esta vez, Mandy estaba en una entrevista, y era cierto; él mismo la había concertado con un periodista del Country Today.

Tan pronto los del equipo vieron aparecer a Jordan, marchando a paso vivo por el túnel que llevaba al área de camerinos, varios atinaron a acercarse para ponerlo al día: Sharon, Harry Newland, uno de los técnicos de sonido… Un simple gesto de la mano sirvió a las mil maravillas para dejarlos a todos con la palabra en la boca.

Jordan golpeó dos veces la puerta del camerino de la cantante. Entonces, vio en su reloj que faltaban cinco minutos para que empezara el concierto y no esperó a que ella contestara; abrió la puerta y entró.

Mandy volvió la cabeza y sonrió al verlo. Tras colocarle el microauricular, el asistente le estaba ajustando el aparato a la cintura trasera de los pantalones.

¿Te molesta?

Mandy le guiñó un ojo a Jordan y sonrió al chico.

¿Aterrizamos en la Luna y no podemos inventar algo más cómodo que esto? Te hace polvo la oreja…

Lo propondré a la NASA —comentó el asistente divertido, y salió a prisa del camerino después de saludar a Jordan con un movimiento de la cabeza.

Ella dio una vuelta completa sobre sus tacones y lo miró sonriendo.

¿Qué? ¿Estoy bien?

Jordan la recorrió con la mirada.

Mejor que bien.

El negro la favorecía y la nueva Amanda Brady, la que vestía ropa más casual y bastante menos sugerente, a Jordan le parecía infinitamente más sensual. Camiseta negra de mangas tres cuartas con cuello princesa. Pantalones de cuero negro de corte recto. Botas negras, sobrias, de tacón muy alto. Los escotes, los ceñidos y la provocación brillaban por su ausencia. Y aún así…

Preciosa —admitió él, y se esforzó porque su sonrisa fuera tan natural como su cumplido.

Mandy sonrió agradecida y se acercó a él, acomodándose el cinturón.

Y dime… —dijo, arreglándose el cabello coqueta— Tú… ¿qué tal?

Jordan se recostó contra la puerta cerrada y asintió varias veces con la cabeza.

Fue muy bien.

Hablaba de trabajo.

¿Sí? —preguntó, ilusionada.

Sí —repitió él con una sonrisa satisfecha—. Muy, muy bien.

Genial —Mandy se puso las manos en los bolsillos de atrás de su pantalón y lo miró con la cabeza ladeada—. ¿Y anoche? ¿Qué tal fue?

Jordan apartó la mirada. Ni le gustaba hablar de sus asuntos personales ni tampoco cómo habían resultado las cosas.

Y no tenía la menor idea de qué responder.

Pero Mandy no lo dejó procesar. Apartó el micro hacia atrás y completó la distancia que los separaba. Luego, sin mediar palabra, tomó la cara masculina entre sus manos y lo besó.

Fue un beso suave, sensual, con sabor a menta, que Jordan devolvió instintivamente, tan sorprendido como ella del montón de sensaciones que a ambos les navegaban por la sangre…

Tan sorprendido como ella, al comprobar que en vez de apartarse, de parar y pensar —que era lo que debió haber hecho—, la atrajo más hacia él, tomándola por la nuca, y se coló en su boca con voracidad.

No siempre funciona ¿no? —susurró ella sobre sus labios, robándole besos pequeños—. A veces, solamente tu cuerpo está ahí. Lo demás, está muy lejos…

Para cuando unos golpes en la puerta les hicieron saber que Mandy tenía que salir al escenario, los estremecimientos de los dos eran evidentes para ambos.

Mandy suspiró. Él continuó acariciándole la frente con los labios, aturdido.

Tengo que irme —murmuró ella al tiempo que respiraba hondo, intentando recuperarse. Luego, lo miró con una sonrisa pícara en su rostro—. Gracias por inspirarme. Hoy seguro que lo bordo…

Jordan apenas sonrió mientras se apartaba. Abrió la puerta y la dejó salir. La miró alejarse por el túnel. La vio echarse un vistazo en un cristal y retocarse el contorno de los labios con la punta de los dedos. Entonces, ella se volvió brevemente y le regaló una sonrisa. Continuó camino hasta que él ya no la vio más. En su lugar, oyó las ovaciones y los aplausos que conformaban un ruido atronador.

Jordan volvió a meterse en el camerino y cerró la puerta.

Y volvió a tomar conciencia de sí mismo.

Aún continuaba temblando…

Y queriendo más. Más de aquella sensualidad que lo agitaba como una maraca. Más de aquella ternura que estaba ahí siempre, en el fondo de sus ojos, en el tono de su voz, en sus modos desenfadados…

Más de Mandy. De toda ella.

¿Cuánto hacía desde la última vez que había sentido aquellos labios carnosos, acogedores sobre su piel?

Más de diez años.

Dios… ¿Cómo había podido pasar diez años sin eso?”

Capítulo  15 (extracto).

© Patricia Sutherland.

Bombón, la más sensual de la serie Sintonías. 

Disponible en papel y en todos los formatos digitales.

Bombón, ebook.

Pack Sintonías, tres novelas románticas

Bombón, libro impreso.

 

La nueva novela de Patricia Sutherland: ¿y qué tal un bocadito romántico para ir abriendo boca?

Extracto de la nueva novela de la autora romántica Patricia Sutherland, de la que solo se conocen dos cosas: quiénes serán sus protagonistas, y que será muy, muy romántica.

Suficiente, diría yo ;)

¿Estás lista para ver a mis chicos en acción? ¿Sí? Pues, entonces, vamos allá… (haz clic en el enlace, se abrirá otra página con el enlace; pínchalo otra vez)

                La nueva novela de Patricia Sutherland - Extracto

¿Qué opinas? ¿Crees que esta parejita tiene futuro? ¿Que Evel conseguirá deslumbrar a Abby hasta el punto de que llegue a plantearse cómo pudo estar enamorada de Dakota alguna vez?

¡Ahhh, habrá que verlo, ¿no?! ;)

 

Amigos del alma de Patricia Sutherland. Extracto.

“… Jason la retuvo por un brazo.
—Gillian no es eso para mí. Ni yo para ella.
—¿En serio? ¿Y por qué? ¿Porque nunca la has tocado? —[Victoria]lo miró desafiante—. Suponiendo que sea cierto, debe ser lo único en lo que todavía no “os lo pasáis de miedo juntos”… En todo lo demás, sí. Para ti, Jason, nadie se compara a Gillian.
—¿Suponiendo? —replicó él, ofendido por la insinuación que le parecía lisa y llanamente un insulto—. Por descontado que es cierto. Ella no es como tú ¿sabes? Distingue perfectamente con quien se lo pasa bien y con quien se enrolla. Y conmigo, solamente se lo pasa bien.
—Exacto. ¿Nunca te has preguntado por qué hemos sido miles en tu cama y ninguna en tu vida? —él la miró con furia contenida—. Por eso. Porque no somos ella. …”

Amigos del alma, Sintonías 3.

Una historia de almas gemelas.

Una gran mujer que se ha hecho a sí misma, un hombre hecho a su medida, la historia de amor que inspiró la serie Sintonías…

Amigos de alma – Edición 2012
Sintonías, 3
Disponible en PAPEL y en Kindle, por supuesto, a través de todos los mercados de Amazon.

Enlaces a tiendas, primeros capítulos y más, aquí:

Jera Romance, novelas románticas diferentes.

Bombón de Patricia Sutherland. Extracto.

“…Jordan no respondió. Cada vez que la miraba, perdía la noción de todo. Desde la noche anterior, cuando había vuelto a sentir el contacto de su boca caliente, la firmeza de su cuerpo, todos sus sentidos estaban completamente despiertos. Atentos a cada gesto, a cada mensaje, a cada movimiento. No podía dejar de mirarla. Ni podía dejar de sacudirse interiormente. Esos besos de Mandy habían agitado tanto sus sentimientos como sus emociones. Habían sacudido un amor que, aletargado, esperaba en un rincón de su corazón, y habían encendido un deseo básico, primario, que también dormía en su sangre. Y ahora, rugía…”

Bombón de Patricia Sutherland

Una mujer muy temperamental y muy, muy rebelde, un hombre paciente y arrebatadoramente tierno…

Bombón, la más sensual de Sintonías. Tres excelentes reseñas en la blogosfera. Nueve valoraciones de cinco estrellas en Amazon.es.

Disponible en PAPEL y en Kindle, por supuesto, a través de todos los mercados de Amazon.

Enlaces a tiendas, primeros capítulos, reseñas y más, aquí:

Jera Romance, novelas románticas diferentes.

Princesa, un recordatorio y un bocadito para el gusanillo romántico

A poco más de dos semanas para que comience el “pase privado” de Princesa, creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que estoy de los nervios :)

Hace casi un año que publiqué los primeros extractos de esta novela romántica, y entonces, claro, no podía imaginar que pasarían tantos meses antes de que pudiera ver la luz. Como seguro imaginarás, se me ha hecho interminable. Pero bien está lo que bien acaba, y en este caso la alegría vale el doble porque a la satisfacción de plasmar en papel una historia que sólo vivía en mi mente, se suma la forma en que Princesa se dejará ver, de principio a fin, solamente ante treinta lectoras, como tú, a modo de regalo de Navidad. ¡Cómo disfruto con las sorpresas! Cada vez que lo pienso, mi sonrisa va de oreja a oreja…

Pero, como decía al principio, todavía quedan unos días para que  Jera Romance publique los dos primeros capítulos abiertos a lectura -y por tanto, para que yo pueda enlazarlos desde aquí-, así que hoy te traigo un recordatorio y un bocadito de Princesa para contentar al gusanillo romántico, ¿vale?

Primero, el recordatorio.

El enlace de inscripción para el “preestreno” de Princesa aparecerá en el próximo número del boletín de Jera Romance que sale el próximo sábado (11 de diciembre). ¡Todavía estás a tiempo de participar! Si no estás suscripta al boletín, puedes hacerlo aquí.

Y ahora, el bocadito :)

¡Que lo disfrutes!

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“…Londres le gustaba. Especialmente, tras un buen aguacero como el que había despertado aquella mañana, que la había obligado a posponer su sesión diaria de footing hasta bien entrada la mañana. Aquellos chaparrones limpiaban la atmósfera habitualmente cargada de la ciudad y llenaban el aire de aquel aroma tan refrescante… que casi se olvidaba del otro inconveniente inevitable… La ráfaga húmeda interrumpió los pensamientos de Tess, y añadió diminutos lunares color barro a su inmaculado conjunto rosa.
Casi se olvidaba, sí… Hasta que algún conductor desconsiderado le recordaba las desventajas del Londres lluvioso.
Y no se trataba de cualquier conductor, observó trás recuperarse de la sorpresiva ducha y ver que el vehículo -una moto roja que le era muy familiar- torcía a la derecha pocos metros más adelante, en la entrada de garaje de la casa de los Taylor, sin hacer el menor ademán de ofrecer una disculpa. Era como si no se hubiera percatado de que la había salpicado.
O como si no le importara…
—¿Pensando en las musarañas? —oyó que Dakota le decía cuando ella pasó frente a su casa. Lo escuchó perfectamente a pesar de que, como era habitual cuando salía a hacer deporte, llevaba su Ipod conectado.
Él se había quitado el casco, y continuaba sentado sobre la moto, acelerándola por momentos, y la seguía con una expresión en su mirada que dejó claro sus intenciones.
O como si lo hubiera hecho ex profeso, el muy canalla.
Tess se limitó a volver la vista al frente, y recorrer los escasos dos metros que la separaban de su casa. Entonces, ante la persistente mirada de Dakota que no la abandonó en ningún momento, ella abrió la portezuela roja y continuó camino por el sendero de laja.
El tejido elástico rosa se ajustaba a la figura femenina como un guante. La parte superior era como una camiseta con mangas muy cortas y un escote amplio, y la inferior del estilo de las bermudas de ciclista.
Estaba muy buena, concluyó Dakota tras una minuciosa inspección, que no le permitió calcular el tamaño real de sus delanteras -el body las achataba-, pero sí las cualidades de su trasero; macizo y respingón pedía a gritos un buen sobeo.
—Está chulo el conjuntito —volvió a decir él, en un intento de que ella dejara de morderse la lengua y lo enfrentara. Tess giró la cabeza y lo miró como por casualidad. Él le regaló una sonrisa ladeada, y añadió—: Muy tentador.
¿Tentador? Una carcajada estuvo a punto de delatarla, que consiguió reprimir en el último instante. No podía creer el descaro de la criatura. Aquello era inédito. Simple y llanamente, increíble.
Y además, continuaba mirándola desde su moto. Se había inclinado hacia adelante, y apoyado los codos sobre el manillar, como si hubiera decidido ponerse bien cómodo. Había desafío en su mirada, sí, pero también expectación. Él no sólo quería molestarla, quería que ella respondiera al desafío.
Pues, sería una expectativa vana.
Tess se encogió de hombros y se señaló el oído derecho -el que él podía ver-.
Dakota no tuvo ningún problema en reconocer el cable blanco del MP4.
Tampoco el inconfundible hormigueo que le recorrió la espalda cuando ella cerró la puerta tras de sí, ignorándolo completamente…”

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© Patricia Sutherland

Novela romántica Bombón, la más sensual de Sintonías. Extracto, 2º parte.

Aquí tienes la segunda parte del extracto que publiqué la semana pasada. Si no has tenido ocasión de leerlo, éste es el enlace de la entrada, que te recomiendo que leas no sólo por cuestiones de cronología, sino también porque contiene un resumen de la novela y algún comentario mío que te ayudará a ponerte en situación.

Espero que disfrutes de su lectura, y con ellas me despido hasta septiembre, deseándote que tengas un verano fenomenal.

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Bombón, extracto – 2ª Parte

Las cosas todavía seguían algo tirantes entre los dos cuando llegaron al Beer & Wine con Gillian, Jason y Mark, pero después de un par de partidas de billar y algunas risas con Jason, de a poco, Mandy se relajaba.

Jordan la conocía bien y sabía que lo peor ya había pasado: volvían a estar juntos, y aunque quedaba mucho por delante, para él era motivo suficiente para la sonrisa encantada que tenía desde hacía horas, que no se le quitaba con nada.

—Ya me he enterado de que has hecho un negocio redondo —empezó Mark, picándolo—. Aunque la verdad, pensé que habías vuelto por ella, no por la pasta.

Jordan le echó una mirada irónica. —¿Qué crees que pensaría si acepto trabajar como un cabrón por el mismo dinero?

Mark sonrió, divertido. —Me gusta tu técnica, tío. A ver si funciona…

Jordan volvió a mirarlo. Esta vez no contestó. Y no hizo falta. El mensaje era claro.

Funcionaría.

 

* * *

 

Aquel hombre llevaba diez minutos dándole conversación. Estaba con Mandy antes de que Jordan fuera al lavabo y cuando salió, aún continuaba allí. Así que en una reacción nada habitual, Jordan descubrió que sus pies habían decidido, sin consultarle, dirigirse a la barra. Y allí estaba, plantado delante de Mandy y aquel individuo, a segundos de tener que abrir la boca para decir algo, y sin la menor idea de qué.

—No te conozco. ¿Quién eres?

Su mente tampoco le había consultado aquello antes de ordenarle a su boca que lo dijera. Pero ya estaba dicho. Mandy sintió una súbita necesidad de apartar la mirada y bajar la cabeza.

—Yo… le pedía un autógrafo —atinó a decir el larguirucho rubio que estaba junto a Mandy.

Jordan asintió. Se estiró, cogió una servilleta de la barra, sacó una estilográfica de su bolsillo y le dio ambas cosas a Mandy.

—¿A quién la dedico? —preguntó ella intentando aguantar la risa mientras se preparaba, estilográfica en mano, para estampar su firma sobre la servilleta.

—Peter —contestó el interesado.

Mandy garabateó un autógrafo dedicado que Jordan se encargó de entregar. —Autógrafo. ¿Algo más?

Peter se despidió rápidamente y tan pronto se alejó, Mandy soltó la risa mirando a Jordan con incredulidad.

—Era inofensivo —dijo, coqueta.

—Tú no.

Ella se apoyó contra la barra y se cruzó de brazos.

—¿Y eso? —preguntó con expresión divertida.

Jordan se colocó junto a ella, y la miró con ternura. —Y eso ¿qué?

—¿Qué quieres decir con eso de que “no soy inofensiva”?

—Como si no lo supieras…

—Es que no lo sé —insistió ella.

—A la hora de flirtear eres más peligrosa que mono con escopeta — Jordan miró de reojo al del autógrafo que había regresado con su grupo de amigos—. Rubio. Alto. Buen lomo. Cinco minutos más, y te lo habrías ligado —volvió a mirarla—. Y esto es Camden. Aquí no puedes ligarte a un tipo en el Beer & Wine y enrollarte con él. Mañana aparecería en primera página.

Como era habitual en aquel vikingo, y aunque en este caso concreto se equivocara, hablaba con conocimiento de causa. Mandy cogió su botellín de cerveza sin alcohol, pero Jordan se lo quitó de la mano, sirvió un poco en la copa y se la ofreció después de dejar el envase sobre la barra.

Jordan estaba en lo cierto. En otra época, Mandy lo habría hecho. Enrollarse con el hombre del autógrafo. Sin pensárselo dos veces. En ésta, sólo coqueteaba. En ningún momento se le había cruzado por la cabeza nada más.

—El día que discutimos, dijiste… —Mandy hizo una pausa y lo miró—. Me llamaste… Bueno, no lo dijiste, pero casi. ¿De verdad piensas eso?

Jordan respiró hondo. Sabía que algún día el tema volvería a salir, pero no esperaba que fuera tan pronto.

—Me mataba verte tan hecha polvo…

Mandy esbozó una media sonrisa violenta. —Pero no dijiste eso. Dijiste otra cosa.

—Ya.

Había dicho algo completamente distinto. Estaba loco de celos.

—No me gusta esa parte de ti —admitió, finalmente. Mandy asintió y apartó la mirada—. Es una idiotez porque es exactamente lo que hacemos los tíos… No debería molestarme. Y si me dices que soy un cabrón hipócrita que te suelta monsergas a ti y luego hace lo mismo, tendré que aguantar… Pero soy hombre, sé lo que piensan cuando se levantan de tu cama, y sé lo que dicen… Y me molesta un montón que seas tú de quien lo dicen. Me saca de quicio.

Mandy se bajó del taburete y recogió las bebidas para llevarlas a la mesa. Se sentía tan incómoda que por momentos no parecía ella. ¿Desde cuándo que la censuraran le preocupaba? Se irguió y se colgó su mejor sonrisa.

—Eres un cabrón hipócrita —le dijo, desafiante.

Jordan sonrió.

—¿Le has aclarado a tu barbi que como me tope con ella van a tener que reconstruirle los implantes? —continuó Mandy mientras empujaba tres cervezas contra el pecho de Jordan, indicándole que las cogiera.

—Pena —replicó él, seductor—. Está como un queso.

Mandy le echó una mirada llena de ironía y se alejó con el resto de las cervezas sin hacer el menor comentario.

Sobraban las palabras, estaba claro.

Jordan bajó la cabeza para ocultar que sonreía.

¿Como un queso? ¿Y se lo había dicho al bombón de Amanda Brady?

Tendría que aprender a contar mentiras más creíbles.

 

Bombón, capítulo 10 (extracto)

© Patricia Sutherland

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Bombón, Sintonías 1. Disponible en formato impreso y digital aquí.

 

 

Novela romántica Bombón, la más sensual de Sintonías. Extracto, 1º parte.

El calor ya está aquí, al fin, después de un invierno largo y una primavera mucho más inestable de lo habitual. Para mí es señal de que ha llegado la hora de apagar el portátil y recargar su batería, ¡y la mía!

Tenía planificadas dos entradas, de esas que ofrecen información útil que a mí tanto me gustan, pero he decidido dejarlas para la vuelta de vacaciones. Después de todo, es verano y lo que apetece es tumbona y relax ¿o no?

Así que he pensado ¿y qué tal si complemento tu bucólico descanso veraniego con un par de entradas que en vez de útiles, sean entretenidas?
Me refiero a “románticamente” entretenidas, claro.

El extracto que publicaré en dos partes corresponde a la primera de la serie Sintonías, Bombón. ¿Qué puedo decirte de ella? Bueno, además de ocupar el primer lugar de publicación -con lo importante que son los comienzos-, es la que tiene el mayor nivel de erotismo y también la que confiere el carácter de serie a Sintonías, ya que la apasionada relación de Mandy y Jordan continúa creciendo y consolidándose en la segunda y la tercera entrega. Es romántica, sensual, con una pizca de pimienta y bastante ternura… O sea, es el tipo de historia que me encanta leer, sólo que en este caso la he escrito yo :-)

Con un trocito de ella te dejo, entonces ¿vale?
 

Bombón. Resumen:

Mandy y Jordan son amigos desde niños. Pudieron haber sido novios adolescentes pero él, incomprensiblemente para Mandy, no acudió a la cita. Ahora ella tiene 26 años, es una cantante famosa, y Jordan, además de su amigo es su Manager.

Pero desde hace dos años Mandy se rodea de malas compañías, alimenta a la prensa sensacionalista con escándalos frecuentes y no atiende a razones. Una noche, Jordan, que secretamente está enamorado de ella, la encuentra en su suite del hotel compartiendo cama con el licencioso vocalista de una banda de rock y decide marcharse: ya no soporta verla vivir así. Cuando Mandy quiere darse cuenta, Jordan se ha ido y su vida es un desastre.

Siguiendo el primer consejo que ha aceptado en años, vuelve con los suyos y nuevamente rodeada de su afecto, Mandy toma conciencia de la realidad: nunca ha querido una vida lejos de los suyos; ha vuelto a casa casi huyendo, esquivando a la prensa, contando mentiras a su equipo, después de cancelar dos meses de actuaciones con la excusa de una enfermedad que no ha precisado, pero más tarde o más temprano va a tener que volver a las giras, a los hoteles, a las interminables sesiones promocionales… Solo que ahora no se siente capaz de hacerlo sin Jordan.

Para Jordan, irse fue un intento de pasar página tan desesperado como inútil: cada vez más atrapado en la red de un amor no correspondido, ya no sabe qué hacer. Pero al tiempo, cuando vuelven a verse y Mandy, inesperadamente, se muestra arrepentida por lo ocurrido y poco después reacciona tan mal al comprobar que él ha asistido con una amiga a la entrega de premios en la que ella es una de las nominadas, se enciende una pequeñísima luz de esperanza…

¿Son celos? ¿Qué significan en alguien como Mandy? ¿Qué posibilidades tiene de enamorar a esa mujer desinhibida y arisca, que cambia de acompañante como de zapatos, cuya relación más larga duró apenas una semana?

Intentar olvidarla no resultó.

Jordan decide que es hora de cambiar de estrategia…

~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

Y ya lo creo que lo hace. Jordan es un gran estratega -¡me sorprendió hasta a mí!-, pero Mandy es imprevisible, apasionada; una mujer de armas tomar.
¿Qué resulta de la interacción de un tipo muy listo (pero muy enamorado) y de una mujer rebelde que vive la vida apasionadamente, sin ataduras?
Pues, lo dicho: mucho entretenimiento… Romántico, claro :-)

 ~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

Mandy llevaba varios días sin saber de Jordan y se sentía rara. Se habían despedido el lunes por la mañana con un “hablamos ¿sí?”. Él había regresado a Nashville.

Y no habían hablado.

Él no la había llamado.

En otras circunstancias no le habría importado tanto, pero ahora…

Mandy se subió a la tranquera y se sentó sobre el listón de madera, con las piernas colgando hacia adentro. El predio de adiestramiento estaba vacío. A lo lejos, se veían luces en el pabellón de los peones. El sol se había ocultado hacía un rato y las faenas del día habían acabado.

Después de darle mil vueltas, el miércoles ella se había decidido y lo había llamado. Nadie había contestado. Tampoco había saltado el buzón de voz. Desde entonces habían pasado tres días, y continuaba sin saber nada de Jordan.

Mandy se subió el cuello del abrigo. Se estaba quedando helada. ¿Qué hacía allí con semejante frío? Bajó de un salto y retomó el camino que llevaba a la casa.

Estaba insorportable. No se sentía ella misma. Pasaba el día ociosa, incapaz de concentrarse en nada más de cinco minutos, y con sus pensamientos volviendo una y otra vez sobre el mismo tema; Jordan Wyatt. Él le había dicho que “se moría por volver con ella”, pero ni había aceptado su nuevo proyecto aún, ni estaba con ella.

Estaba en Nashville.

Seguramente disfrutando de la compañía de su barbi de apellido ilustre.

Y no la había llamado.

Ni siquiera le había devuelto la llamada.

Mandy meneó la cabeza, disgustada. ¿En qué situación estaban? Necesitaba saberlo de una vez. Ya no soportaba continuar así. Respiró hondo cuando comprendió que estaba a punto de saberlo; el hombre que aparcaba frente al jardín, era él.

Mandy se irguió, y avanzó hacia el coche como si no tuviera un nudo en el estómago. Avanzó con su sonrisa despreocupada, ignorando las sensaciones que últimamente se adueñaban de su cuerpo cada vez que lo veía.

Eran intensas y raras. No podía clasificarlas. En realidad, no se animaba a hacerlo. Así que jugaba a ignorarlas.

Pero seguían allí, y eran las mismas: boca inesperadamente seca, latidos que retumbaban en sus oídos… y un montón de nervios que no sentía ni cuando estaba en el escenario frente a diez mil personas.

—Si vienes a cenar, es pronto… —dijo Mandy, apoyándose contra el Corvette, junto a la puerta.

Él sonrió y se dedicó a sacar abrigo y maletín bajo la persistente mirada femenina que le pasaba revista.

Jersey negro de cuello alto. Botas negras cortas. Tejanos de muerte. Imponente como siempre, pero demasiado sport para Jordan.

—¿Es el estilo Nashville? —preguntó ella, con ironía.

Jordan cerró el maletero. —Es el estilo mudanza. Lo mejor para ponerse de mierda hasta arriba embalando una casa, son unos tejanos y un jersey negro. También valen para hacer seiscientos kilómetros por carretera…

“Así que has vuelto a Camden”, pensó Mandy y se obligó a no mover ni un músculo de su cara.

—¿Entramos? —invitó Jordan.

—¿”Entramos”? —Mandy se incorporó, puso las manos en los bolsillos de su abrigo y lo miró irónica—. ¿Es que vienes a verme a mí?

Jordan sonrió. —Tenemos un tema pendiente, sí.

—Bueno… Supongo que si ha esperado una semana, es que no es urgente ¿no?

Mandy pasó junto a él y se dirigió a la casa. Entró y dejó la puerta abierta. Jordan la siguió intentando mantenerse serio y no soltar la risa. No quería enfadarla más de lo que estaba. Entró y cerró la puerta tras de sí.

—Tenía que analizar bien lo que me propusiste, Mandy… No es tan fácil como a ti te parece que es.

Ella estaba al pie de la escalera cuando él habló, y se revolvió.

Menudo imbécil.

—¿Tengo cara de idiota? —regresó sobre sus pasos, y se plantó delante de Jordan, mirándolo rabiosa—. Mira, niño… Si me dices que hablamos, me llamas. Y si ves mi llamada perdida, me la devuelves. Quiero que seas tú, Jordan, pero no pienses ni por un segundo que te voy a dejar jugar este juego conmigo. Vuelve a pasar de mí, y me abro. ¿Está claro?

—No pasé de ti…

Mandy no sólo lo interrumpió, dio un paso más y lo enfrentó. —¿Está claro, o no?

Él la miró con ternura y al final asintió.

—Bien —replicó ella—. No voy a hablar de negocios hoy, así que si has venido a eso, puedes irte.

Jordan la vio volverse sin más y subir la escalera hacia la primera planta. Entonces, las palabras de Jason sobre lo que funcionaba o no funcionaba con una mujer, volvieron a su mente. Cada segundo que pasaba tenía más claro que con esta mujer, no funcionaría. Había sido un error no devolverle la llamada. Jordan asintió. Sí, había sido un error que no volvería a cometer.

En la cocina, Mark y su padre se miraron divertidos. Mandy había sacado las uñas. Los siguientes capítulos de la historia “Jordan & Mandy” prometían ser apasionantes.

Cuando Jordan entró, las miradas hablaban por sí mismas. Pero por si cabía alguna duda, John se lo aclaró.

—Mandy 1, Jordan 0 —le dijo palmeándole el hombro con cariño—.Ven, come algo y repónte para el siguiente asalto.

Jordan se sentó a la mesa sonriendo violento, y se dispuso a recuperar fuerzas con un trozo de la mejor torta de queso y moras del país.

Para vérselas con Mandy, desde luego, le haría falta.

 

* * *

 

Mandy no habló de negocios aquel día. Ni el siguiente. No fue hasta el domingo después de comer, cuando Jordan volvió a intentarlo por quinta vez en tres días y el muro cedió.

Mientras el resto de la familia miraba televisión en el salón, Mandy escuchaba la exposición de Jordan en la cocina, con la vista fija en su pocillo de café.

Seguía enfadada. Y seguía celosa.

Celosa de que hubiera corrido a darle explicaciones a su barbi, y a ella la hubiera tenido una semana esperando una decisión. Y lo peor de todo era que admitir que estaba celosa la enojaba mucho más que todo lo demás. Porque los celos no podía controlarlos. Los sentía. No los había sentido en la vida antes, y no sabía cómo manejarlos.

—Las seis fechas que tienes en diciembre son impepinables. Si no cumples, te va a costar un montón de pasta, así que yo te aconsejo que actúes. Año nuevo, vida nueva. Y con la discográfica… las actuaciones comprometidas ya están cumplidas, aunque en algún momento del año tendrás que volver a entrar en estudio con un álbum nuevo y habrá que negociar las actuaciones promocionales, pero eso se verá en su momento… Estuve echando un vistazo a los festivales. Varios coinciden mes, así que va a haber que montarlo muy bien, si no vas a acabar de cama…. Las actuaciones en ciudades más pequeñas se pueden coordinar en relación a los festivales. Con tus actuaciones especiales para fans, lo mismo… Creo que puede funcionar —Jordan estiró las piernas, bebió un sorbo de café—. Va a ser una pila de trabajo y engranar las cosas muy bien, pero puede funcionar bien…

Miró a Mandy. Ella seguía con su vista fija en la cucharilla con la que removía el café, algo ausente.

—Vas a tener que modificar un poco tu imagen —continuó Jordan al ver que ella no decía nada—. Tejanos, Mandy. Ropa más normal. No quiero tener que estar sacándote vaqueros salvajes de encima…

Los ojos femeninos se llenaron de una mezcla de vanidad y rabia.

—Me los vas a tener que quitar de encima igual. Lo que les gusta no es mi ropa.

Cierto. Como para que no les gustara…

—Tejanos, Mandy —repitió masculino. Hizo una pausa y añadió—. Y un cinco por ciento más.

La mirada de ella se desplazó del pocillo de café a los ojos de él, desafiante.

—Vaya… —se recostó contra el respaldo de su silla y se cruzó de brazos—. Eso es un montón de dinero, ¿sabías?

 

En aquel momento Mark se disponía a entrar en la cocina, pero se detuvo. ¿Cinco por ciento más? Sonrió divertido y se apoyó junto al marco de la puerta a ver qué contestaba Mandy.

 

—Tu proyecto es un montón de trabajo.

Mandy continuó mirándolo, desafiante. Así que no había vuelto con el rabo entre las piernas…

Está bien, sabes lo que vales. Me gustas, chico.

—Por un cinco por ciento más, te voy a querer pegado a mi sombra las veinticuatro horas del día. Todos los días.

—Dieciséis —puntualizó él—. No voy a dormir contigo.

Mandy sonrió. Jordan también; era la primera sonrisa auténtica que veía en aquel rostro hermoso, en tres días.

—Encárgate de que tus chicas lo sepan, ¿vale?

Había dicho “chicas”, pero quería decir “barbi de apellido ilustre”. Jordan leyó entre líneas.

—Ya lo saben —contestó, masculino.

 

Mark se frotó las manos y volvió al salón a compartir las noticias.

 

Mandy asintió y se puso de pie. Jordan la miró mientras se alejaba hacia el salón, con las manos en los bolsillos de los tejanos.

Sus ojos como siempre desde hacía años, la recorrieron. Desde aquella melena rizada que le cubría hombros y espalda, a través de unas curvas de vértigo que no conseguía disimular ni aunque se pusiera un jersey dos tallas más grande como el azul que llevaba… Hasta las deportivas, en sus pies, resultaban sexy.

Es que era sexy. Toda ella. La mujer más sexy del planeta.

Dieciséis horas por día con Mandy. Siete días a la semana.

Dios.

 Bombón, capítulo 10 (extracto)

© Patricia Sutherland

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Bombón, Sintonías 1. Disponible en formato impreso y digital aquí.

 

Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 2ª parte.

Ésta es la segunda parte del extracto que publiqué la semana pasada. Ambos corresponden al capítulo 18 de la novela. Si no has tenido ocasión de leerlo, échale un vistazo al post: allí encontrarás también sinopsis y otra información que te ayudará a ponerte en situación :-)

¿De acuerdo? Entonces, empecemos…

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Amigos del almaTan pronto Victoria y compañía desaparecieron de la vista, Gillian liberó su mano.

La próxima vez que quieras marcarte un farol, búscate a otra… ¿vale?

Quería estar enojada, que su voz sonara molesta. Pero era consciente de que ni parecía enojada ni sonaba molesta. Le había gustado que pusiera a distancia a esa mujer. Y también, la idea de que tal vez estuviera pensando quedarse en Camden.

No era un farol —contestó él de lo más natural, y tiró el cucurucho vacío a la papelera.

Gillian se volvió a mirarlo.

¿A no? —paró en seco delante de él—. Le hiciste creer que estabas conmigo y no estás conmigo, Jason.

Él avanzó un paso más, le rodeó el cuello en un abrazo holgado más desafiante que sugerente y la miró desde sus alturas, provocativo.

Sí que estoy contigo. Es lo que quiero. Lo que te pedí hace un siglo. Que sigas pensándotelo no cambia nada.

Gillian sonrió igual de desafiante. —Como no me saques las manos de encima, te voy a patear el culo.

¿Tú solita? —Jason sonreía.

Y no se movía.

Gillian bajó la vista y cuando volvió a mirarlo no había rastro de sonrisas en su cara.

No soy Victoria. El día que quiera que me toques, no me voy a insinuar. Te lo voy a pedir, sin más.

Los ojos de Jason descendieron lentamente a sus labios. Se quedaron ahí unos segundos que a ella le parecieron eternos. Al final regresaron a sus ojos.

Y… ¿eso cuándo va a ser?

No había acabado la frase que a Gillian un escalofrío la hizo estremecer, recordándole lo vulnerable que era. Especialmente, cuando él tomaba la iniciativa así.

Suéltame, Jason.

“Ay, niña, cómo me pones” pensó mientras se apartaba de forma ostensible con una sonrisa radiante que a ella le sentó como un tiro.

No juegues a este juego, Jay. Se nos va a escapar de las manos y hay cosas importantes por medio.

Por supuesto que jugaría a ese juego.

Y todos los que hicieran falta hasta encontrar la manera de que a ella las cosas se le escaparan de las manos. Y por lo pronto iba a llevar el juego un poquito más allá, a ver qué tal lo aguantaba.

Jason echó un vistazo a los demás. A pocos metros de allí, hacían que charlaban pero no se perdían detalle. Necesitaban escabullirse un rato.

Ven, demos un paseo —dijo ofreciéndole su mano que ella, naturalmente, no tomó. La sonrisa de él se hizo más grande cuando se dispuso a iniciar la maniobra de distracción—. Cógela, no hundas mi reputación delante de esos cotillas.

Qué listo era… Ella meneó la cabeza. Lideró el camino sin coger su mano, mirando a otra parte para esconder la sonrisa.

¿Qué? —dijo al rato, espiándolo por el rabillo del ojo—, ¿vamos a tener otra conversación trascendental?

Él la miró feliz. Sonaba tanto a la Gillian de siempre…

No sé, ¿quieres? Hoy no estoy muy trascendenal que digamos.

¡Alabado sea Dios! —replicó ella risueña, en un suspiro.

Él también empezaba a sonar como su amigo del alma.

Al oírla, Jason se detuvo sin darse cuenta.

¡Cómo echaba de menos ésto!

Se apoyó contra una de las columnas de madera que bordeaba el sendero curvo, para disfrutar a gusto ante la mirada sorprendida de ella.

Joder, Gill… ¿Dónde te habías metido?

Ella se encogió de hombros. Era largo y complejo de explicar y además, a estas alturas, importaba poco. En realidad, cada día importaba menos.

Jason se cruzó de brazos. Fue una jugada premeditada. Y ella, aunque lo sabía, siguió cada movimiento con la misma atención que había seguido todo lo relacionado con él durante años.

Pero con un interés distinto, claramente sensual.

Si no aflojas el lazo, se va a romper —dijo él. Gillian clavó los ojos en el suelo cuando el corazón empezó a darle martillazos en las sienes—. Te necesito, Gillian ¿entiendes lo que digo?

Dios, sí. Claro que lo entendía. Ella lo miró con los ojos brillantes.

¿No decías que no estabas trascendental hoy?

En otra jugada premeditada él respiró hondo, hinchando el pecho. Los ojos de ella siguieron el movimiento de esos pectorales increíbles que parecieron duplicar el tamaño cuando él insufló aire en los pulmones.

Eres muy inteligente —dijo, seductor—. Y me conoces bien, así que sabes que te estoy marcando al cuerpo. Y que voy a tumbarte.

Sí, lo sabía pero eso no evitó la descarga brutal que la sacudió al oírlo.

Y los dos sabemos que aunque te lo pienses otros mil años, solamente tienes tres opciones. Aceptarlo y decidir momento y lugar. Quedarte a ver cómo te tumbo y en ese caso, el que decide soy yo. O —procuró que su voz siguiera firme—, pedirme que vuelva a Dallas.

También lo sabía y justamente por esa razón había intentado mantenerlo a distancia con la esperanza de que eso lo enfriara. El efecto, en cambio, había sido al contrario. Lo que confirmaba que para mal o para bien, él iba en serio.

O creía que era así.

Pero eso no cambiaba el clima en su interior: estaba aterrada de dónde les conduciría ese camino. Y seguía necesitando tiempo. Y sí, también echaba de menos a su Jason.

Ella también lo necesitaba.

Gillian suspiró, se ajustó la coleta ante su mirada expectante y lo miró sonriente.

Si sigues entrenando así, vamos a tener que agrandar el hueco de las puertas. ¿En qué pensarás que te inspira tanto?

Él sonrió, todo vanidad.

“Quién sabe”, contestó.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.

Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 1ª parte.

Me gusta escribir artículos sobre temas variados como los que encontrarás si echas un vistazo al archivo de esta página, y sin duda, en los casos en que es necesario documentar y buscar referencias, me siento a mis anchas. Peeero, soy escritora de novela romántica, y de vez en cuando, me tienta la idea de publicar extractos…

Y como ves, no hago el menor esfuerzo por resistirme a la tentación.

Cuando tengo el “gusanillo romántico”, siempre pienso en escenas con las que disfruté de manera especial mientras las escribía. Es el caso del siguiente extracto, que aunque pertenece al mismo capítulo, publicaré en dos entradas distintas. Lo hago así porque el cuerpo central de la página es angosto, y el post resultaría demasiado largo.

Entrando en materia, así como en su momento comenté que mi protagonista masculino preferido de la Serie Sintonías es el que aparece en Primer amor, ahora diré que, sin ninguna duda, la historia que más me gustó escribir es ésta, Amigos del alma, a la que pertece el extracto, cuya primera parte publicaré hoy. Por muchas razones, es una novela muy especial para mí, pero no te preocupes, que no me enrollaré con eso ahora :-)

Para ayudarte a que centres el tema, aquí tienes la sinopsis:

“Cuando le preguntaron a Jason Brady, el flamante entrenador de Los Tigres de Arkansas, si consideraba que haber conseguido ensamblar un buen equipo en tiempo récord, y mantenerlo en buena posición -a pesar de la plaga de lesiones que sufren desde el primer partido-, era el logro más peleado de su vida, él contestó con su sonrisa seductora y su talante de ganador: “No, hombre… Mi logro más peleado fue que mi chica me dijera que sí”. Cuentan que la sala de prensa estalló en carcajadas: además de su gran sentido del humor, hasta los cronistas hombres admiten que no es, precisamente, del tipo al que las mujeres le dicen “no”. Pensaron que había sido una broma, una al mejor estilo Jason Brady.

[…]Todas las personas con las que he hablado coinciden en una cosa: Jason y Gillian son como dos gotas de agua… Pero lo que los distingue de otras grandes amistades, es que al parecer mantienen una especie de conexión mágica que los fortalece y los complementa, y es un atributo exclusivo de las almas gemelas.

[…]¿Cómo pasan dos personas de ser carne y uña, los mejores amigos durante más de una década, a convertirse en pareja sentimental?

¿Qué circunstancia tan especial, nueva y determinante puede llevar a dos personas que han mantenido un nivel de comunicación tan profunda, a estrechar lazos?

Bueno, lo que el entrenador Brady dejó claro con su comentario en la sala de prensa es que, a) no fue fácil; b) no fue sincronizado; y c) fue él quien puso el balón en movimiento…”

Diane Lilly, Glam Magazine.

Jason Brady y Gillian McNeil son…

Amigos del alma, una historia de almas gemelas.

Y para que puedas ponerte en situación, te cuento en tres frases qué ha traído a mis personajes a las circunstancias que narra el extracto:

Un suceso inesperado hace que Jason se dé cuenta de la verdadera naturaleza de lo que siente por su amiga del alma, y con la seguridad que caracteriza todos sus movimientos -dentro y fuera del terreno de juego-, “pone el balón en movimiento”. O sea, abre la caja de los truenos. Ni siquiera se le cruza por la mente que Gillian le ponga pegas; después de todo, es una mujer, y a él, las mujeres nunca le dicen que “no”.

Pero Gillian, cuyo sentido común es tan grande como la vanidad de Jason, no le permite siquiera acabar de explicarse: cierra la caja de los truenos de un golpe seco, coloca en el fondo del freezer la amistad cómplice que hasta entonces compartían, y las cosas se tornan realmente difíciles para el mejor quarterback de la liga…

Ahora sí, te dejo con el primer extracto “inédito” de Amigos del alma.

Que disfrutes de la lectura, y hasta la próxima.

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Amigos del almaDomingo, 11 de junio de 2006

Riverfront Park,

Little Rock, Arkansas

Jason conocía a Gillian muy bien. Sabía que lo iba a poner bajo la lupa, estudiando cada uno de sus movimientos, pasando cada palabra y cada gesto por su trampa caza-ligones hasta que tuviera la certeza de que no había incoherencias. Y que sólo entonces, consideraría su propuesta seriamente. Y firme seguidora de la cultura “slow” como era, Jason también sabía que el proceso podría tomar… Sólo Dios sabía cuánto.

Contaba con eso.

La cuestión era que si la flamante vivencia del amor era estremecedora para cualquier primerizo, para un hombre caliente como él, estaba resultando una experiencia límite: amor y deseo corrían una carrera loca, con el pedal a fondo y la adrenalina subiendo imparable, convirtiéndolo, literalmente, en una bomba de tiempo.

La distancia que ella imponía tácitamente, lo esquiva que seguía siendo con él, no hacían más que hostigar su sangrante ego, avivando a su vez, una pasión incendiaria que él intentaba controlar de la única manera que podía; a golpe de entrenamiento. En circunstancias normales, ella se habría dado cuenta y puesto remedio, o al menos, paliativo. Gillian también conocía a Jason muy bien. Pero él tenía toda la impresión de que, concentrada en diseccionarlo bajo el microscopio, no se daba cuenta de que en la retaguardia, su resistencia estaba a punto de capitular.

La necesitaba desesperadamente. A la amiga tanto como a la mujer.

Sin ella ya casi no podía ni respirar.

Jason volvió a echar un vistazo por encima del hombro.

Gillian seguía de pie junto a unas atracciones conversando con Mandy. Para variar, ni lo miraba. Y él, para variar, tenía que programarse para quitarle los ojos de encima. Y para dejar de alucinar consigo mismo: camiseta de mangas cortas, de esas que dejan el estómago al aire, bermudas y bambas. Todo color negro, igual que el lazo que llevaba en el pelo. Lo más sugerente que había a la vista eran sus tres pares de músculos abdominales ligeramente marcados. Pero a este nuevo Jason, ni los contoneos de una estrella del porno en ropa de trabajo conseguirían inspirarlo más.

“Esa mujer es la caña”, pensó y un instante después, cuando recordó dónde había oído esa frase antes, no pudo evitar una sonrisa irónica.

Jordan al detectar el gesto, lo codeó para llamar su atención. Habían ido a por helados para todos y esperaban frente al puesto atestado de niños.

¿Qué? ¿Cómo va la cosa?

Se lo piensa —contestó sin más. Y procuró poner su atención en los críos que estaban volviendo loco al heladero cambiando de idea sobre si chocolate o vainilla cada dos segundos y quitarla de esa mujer que lo encendía sin mover una pestaña y encima, ni siquiera se daba cuenta del terremoto que desencadenaba a su paso.

Eso es bueno —dijo Jordan, divertido. Acompañó sus palabras con un par de palmaditas en el hombro de su amigo quien le dedicó una mirada tan gráfica que no requirió más explicaciones—. Es bueno. Le dijiste que volverías a Dallas si ella te lo pedía. ¿Te lo ha pedido?

Jason negó con la cabeza.

¿Lo ves? Tú ten paciencia.

Ya, pero ser paciente con el sexo opuesto no era uno de sus puntos fuertes. Jason volvió a mirarla de refilón. Ella charlaba con Mandy mientras se recogía el cabello con el lazo. Sus ojos quedaron atrapados en el vaivén de esa mata larguísima que zigzagueó en el aire como la cola de una sirena.

Lo siguiente fue una descarga que puso todo su cuerpo a latir al ritmo del corazón.

Joder —murmuró sin darse cuenta.

Y dos segundos después, clavó la vista en la pila de cucuruchos que había sobre el mostrador frente a él.

Jordan lo miró con cariño y no hizo más comentarios.

Les tocaba pedir y eso hicieron.

Poco después, con once helados repartidos entre los dos se disponían a volver donde estaba el resto de la familia cuando oyeron que alguien llamaba a Jason.

“¡Jason Brady! ¡No me puedo creer que seas tú!”, dijo una voz alegre.

Y de mujer.

Ambos se volvieron a mirar. Jordan sonrió divertido. Jason meneó la cabeza.

¿Qué te apuestas a que ahora sí que me está mirando?”, pensó.

Amigos del alma, (extracto) Capítulo 18.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.