Mis lecturas veraniegas 2017… ¡y hasta septiembre!

Como todos los años por esta época, toca “estudiar” detenidamente mi lista de pendientes de lectura para escoger los títulos que amenizarán mis vacaciones. No ha sido nada fácil, pero ya hay tres ganadores. ¿Te apetece conocerlos?

Vamos allá.

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Cuando el cuerpo de Hanna Solomon, jefa de estudios de una universidad de Washington, es encontrado en la sala de profesores, Bárbara, su amiga y experta en perfiles psicológicos del FBI decide infiltrarse en la escuela para descubrir al asesino.

El agente especial Malcom Dareck, su compañero, un hombre tan atractivo como inteligente se opone a que ella se ponga en peligro de esa manera.

A partir de ese momento, la relación entre ellos experimenta un sutil cambio del que ellos no son conscientes al principio. Después, vendrán la tensión, las discusiones, el instinto protector de él y el de independencia de ella.

Llevo queriendo leerla desde hace varios años y por una cosa u otra, siempre se quedaba a puertas. En 2017, al fin le ha tocado el turno.

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Él era uno de los hombres más brillantes y seductores de la alta sociedad inglesa hasta que la tragedia le condenó a un mundo de silencio y locura; ella, un alma sencilla y generosa que creía en el poder de la redención. Y esta es una de las novelas de amor más hermosas y originales que se hayan escrito.

Laura Kinsale estaba en mi lista de recomendaciones cuando empecé a leer romántica. Tuve la mala suerte de empezar por un libro que me gustó tan poco que ni siquiera logré acabarlo, Por el corazón de mi dama, y me quedé con tan mal sabor de boca que me ha llevado nada más ni nada menos que siete años volver a darle una oportunidad. Esta vez lo intento con una de sus novelas más recomendadas, Flores en la tormenta. A ver qué tal resulta.

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Me encanta el thriller, pero a este autor no lo conocía. A pesar de las buenísimas críticas, lo que me hizo comprarlo sin dudar fue la sinopsis:

Un niño desaparece a las afueras de Roma. La madre es encontrada muerta y los investigadores creen responsable al marido de la mujer. Sin embargo, cuando Colomba Caselli llega a la escena del crimen se da cuenta de que algo no cuadra.

Colomba tiene treinta años, es guapa, atlética y dura. Formó parte del Departamento de Homicidios de Roma, pero desde hace meses es incapaz de superar lo que llama «el Desastre», hasta que este caso vuelve a llevarla a la acción. Para resolverlo contará con un colaborador tan eficaz como peculiar: Dante Torre, un joven genio cuya capacidad de deducción solo es igualada por sus paranoias. Él también es un superviviente: fue secuestrado durante once años en un silo por un hombre que se hacía llamar «El Padre». Ahora tiene pánico a los espacios cerrados y ha hecho de su habilidad para encontrar a personas desaparecidas su trabajo.

En la búsqueda de la verdad, Colomba y Dante deberán enfrentarse a su mayor pesadilla ante un caso de ramificaciones insospechadas.

Muy, muy ansiosa por hincarles el diente 😉

Ya están los tres en mi mochila, listos con el resto del equipaje, esperando que acabe estas líneas para salir camino de la playa. ¡Síiiiii, toca….. desconexión!

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¡Buenas vacaciones y hasta la vuelta!

 

Novela romántica: sobre la magia de los libros, las lectoras y las críticas.

“Escribir no es una actividad del sector de servicios(1), porque escribir es un arte. Cuando me siento a escribir, no pienso en mis lectoras. Pienso en las palabras, en la historia, en los personajes, la forma en que todo esto se enlaza, en el por qué y en hacia dónde va esta bola dorada con sus hilos de oro desenmarañándose y volviendo a enredarse y confundiéndome y frustrándome y deleitándome. Adivinad qué, lectoras. No se trata de vosotras, en absoluto…”

Seguro que muchas escritoras piensan ésto, pero ¿cuántas se atreverían a decirlo de viva voz? Teniendo en cuenta lo importante que es la imagen de cara a la galería, sospecho que no serían muchas las que se liaran la manta a la cabeza.

Muchas, no, pero al menos una, sí; la autora de la frase que abre esta entrada. Me refiero, nada más y nada menos, que a Laura Kinsale.

Llegué a su web oficial como “trabajo de investigación” previo a la lectura de dos de sus novelas. Me gusta conocer un poco de los escritores, de cómo viven y lo que piensan, antes de sumergirme en su mundo literario. Y fue así, pinchando enlaces, que dí con este  artículo. Originariamente fue un debate sobre el remanido tema de si los libros deben tener la consideración de obras de artes -como un cuadro, o una escultura-, o son simplemente productos, que acabó convertido, allá por marzo del 2006, en este post publicado por la autora en el blog de las SmartBitches. Con semejante frase de apertura, huelga decir que generó más de un centenar de comentarios…

Y sí así de contundente fue el inicio, ¿te imaginas cómo fue el final? Exacto; fue apoteósico.

Kinsale se expresa en esta entrada con tal pasión y tal sinceridad acerca de la magia de los libros, de leerlos, pero especialmente de “parirlos” como si fueran tus hijos, y lo que ocurre con ellos cuando salen “ahí fuera”, que me da cierto reparo traducir sus palabras, pero lo intentaré al menos con el siguiente párrafo porque con los traductores online no se entiende bien. Dice más o menos así (cógete bien a la silla):

…Toda la tormenta y la furia de internet, y las lectoras y las críticas y las cifras de ventas, no son nada. [Lo que importa] no está allí fuera. Está aquí. Y si tengo que protegerlo de las lectoras, lo haré sin piedad. Puede que pensando que sois una panda de imbéciles parlanchinas que no tienen ni idea, sin ánimo de ofender. A mí me interesa tanto conocer vuestras diez millones de opiniones contradictorias como a vosotras os interesa oír mis desgracias personales…”.

Ufff. ¿Por dónde empezar?

Es posible que las primeras historias que escribí en mi vida fueran pura creación espontánea, sujetas exclusivamente a los dictados de mi imaginación. Hablo de la época en que escribía sin reglas y ni siquiera se me cruzaba por la mente la idea de que otros ojos distintos de los míos vieran esas palabras. Las que escribo ahora se atienen a normas claras y están encuadradas dentro de un género con “especificaciones” muy definidas, y ni unas ni otras las he establecido yo. Si hay reglas ajenas que respetar, no es arte propiamente dicho. Y aunque es cierto que hay un espacio en el que habitan mis personajes y el mundo que he creado para ellos, que me pertenece y sólo yo puedo plasmar, también lo es que las reglas de juego condicionan de manera directa la forma en que lo plasmo. Pondré un ejemplo: mis historias de hace diez años contenían sensualidad, pero no escenas sexuales explícitas. Como lectora sigo pensando que, excepto en el romance erótico, no son necesarias; como escritora estoy convencida de que sugerir da mucho más juego que mostrar, pero hoy por hoy, en el género romántico es impensable que una novela no contenga escenas de sexo explícito. ¿Ves a qué me refiero?

Tampoco estoy muy de acuerdo con lo que dice acerca de la “tormenta y la furia de internet” pero hay que tener en cuenta que Kinsale se refiere al mercado editorial romántico norteamericano, donde competencia y críticas son feroces casi por igual. Es cierto que muchas veces echas en falta un poco más de empatía, incluso de respeto, pero luego ¿por qué las cosas en el mundo virtual iban a ser distintas que en el mundo real? Las críticas y el rechazo forman parte de la vida de todos, aunque a los escritores a veces pueda parecernos que se trata de un método de tortura especialmente diseñado para nosotros :-)

Realmente, no sé si es posible “protegerse” de eso, como propone Kinsale. Creo, más bien, que se trata de aprender a capitalizar las críticas: quedarnos con lo que consideremos que pueda sernos útil, obviar lo demás, y especialmente, no tomarlas de manera personal. Ahora bien, cuando son críticas personales -y sí, también las hay- y nos sentimos vulnerables y sólo podemos pensar en “protegernos”, entonces, por favor, que la armadura sea de titanio y  con doble recubrimiento de vaselina.

Desacuerdos al margen, este primer contacto con Laura Kinsale me ha impactado. Me ha impresionado su valentía, la elegancia con que desgrana las palabras, y la pasión que imprime en ellas. Si sus historias contienen sólo un diez por ciento de la fuerza que transmite en este artículo, se habrá ganado otra lectora fiel.

(1) Se refiere a la industria cultural (o de entretenimiento) que incluye a las editoriales.