El amor y los tipos de personalidad en Revista Romantica’S Nº 11

En el último número de la Revista Romántica’S sale un artículo mío que aborda la cuestión de “¿por qué nos enamoramos de una persona y no de otra?”. La personalidad del hombre o mujer que elijamos como compañero de viaje, determinará aspectos fundamentales de nuestra vida así que enamorarse ¿es puro azar, o por el contrario, existen factores inconscientes que nos acercan a determinado tipo de persona y nos alejan de otras? ¿Los opuestos se atraen?

Por si no la conoces, te indico que la Revista Romántica’S es la primera dedicada al género romántico en lengua castellana que se publica (digitalmente) en España. Va por su número 11, y además de ofrecerte muchísima información sobre novedades y la actualidad romántica española, es gratuita. Este mes viene surtida de entrevistas, reseñas y artículos súper interesantes. En el enlace que aparece más abajo puedes leerla online, o mejor aún ¡descargarla!

 

 

¿A quién amamos?
El amor y los tipos de personalidad.

 

¿Sabes esa frase que dice “los polos opuestos se atraen”? Pues, aunque a menudo la encontramos en la literatura aplicada a las relaciones entre dos personas -incluso puede que hasta yo misma la haya usado alguna vez-, nunca la acababa de ver claro. No conozco a ninguna pareja de opuestos que haya funcionado, y a título personal, siempre me he sentido atraída por lo similar; jamás por lo opuesto a mí… Así que, teniendo entre manos la creación de una novela como Princesa, cuyos protagonistas son tan diferentes, empezando por los once años de edad que los separan, el tema empezó a aguijonearme seriamente.

Total, que decidí investigar un poco. ¿Y sabes qué? Por lo visto, esa frase es cierta…

Al menos, parcialmente. Te cuento. [Sigue leyendo] (Avanza hasta la página 20, allí comienza el artículo).


Espero que sea de tu agrado.

Ah, por cierto, faltan 48 horas para que  Princesa vea la luz. Dos días.

Sólo dos eternos días :)

 

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La novela romántica a estudio

¿Creías que nos íbamos a librar? Craso error, querida. De alguna manera había que explicar el éxito comercial inapelable del género romántico, ¿y por qué no echar mano de la psicología evolucionista para intentarlo? Después de todo, las mujeres somos ejemplares de una especie, y como tales, nuestros hábitos son “estudiables”.

¿Que de qué va todo esto? Te cuento.

Dos investigadores canadienses, Maryanne Fisher (St Mary’s University, Nova Scotia) y Anthony Cox (Centre for Psychology and Computing, Dartmouth) decidieron comprobar si la inclusión de determinadas palabras en los títulos de las novelas románticas confirmaban, de alguna manera, los principios de la psicología evolucionista. Esto es, que detrás del éxito de determinadas palabras de uso frecuente en la narrativa romántica, se esconde nada más y nada menos que nuestros queridos impulsos hacia el apareamiento, a los que ya me referí en ésta entrada.

Así las cosas, y partiendo de que estos impulsos hacia el apareamiento y la reproducción, desarrollados a lo largo de miles de años, implican que las mujeres buscan hombres fuertes además de fértiles con recursos, buena salud, buena presencia, y capaces de asumir compromisos duraderos, tomaron un total de 15.019 novelas publicadas por Harlequin y analizaron sus títulos. Supusieron que palabras como bebé, padre y paternidad; riqueza, magnate y millonario; boda, compromiso y novia, o guapo, atractivo y atlético, se llevarían la palma. Y acertaron… Parcialmente.

¿Imaginas cuál fue la palabra que aparecía más veces entre los 15.019 títulos? Exacto: amor. (¡Qué casualidad!)

Siguientes en el ranking fueron: novia, bebé, hombre y matrimonio. Otras que también aparecían con frecuencia eran cowboy, noche y enfermera. Y en cuanto a  las profesiones más comunes en las novelas románticas: doctor ganaba por goleada, seguida de cowboy.

Según los investigadores, las veinte palabras más utilizadas sugieren que el compromiso a largo plazo y la reproducción son importantes para las lectoras, y que aunque no encontraron palabras relacionadas con recursos económicos o atractivo físico, sí hallaron las palabras doctor y cowboy, y otras relacionadas con altos ingresos o con ocupaciones que requieren buena forma física.

La conclusión de este estudio, que los autores publicaron en el Journal of Social, Evolutionary and Cultural Psychology, fue que los títulos de las novelas que publica Harlequin son “coherentes con las estrategias femeninas de búsqueda de pareja, lo cual explicaría su éxito internacional continuado”.

Sospecho que ésto no ha sido ningún descubrimiento para los ejecutivos de la multinacional canadiense.

Alfredo Álamo, que también recoge la noticia en éste artículo de Lecturalia, se pregunta cómo encajan en la conclusión a la que llegaron los investigadores, los vampiros, hombres lobos y highlanders que viajan en el tiempo, que arrasan desde hace unos años. Bueno, para “las criaturas de la noche” la respuesta me parece evidente: el amor, nuevamente. El más idealizado de todos, el amor eterno.

En cuanto a los “highlanders que viajan en el tiempo”, no tengo la menor idea… Habrá que preguntárselo al experto en la materia, el blogger de LiteraturaTorcida 1, ¿no te parece? :-)

1 Si no has tenido ocasión de leer su post humorístico sobre la sinopsis de la novela romántica Amar a Morgan, de Janet Chapman, por favor, hazlo. Vas a llorar de risa.

Fuente: The Guardian.

La red del amor

El pasado 7 de marzo, El País Semanal publicó un artículo que la escritora Rosa Montero escribió el 14 de Febrero, el día de los enamorados, titulado “Maldito San Valentín”. En él empieza confesando que “de todos los días falsos y arbitrarios inventados por los comerciantes para ordeñar nuestros bolsillos, éste es el que más me irrita”. La verdad es que me gusta esta escritora. Si un artículo lleva su firma, lo leo porque sé que no suele defraudarme. Así que en este caso, y a pesar de la contundente frase en tipo destacado que centraba el tema a debate, a saber: “La idea del amor romántico nos ha hecho a los humanos un daño fenomenal”, continué leyendo.

No me chocó su irritación por el mercantilismo que parece rodear nuestra vida, incluso en sus detalles más insignificantes; mucha gente lo comparte, estoy segura. Y sin duda, muchos comparten su “inquietante sensación” de que este año San Valentín se ha festejado más que nunca. Sin ir más lejos, a mí, que ni me irrita ni me inquieta, también me lo ha parecido. Sin embargo, ésto tiene poco de “tontuna” y mucho de estrategia de supervivencia. En momentos críticos, de intenso distrés -y los últimos tres años han sido críticos para millones de personas a nivel mundial-, nuestra mente pone en marcha mecanismos que nos permiten compensar los efectos negativos, y adaptarnos; la evasión es uno de ellos. Como dijera Richard Gregory, neurólogo y profesor emérito de neuropsicología de la Universidad de Bristol, el cerebro no está para buscar la verdad, sino para hacer predicciones para poder sobrevivir.

Pero resulta que soy escritora de novela romántica, y mis ojos están especialmente entrenados para cazar tópicos y clichés sobre el amor, los hombres, y las mujeres. Y la verdad, no esperaba encontrarlos en este artículo.

Más allá de los intereses comerciales por idealizar conceptos para después vendérnoslos, el amor romántico es mucho más que una mera idea, es un impulso vital hacia el apareamiento, natural y fundamental para la especie. En realidad, son varios los científicos que sitúan el surgimiento del amor romántico a la par que el nacimiento de la imaginación en las primeras especies de homínidos. Casi nada.

También existe un amplio consenso científico, e investigaciones recientes parecen confirmarlo, en que el amor romántico se halla profundamente enlazado con otros dos impulsos hacia el apareamiento, la lujuria, y el apego. Los tres poseen sus propios circuitos cerebrales, provocan diferentes comportamientos y expectativas, y están asociados a diferentes neuroquímicos (hormonas). Se sabe, además, que cada uno de ellos evolucionó para controlar un aspecto distinto de la reproducción: la lujuria, para “motivarnos” a buscar la unión sexual con prácticamente cualquier pareja medianamente apropiada; el amor romántico, para hacer que “concentremos” nuestro interés apareatorio en un individuo en particular (con el consecuente ahorro de tiempo y energía); y el apego, para facilitar que la pareja se mantenga unida el tiempo suficiente para sacar adelante a la descendencia, al menos, hasta superar los años de la infancia. Es lo que Helen Fisher (1) denomina “La red del amor”.

De modo que lo más probable es que la pareja de “viejos” de la viñeta de Forges a que hace referencia Montero en su artículo, hayan tenido su etapa de lujuria, y también, la etapa de mirarse a los ojos y creer que el otro era simplemente perfecto. Es más, sin esas etapas, no serían tema siquiera para una viñeta.

Y aunque Montero opine que la fiesta de los enamorados es “una majadería dulzona, un paripé vacío, […] un frenesí de corazoncitos rojos que se parecen tanto a los musculosos corazones verdaderos como el amor real a los enamorados de San Valentín”, imaginar es ver. Cuando imaginamos (pensamos o recordamos) ponemos en marcha los mismos mecanismos que cuando vivimos el suceso. Pensar en el ser amado, dice Eduardo Punset en su libro El viaje al amor (Destino, 2007), puede mejorar la relación amorosa, de la misma manera que practicar crucigramas puede ayudar a mantener la mente despierta.

Cualquier ocasión es una buena ocasión para aparcar la rutina, estimular nuestra imaginación y enfocarla en la persona que amamos.

Y como dice el refrán a “la ocasión, la pintan calva”.

(1) Helen Fisher, antropológa, profesora e investigadora de la Rutgers University, y autora de títulos notables como Why We Love?, Henry Holt & Company, 2005,  y Anatomy of Love, Random House, 1994, entre otros.

Si deseas leer el artículo completo de Rosa Montero, lo encuentras aquí.

Mujeres que salen con hombres más jovenes—II.

Mujeres que salen con hombres más jovenes – II.
La diferencia de edad en la vida real y en la ficción.

Hace varios meses, cuando abordé el tema del creciente número de relaciones que se establecían entre mujeres y hombres varios años más jovenes que ellas, comenté que tenía en mente el argumento de una novela cuyos protagonistas reproducían este patrón. Concretamente dije:

Así que volviendo a la ficción, tengo a mi protagonista femenina, una mujer de treinta y cinco, con una profesión que la apasiona pero consume la mayor parte de su tiempo. Desde que se independizó de sus padres apenas cumplida la mayoría de edad, siempre ha vivido sola y nunca se le ha pasado por la cabeza formar una familia, ni siquiera es consciente de su “reloj biológico”. Hasta que por eso de que los polos opuestos se atraen, el que ejerce tal magnetismo sobre ella es uno, entre otras cosas, bastante más jóven. ¿Cuánto más? Todavía no lo veo claro.

Finalicé aquel post, que puedes leer aquí, pidiendo tu opinión en forma de comentario. Algún tiempo después añadí una encuesta: “Él es diez años menor que tú. ¿Importa la edad a la hora de plantearte una relación seria con él?”. Ofrecí tres opciones: a) No; b) Sí; y c) Tendría que pensármelo.

Y adivina ¿qué? Ha ganado el “no”, lo cual me convenció de que si al 56% de las votantes no les importa la diferencia, y otro 23% no lo descarta aunque se lo pensaría ¿por qué mi protagonista femenina iba a alinearse con la minoría? De eso, nada :-)

De modo que aquí estoy, después de tres largos meses de ausencia. He vuelto con la Primavera, pero no lo hago con las manos vacías: te dejo la portada de mi nueva novela, Princesa, de la que irás recibiendo más información las próximas semanas…

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Y si eres la dueña de uno de los comentarios o votos que tanto me han ayudado a definir un aspecto importantísimo de esta historia, un “gracias” enorme.

Mujeres que salen con hombres más jovenes

La diferencia de edad en la vida real y en la ficción.

Dando vueltas por internet di con un artículo de Yahoo Personals titulado “¿Qué hay detrás de la tendencia de que las mujeres salgan con hombres más jovenes?”. Siempre digo que cuando estoy en fase creativa, sigo mis pálpitos y teniendo en perspectiva una novela romántica en la que el héroe podría ser diez años menor, hice clic. Y digo podría, porque la verdad, aún no lo he decidido. Pero volveré sobre esto más adelante.

No conseguí dar con la versión española, así que resumo a grandes rasgos lo que plantea. Además de los casos de mujeres famosas (Demi Moore, Halle Berry, etc) y personajes femeninos de series famosas (Sexo en Nueva York, Mujeres desesperadas) que mantienen una relación con hombres mucho más jóvenes que ellas, el artículo se refiere a un estudio realizado en 2007 por un portal online de citas en el que partiparon 50.000 mujeres solteras (o disponibles) mayores de 30 años. Pues bien, más de una tercera parte de ellas mostraron interés por hombres como mínimo 5 años más jóvenes. Lo que unido al 34% de mujeres de las 3.500 que tomaron parte en un estudio realizado por la AARP (1) en 2003, que dijeron relacionarse con hombres que son diez años (o más) menores que ellas, perfilaría una tendencia que va más allá de un puñado de casos famosos.

El artículo, escrito por Tina B. Tessina, una conocida psicoterapeuta y autora de varios libros sobre pareja y relaciones, se refiere a una reversión de roles a todos los niveles debido a que las mujeres “somos más poderosas ahora que nunca antes y podríamos necesitar relacionarnos con hombres más jóvenes” y por lo tanto más capaces de adecuarse a los cambios que impone a la relación, que nuestras carreras o profesiones ocupen un lugar (prioritario, en algunos casos) en nuestras vidas. En su opinión, basada en la experiencia en consulta, la diferencia de edad es una preocupación de adolescentes que no se sostiene en la vida adulta porque lo que verdaderamente cuenta es la capacidad de las partes de formar una “sociedad” que funcione. “Una diferencia de 10 o más años tiene poco que ver con lo bien que manejes la relación”, dice Tessina.

¿Es así, realmente? Mmm, tengo mis dudas. Para empezar creo que lo que ha cambiado -más que lo prioritario o no de nuestras carreras- es la forma en que las mujeres miramos nuestra sexualidad: antes llegábamos al sexo por amor, principalmente; ahora también porque simplemente nos apetece. Digamos que hemos conseguido separar el “corazón” del resto de nuestra fisiología. Pero lo que no cuenta si sólo te planteas sexo esporádico con un hombre más jóven que tú, ¿sigue sin contar ante la posibilidad de tener algo estable con él?

Salvando honrosas excepciones pienso que no. Y no me refiero a las diferencias “generacionales” a saltar a que alude el artículo. Es una cuestión de madurez emocional y mental. Ni hombres ni mujeres nacemos con ellas, pero posiblemente por cuestiones biológicas, las mujeres las alcanzamos antes, y aunque la edad cronólogica no determina la edad mental, sin duda, la influye.

Así que volviendo a la ficción, tengo a mi protagonista femenina, una mujer de treinta y cinco, con una profesión que la apasiona pero consume la mayor parte de su tiempo. Desde que se independizó de sus padres apenas cumplida la mayoría de edad, siempre ha vivido sola y nunca se le ha pasado por la cabeza formar una familia. Ni siquiera es conciente de su “reloj biológico” hasta que por eso de que los polos opuestos se atraen, el que ejerce tal magnetismo sobre ella es uno, entre otras cosas, bastante más jóven. ¿Cuánto más? Habrá que verlo.

Segun Tessina bien podría adjudicarle un hombre de 25. Estaría dentro de esa tercera parte del estudio de 2007 y a tono con lo que se lleva en Hollywood. Pero a menos que convierta a mi Aston Kutcher en una honrosa excepción de la media masculina, ¿funcionaría como relación a largo plazo?

Me temo que lo que promete dinamita en la alcoba, en lo cotidiano sería poco más que una laboriosa relación del tipo “madre con hijo adolescente”.

¿Qué haría falta, además de amor, para sacar adelante una relación entre un hombre de 25 y una mujer diez años mayor? ¿Crees que esos diez años de diferencia tendrían el mismo impacto en la relación si el hombre tuviera 40 años? Anímate. Puedes dejarme un comentario o votar en la encuesta que aparece más abajo. ¡Y gracias!

(1)AARP: Asociación Americana de Jubilados, oganización sin ánimo de lucro fundada en 1958 dedicada a ofrecer alternativas que mejoren la calidad de vida de sus miembros, que rondarían los 38 millones, lo que la convierte en una de las asociaciones de personas a partir de 50 años más grande de los Estados Unidos.

¿Tú qué opinas?

 

Sobre climax, tomografias y novela romantica.

Después de tanto oír que los héroes de novela romántica, perfectos amantes donde los haya, son irreales sencillamente porque tal perfección sólo es posible en la ficción, ayer vengo a enterarme que según investigaciones recientes, tampoco la descripción de las emociones que sienten nuestras heroínas en el momento “m” pueden ser reales porque durante el orgasmo la mujer no experimenta emociones ¿qué tal?

De acuerdo con un extenso artículo de la revista Scientific American, titulado The Orgasmic Mind: The Neurological Roots of Sexual Pleasure (La mente orgásmica, las raíces neurológicas del placer sexual), en un experimento que buscaba averiguar qué excitaba a las mujeres en comparación con los hombres y en el que participaron 12 parejas, el equipo de neurocientíficos observó que durante la estimulación manual la tomografía del cerebro de la mujer activaba áreas implicadas en el intercambio de señales sensoriales de tipo sexual, pero cuando ésta alcanzaba el orgasmo, la actividad cerebral cesaba.

Silencio, sí.

Ni vemos las estrellas, ni tocamos el cielo con las manos, ni volamos ni ninguna de las mil maravillosas sensaciones descritas en nuestras novelas romanticas favoritas… Sólo silencio.

¿O será como dicen las Smart Bitches que la intensidad del placer nos desconecta el cerebro?

Ellas, con su habitual sentido del humor, han titulado la entrada en que debaten sobre el tema “¿Necesitas parar esos pensamientos molestos? Ten un orgasmo”.

Habrá que probar ¿no?

Novela romántica, amor verdadero y cuentos de hadas – II

“El problema no es que las novelas románticas no sean realistas. Simplemente, la mayoría de nosotros no sabemos cómo hacer que esta clase de amor dure. Pero podemos aprender…” Brenda Novak, autora de novela romántica.

Hace un tiempo escribí la primera parte de esta entrada sabiendo que habría más porque mientras leía el artículo fuente me venían a la cabeza montones de imágenes, de momentos reales y de ficción. Estoy tan convencida de la utilidad de algunos de sus consejos para “hacer que el amor verdadero dure toda la vida” como de que la novela romántica es un campo de prácticas excepcional. Tanto que de hecho lo hice carne. Quiero decir, novela.

Cuando surgió la idea de escribir Sintonías allá por el 2006, me plantée cómo sería el amor entre dos personas que se centran en los que las une, en vez de hacerlo en lo que las separa, en las diferencias. El resultado son tres historias que tienen como denominador común que uno de los miembros de la pareja recorre esa milla extra que lleva del “tú ya sabes que te quiero” al “porque te quiero y pienso en ti, … [te lo demuestro así]”. Mi toque personal -y también una muestra de mi confianza en el sexo masculino- es que en Sintonías, quienes recorren esa milla son ellos: Jordan (Bombón), Mark (Primer amor) y Jason (Amigos del alma -próximamente-).

Es llamativa la cuestión de las diferencias ¿te has fijado? Pasado el primer tiempo de enamoramiento, aquello que nos atrajo, que nos sedujo de la otra persona se convierte en una de las tantas cosas más de nuestra vida que damos por hecho. Entonces las diferencias ocupan el lugar y la energía de lo que antes nos maravillaba: las resaltamos, las magnificamos y les concedemos un protagonismo total.

Pero ¿las entendemos? ¿comprendemos que esas diferencias no son necesariamente “defectos”? La naturaleza femenina es diferente de la masculina. Es más que una mera cuestión de sexos: miramos el mundo con ojos distintos. Y aunque hablemos el mismo idioma, nos comunicamos con lenguajes diferentes. La mala noticia: aprender a decodificarlos lleva tiempo; la buena: el amor es el lenguaje universal. Allí donde las palabras se quedan cortas, la intención de hacerle sentir al otro que es fundamental en tu vida hablará alto y claro.

¿Cómo expresar esa intención? Como sea, mientras lo hagas con constancia y determinación: sencillo o elaborado, romántico o apasionado… Prueba a ver qué te funciona mejor. Novak da una serie de pautas interesantes (si el inglés no es lo tuyo, usa el traductor de Google o BabelFish).

O también puedes ver cómo lo hacen mis hombres de ficción, se expresan de maravilla con eficacia demostrada ;-)