Avatar de Desconocido

Acerca de patriciasutherland

Además de escribir novela romántica y leer, adoro la música. Me gusta el jazz, el r&b y últimamente, el country moderno. Encontrarás más información sobre mí, en la pestaña correspondiente de mi blog.

Novela romántica española: Highlights 2009

Esta es mi primera entrada de 2010, y he pensado que sería interesante echar un vistazo atrás, y ver qué sucedió en el panorama romántico español durante 2009. Ya sabes, algo así como una reseña de «lo más destacado…», que sirva a dos propósitos; por un lado, tomar conciencia de los avances del género en los últimos doce meses, y por otro, servir como comparativa respecto de lo que ocurrirá en los próximos doce. Estará bien ver cuántos pasitos de pitufo (o zancadas de gigante) da la novela romántica en lengua española en este nuevo año, ¿no crees?

Estas son algunas de las novedades destacadas que nos dejó el 2009 (novela romántica española, solamente):

  1. Nuevas autoras románticas: 3

 Megan Maxwell, Te lo dije.
 Olivia Ardey, Dama de Tréboles.
 May Beneito, Mascarada para un conde.

Repiten con nuevos títulos las autoras españolas Nieves Hidalgo, Rebeca Rus, Anna Casanova, Arlette Geneve, Ebony Clark, Pilar Cabero, y Lucía González Lavado; las argentinas Florencia Bonelli y Andrea Milano que ha publicado también obras bajo su alter ego erótico, Breeze Baker, y la chilena Claudia Velasco.

2. Ellas, nueva colección romántica juvenil de Editorial Montera, inicia su andadura en Abril de 2009.
3. Revista Románticas. Julio 2009. Nace la primera revista española dedicada al género que ya va por su tercer número.

4.  Club Romántica. Agosto 2009. Nace una nueva librería online, que se une a la pionera HeartMaker, creada a la medida de las aficionadas al género.
5.  II Jornadas Literarias de ¡¡Abrete libro!! 25 a 27 de septiembre 2009, Madrid. En 2009 la novela romántica ha tenido su espacio en estas Jornadas, con la participación de las autoras españolas Megan Maxwell y Anna Casanova.
6.  III Jornadas de Novela Romántica de Sevilla. 6 y 7 de noviembre 2009, Sevilla. en 2009  fuimos 162 las asistentes a la primera sesión que tuvo lugar en la Sala Almirante de los Reales Alcazáres de Sevilla. Compáralo con estas fotos de la primera convocatoria (2007), en la FNAC de Sevilla.
7. Asociación de Autoras Románticas de España, ADARDE. Noviembre 2009. ¿A que parece increíble que ya tengamos una asociación? Ojalá que con el tiempo, llegue a ser tan representativa como su homónima norteamericana, Romance Writers of America (RWA).
8. Romantica-E, nueva colección romántica de la Editorial Esfera de los Libros, inicia su andadura en Noviembre de 2009.
9. Premios Dama: Noviembre 2009. Se convocan los primeros premios de novela romántica, a instancias de Club Romántica con la participación de ADARDE, Asociación de Autoras Románticas Españolas. Más información sobre los Premios Dama 2009 aquí . Para ver cuáles han sido los ganadores, pulsa aquí.
10. La romántica Rachel. Noviembre 2009. La editorial El Tercer Nombre anuncia la creación de una nueva colección romántica, Rachel la romántica, que iniciará su andadura en Enero de 2010.

11.  Blogs y Webs dedicados al género: aquí encontrarás algunos de los recursos online más importantes nacidos durante 2009.

Fíjate cuánto hemos avanzado -observa, especialmente, la progresión; ¡hemos puesto quinta en noviembre, y seguimos con el acelerador a fondo!-, y a modo de confirmación del fantástico cariz que están tomando las cosas, te recomiendo que, si no lo has hecho aún, eches un vistazo a este especial para conocer lo que las editoriales le han contado a Autoras en la sombra acerca del futuro del género para este año.

El 2010 se presenta muy, pero que muy romántico :-)

Princesa, mi nueva novela romántica – Extracto 3

 

Como lo prometido es deuda, aquí tienes el tercer y último extracto de Princesa.

Con él, me despido hasta el año que viene, deseándote de corazón que tengas una Feliz Navidad, y un 2010 lleno de deseos cumplidos…
Y, por supuesto, mucho, mucho romance ;-)

~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

             —Hola, vecina ¿qué, haciendo footing?

Tess se detuvo y se volvió hacia la voz con resignación. Por alguna razón que no acababa de comprender, su pelilargo vecino, con el que no había coincidido ni una sola vez en diez años, ahora era una visión recurrente, como si formara parte del paisaje.

Ella se miró su propia indumentaria deportiva en un gesto ostensible.

Ya que la respuesta resulta obvia —dijo al fin con una expresión fingidamente interesada—, deduzco que en realidad no era una pregunta, ¿verdad?

Desde el suelo donde desmontaba una pieza metálica, Dakota soltó la carcajada. Se puso de pie, meneando la cabeza incapaz de creer que aquella mujer pudiera ser tan rebuscada y que a pesar de serlo, le resultara tan jodidamente atractiva, aunque eso era harina de otro costal, y se dirigió hacia ella, limpiándose la grasa de las manos con un trapo.

Deduces bien —dijo con una sonrisa cautivadora—. Se llama hablar por hablar y la gente vulgar lo hace todo el tiempo ¿por qué no pruebas, a ver qué tal?

Ella jamás hablaba por hablar ¿acaso tenía algún sentido?, lo que no creía, en absoluto, que la convirtiera en alguien especial. Y en circunstancias normales, se lo habría dicho sin ambages. Éstas, no lo eran.

Simplemente, porque Tess se había quedado atrapada en aquella sonrisa. En sus labios delgados, perfectamente delineados, que lucían húmedos y de un color rosado fuerte, como si llevaran carmín. Podrían ser unos labios de mujer, pensó. Pero no pertenecían a una mujer, y la media perilla apenas una franja corta y estrecha de pelo que nacía debajo de su labio inferior y le llegaba hasta el final de la barbilla, daba fe de ello.

Dakota la miraba sonriendo, entre expectante y divertido, y ella…

Tess era consciente de que él se estaba burlando, y lo hacía con descaro, pero su cerebro, era evidente, había decidido ignorar la burla y concentrarse en aquella boca que, inexplicablemente, encontraba… ¿apetecible?

Inglaterra, concluyó ella mirando a otra parte con una creciente sensación de bochorno, no le estaba sentando nada bien si podía encontrar algo “apetecible” en aquel niño descarado. Y cargó las tintas sobre la palabra “niño” en un intento de que su propio cerebro recordara que la criatura tenía tan solo veinticuatro años.

Sin embargo, Tess no consiguió apartar la mirada lo bastante rápido, que no pasó desapercibida a Dakota. Entonces, un relámpago, cargado hasta los topes de energía, atravesó al hombre de la media perilla, despejándole todas las dudas que tuviera al respecto: jugaría aquel juego. A pesar de que era la peor idea del mundo, jugaría aquel juego hasta el final.

Todo su lenguaje corporal se transformó en un segundo, pero Tess, ocupada en sus propios pensamientos, no se percató.

Corriente —dijo ella mientras quitaba una pelusa imaginaria de su top negro, poniendo fin al incómodo silencio.

Él frunció el ceño. —Corriente ¿qué?

Se dice gente corriente —aclaró Tess—. Es lo más apropiado en este caso.

La sonrisa apetecible volvió a hacer acto de presencia, aderezada con una pizca inocultable de desafío, anuncio de la carga de profundidad que él estaba a punto de lanzar.

Te gusto cantidad, ¿eh?

Ella alzó las cejas, sus ojos lo escrutaron como si todo él fuera un código cifrado.

Gustar era un concepto muy amplio, pensó Tess, y muy relativo; también le gustaban los mojitos y el tabaco, y hacía más de dos años que no probaba ni lo uno ni lo otro.

Ya lo creo —replicó ella, en tono de guasa, dispuesta a practicar aquel arte insólito de hablar por hablar, ya que él decía que era tan “vulgar”—. Aún no he decidido qué me gusta más de ti, si tu corte de pelo estilo Kurt Cobaine después de un mal viaje, o tus modales exquisitos. Especialmente, cuando bebes latas de gaseosa —hizo una pausa para mirarlo, altiva—. Pero no te apures, cuando lo decida te lo haré saber.

No esperaba enojarlo aunque, desde luego, le habría gustado, y efectivamente, no lo enojó. Al contrario, lo vio asentir repetidas veces con la cabeza sin perder la sonrisa, y Tess tuvo la sensación de que él continuaría con las puyas, pero no fue así.

¿Cuándo vuelves a Boston?

Me voy el sábado —replicó ella, preguntándose a qué se debía aquel inesperado cambio de tercio.

¿Tan pronto? La echaría de menos. Hacía siglos que lo más interesante que Dakota encontraba en la parcela vecina eran los tangas de la hija menor de los Gibb, secándose al sol.

Cuando había sol, claro.

Tres días no daban para muchas florituras con una mujer como aquella.

Vale. Entonces, nada de florituras. —Así que la cosa está entre mi pelo y mis modales —comentó él, divertido, al tiempo que le daba la espalda y se dirigía al interior del garaje.

A Tess le pareció que él volvía para ocuparse de su “princesa” de hierro, su moto, a la que siempre estaba limpiando y sacando brillo, pero en aquel momento Dakota se quitó la camiseta, y un instante después, cuando ella aún no había tenido tiempo de recuperarse de la sorpresa, él se llevó una mano al cabello, y lo liberó de la banda con que lo sujetaba en una coleta baja.

A continuación, se quedó tal como estaba, exhibiéndose con desparpajo, esperando pacientemente a que la medicina hiciera efecto.

Los ojos de Tess siguieron los trazos del dragón bicéfalo de dientes amenazadores, cuyas alas desplegadas rodeaban los hombros de Scott, como si estuvieran abrazándolo. Su sinuoso cuerpo, cubierto de escamas, zigzagueaba a lo largo del eje central de la espalda masculina, con una belleza transgresora propia de las obras de Don Ed Hardy.

Aquello era un festín visual en escala de azules, violetas y rojos, volcados sobre un lienzo excepcional.

Sin embargo, Hardy no podía haber sido el autor de aquel tatuaje. Entre otras razones porque ya se había retirado antes de que Scott naciera.

Y además, ni siquiera alguien con semejante sentido de la estética, habría podido concebir una visión tan fantástica como aquella voluptuosa cola dentada de dragón desapareciendo bajo la cintura de los calzoncillos, que asomaban, sugerentes, por encima de los tejanos.

 La sola idea de averiguar cómo sería el final del tatuaje la hizo suspirar. Entonces, Tess volvió a la realidad, roja de vergüenza, y Dakota, con una sonrisa radiante, se echó la prenda al hombro, dando por finalizado el espectáculo.

Acabo de hacerte más fácil la decisión ¿a qué sí? —dijo, mirándola de soslayo antes de atravesar la puerta que comunicaba el garaje con la vivienda—. Por si no nos vemos de nuevo, que tengas buen viaje.

Vaya, si lo había hecho.

Tess acababa de descubrir que le encantaban los dragones.

En especial, los de cola dentada.

_________________________

© Patricia Sutherland

 

Princesa, mi nueva novela romántica – Extracto 2

Aquí va otro fragmento romántico de mi nueva novela, en esta ocasión un poquito más sensual. Para compensar los fríos polares que azotan la península, ya sabes ;-)

Que lo disfrutes, y hasta la semana que viene.

~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

Tess echó un vistazo a su alrededor. Una de las tres chicas que ocupaban la mesa próxima, dejó de hablar al ver que ella las miraba, y entre risas y cuchicheos siguieron a lo que estaban tan pronto Tess apartó la vista. Se preguntarían qué hacía un “chico como él” con una “anciana como ella”, era evidente. Lo cual no hizo más que confirmarle sus propios pensamientos; no debía permanecer allí por más tiempo.

Escucha… —empezó a decir. Dakota alzó los ojos por encima de su vaso de café y la miró, haciendo que ella deseara que la tragara la tierra. ¿Qué estaba haciendo allí con aquel niño guapo que apenas acababa de cumplir los veinticuatro? ¿Acaso había perdido el juicio?—. Creo que esto no es una buena idea.

Y no acabó de decirlo, que ya estaba manoteando sus cosas para irse. Se habían encontrado por casualidad, era cierto, pero ella sabía perfectamente cuáles eran sus pretensiones, ya que él, en ningún momento, se había molestado en ocultarlas.

Lo mejor es que me vaya —añadió con decisión.

¿Qué no es una buena idea? —apuntó él, risueño, al tiempo que tiraba suavemente de su manga, instándola a que volviera a sentarse— ¿Esperar a que deje de diluviar mientras tomas café en un Starbucks?

Tess suspiró. Se sentó a regañadientes, pero no se quitó el abrigo porque no pensaba quedarse. No debía quedarse. Diría lo que tenía que decir, y luego se marcharía. Diluviara, o no.

Vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana, que vive aquí y es de tu misma edad, está enamorada de ti.

¿Y…? —replicó él, de lo más fresco.

No seas cruel… —lo reprendió, como si se tratara de su hijo adolescente—. Y no te atrevas a tomar sus sentimientos a la ligera.

Él, sin embargo, lo tomó como solía tomarse todas las cosas; a broma.

¿Cruel? —dijo Dakota, aguantando la risa— Joder, deberían multarte por hablar así…

Pero a Tess no le hizo ninguna gracia. Se limitó a bajar la vista mientras esperaba que las carcajadas cesaran, cosa que no tardó en suceder.

A ver, ricura… —empezó a decir él con un tono no exento de cierta ternura—. Primero, paso de tu hermana, y segundo, estoy aquí contigo porque quiero…

Al ver que ella seguía con la vista baja, Dakota dejó la frase a medias. Extendió una mano y atrajo su barbilla, obligándola a mirarlo.

Ambos se estremecieron.

Y ambos intentaron ocultarlo a su manera: ella apartó la cara, evitando el contacto; él continuó hablando con su inseparable sonrisa burlona pegada en la suya:

Que yo sepa, no te he pedido nada. Solamente te he invitado a un café… Así que, no le busques la quinta pata al gato, ¿vale?

No lo has hecho, pero lo harás —sentenció Tess, y lo miró directamente a los ojos, ignorando el calor que le arrebolaba las mejillas.

Vaya.

Esto es poner la directa —pensó Dakota al tiempo que se recostaba contra el respaldo, alucinado—, y lo demás, son chorradas”.

La estudió un buen rato, en silencio, sin salir de su asombro. Desde la última vez que se habían visto, cuatro meses atrás, algo había cambiado en la forma en que se relacionaban. Esta conversación no tenía nada que ver con la “batalla dialéctica” que habían compartido en el verano a través de la valla que separaba los patios traseros de sus respectivas casas. Tampoco con el tono de los “consejos sentimentales” que le había ofrecido por email. Entonces, al recordarlo, él cayó en la cuenta de otro detalle. Tess le había asegurado que no volvería a Londres por Navidad, que no planeaba “disfrutar de otro jet lag” en mucho tiempo.

Pero era Navidad, y ella estaba en Londres. Tomándose un café con él, aunque dijera que era una mala idea.

El corazón de Dakota lo festejó con un redoble antes siquiera de que la pregunta acabara de tomar forma en su mente…

¿Había regresado por él, para volver a verlo?

Al primer redoble siguió otro, y otro más…

Y luego, una sucesión de estremecimientos, anunciándole que el número de revoluciones se acercaba peligrosamente al límite…

Y finalmente, una sonrisa incrédula… Cuando él se descubrió agradeciendo que aquel bendito lugar estuviera tan lleno de gente, y que ella, la mujer culpable de ponerlo como una moto, fuera alguien tan poco dado a los numeritos. De otra forma, el espectáculo estaría servido.

Sin embargo, cuando instantes después, Dakota volvió la vista hacia ella, él ya no sonreía. Lo vio incorporarse en la silla e inclinarse hacia adelante sobre la mesa, hasta que ambos estuvieron muy cerca. Tess arqueó las cejas en un gesto característico que solía poner cuando aquel niño impertinente decía algún sinsentido, o ella intuía que estaba a punto de hacerlo.

Pero mientras él permanecía en silencio, sus ojos se ocupaban de desnudarla, y ahora le devoraban los labios…

Dejando a Tess, literalmente, sin aire.

Dime una cosa, nena… —murmuró, al fin. Su mirada ardiente se desplazó de la boca femenina, a sus ojos— ¿tengo pinta de ser de los que lo piden?

Ella tardó en sobreponerse al devastador efecto de aquel avance inesperado.

Tardó en conseguir que su respiración volviera a la normalidad, y también en lograr que el cerebro fuera capaz de centrarse nuevamente.

Con la vista fija en la pajita con la que removía su Mocca Frapuccino, a salvo de la intensidad de aquella mirada que aún la hacía temblar, Tess se tomó su tiempo, sabiendo que recuperaría el control de sus emociones. Así había sido siempre: no había llegado tan lejos en su vida y en su profesión por ser alguien voluble, precisamente.

Y así continuaría siendo.

Lo harás, Scott —respondió cuando estuvo segura de que su voz sonaría firme y serena—. Y yo te diré que no. Porque vivo en Boston, soy mucho mayor que tú, y mi hermana está enamorada de ti… ¿Podrás soportarlo?

Ella se puso de pie y cogió sus cosas. —No tienes pinta de ser de los que soportan que una mujer les diga que no.

Tess se alejó sin que Dakota hiciera el menor ademán de detenerla.

Su mirada, en cambio, dominada por el fuego que aún ardía en su interior, la siguió hasta que ella abandonó el local y se mezcló con la multitud que atestaba la calle.

_______________

© Patricia Sutherland

 

Nota del 13/03/2011:  esta entrada ha sido editada para actualizar el texto extractado de la novela, a la versión final de la misma.



Harlequin entra en el negocio de la autopublicación con DellArte Press

El gigante editorial Harlequin Enterprises Limited, anunció el pasado 17 de noviembre, la creación de Harlequin Horizons, una empresa de autopublicación para escritores de novela romántica y narrativa femenina, creada en asociación con Author Solutions, Inc. Tan solo siete días más tarde, la corporación elimina del nombre de la nueva división, toda mención a su conocida marca, y la cambia por DellArte Press.

En su comunicado original de prensa indicaban que aunque de todos los servicios relativos a la venta, marketing, publicación, y distribución de los libros se encargaría ASI, la empresa asociada, Harlequin seguiría los progresos de las ventas de los libros que se publicaran a través de la división (Harlequin Horizons) de cara a una posible selección para sus sellos tradicionales.

Los paquetes de publicación que ofrecían a los escritores a través de su web, continuán igual: van desde los $599 (básico) a los $ 1.599 (booksellers). Aunque, naturalmente, los servicios ofrecidos son variables, todos los paquetes incluyen el formateo digital para adecuarlo a los lectores Kindle (de Amazon) y Sony Reader.

La semana pasada, cuando me enteré, me pareció una buena noticia, especialmente teniendo en cuenta que en España tenemos a Harlequin Ibérica, pero a poco que indagué sobre el tema en internet resultó que la noticia no había sido bien recibida por escritores y lectores.

Quejas las había de todos los sabores, desde que Harlequin se había pasado al «Vanity Press» hasta acusaciones de «timo». No obstante, intentando centrar el tema, las principales objeciones eran:

1. Que prestando el nombre a libros autopublicados, se desprestigia la marca (Harlequin), y con ello a las autoras publicadas bajo los distintos sellos de la casa.

2. Que daba lugar a que escritoras nóveles -o no conocedoras del mundo editorial- vieran el proyecto como una forma de atraer la atención de Harlequin y ser publicadas por alguno de sus sellos.

3. Que eligir asociarse con otra empresa en un modelo de impresión bajo pedido era una forma de ir a la caza de escritoras crédulas.
 
Pero lo que dejó más claro la magnitud del efecto de esta jugada de Harlequin Enterprises en el entorno de la novela romántica norteamericana fue la posición que al respecto ha asumido la todopoderosa RWA (Romance Writers of America), la más importante de las agrupaciones de autoras románticas de Estados Unidos. Uno de los principales beneficios de que disfrutan sus miembros es su ya famosísima Conferencia Anual, durante la cual RWA asigna gratuitamente recursos especiales a editoriales que publican a la manera tradicional y que reúnen los requisitos necesarios para optar a dichos recursos. Naturalmente quedan excluídas las empresas de autopublicación y las denominadas «vanity press» que permiten a cualquier escritor publicar mediante la contratación de paquetes editoriales de distinto coste (generalmente, alto). Del comunicado oficial de RWA, resulta que el lanzamiento de Harlequin Horizons ha puesto a Harlequin Enterprises fuera de las condiciones requeridas para dicha elegibilidad, y por tanto, si desean tomar parte en la Conferencia Anual, lo harán pagando por la asistencia, el espacio, y la publicidad directa de sus obras en los catálogos de la RWA. Y no dicen, pero queda implícito, que por lo tanto, también quedan fuera de sus Premios.

La sensación con que me quedé es que esta decisión de Harlequin ha dolido por el lugar que ostenta entre las escritoras y lectoras del género en Estados Unidos, por su fama de «escuchar» a sus clientes (las lectoras) y darles lo que piden, lo que a su vez ha redundado en la oportunidad y el nivel de exposición que la empresa ha ofrecido a tantísimas autoras de novela romántica. Era como si se sintieran traicionadas.

Sin embargo, Harlequin no es la primera ni la única editorial que apuesta por este modelo de negocio. Otras editoriales importantes mantienen intereses económicos en el entorno de la autopublicación (o directamente, la llamada «vanity press») a través de alianzas -Random House/Xlibris, Amazon/CreateSpace, Barnes&Noble/Smashwords-, y eso no parece haber dañado su prestigio ni el de las autoras publicadas por la vía convencional.

Las acusaciones, a mi entender, no se sostenían. Menos aún en USA, donde este modelo de negocio lleva instalado varios años. Es obvio que para que una novela publicada por Harlequin Horizons -ahora DellArte Press- atraiga la atención de la casa matriz, las ventas tendrían que ser más que importantes. Y aunque, sin duda, hay personas crédulas, eso no convierte en estafas sus errores de juicio. Por otra parte, si una novela sin apoyos editoriales consigue tal repercusión ¿de qué manera estaría desprestigiando a las de las autoras publicadas por Harlequin? Los paquetes de publicación no son gratuitos, precisamente. ¿Que «diluye» la marca? Es posible, pero en todo caso sería una estrategia equivocada, no una estafa.

Imagínate mi sorpresa cuando hoy, verificando que el enlace de Harlequin Horizons que incluyo en esta entrada funcionara correctamente, veo que me redirecciona a la web de una empresa distinta, en la que no hay rastro de la palabra Harlequin en ninguna parte. Inmediatamente me puse a buscar información que explicara lo sucedido… y voilà, este artículo de Publishers Weekly despeja las dudas: fue la reacción de la RWA, que dejo a la alta plana de Harlequin «consternada», lo que los llevó a cambiar el nombre de la nueva división.
  
En fin… A riesgo de que parecer ingenua, diré que la alianza editorial me sigue pareciendo algo positivo -se llame como se llame-. Estoy convencida de que la diversidad nos enriquece, que la competencia no es una amenaza -todo lo contrario-, y que cuanto mayor sea el abanico de posibilidades a la hora de elegir, mejor.

 

Innovación y novela romántica.

En las III Jornadas de Novela Romántica se ha abordado nuevamente el asunto de la necesidad de que las escritoras del género en castellano planteemos nuevos escenarios, personajes, y estilos. Diferenciación, dicen, es la palabra clave, pero ¿qué se entiende, exactamente, por «nuevos» planteamientos? ¿Hasta qué punto podemos abrir el abanico sin salirnos de los parámetros que buscan las lectoras al momento de seleccionar una novela? Y especialmente, ¿está el mercado romántico -lectores y editoriales- preparado para dicha innovación?

Empezaré por aclarar que ya encuentro innovador poder pararme delante de las estanterías dedicadas al género en mi librería habitual y encontrar historias románticas narradas por escritoras españolas. Da igual dónde se ambiente o quiénes sean los personajes, para mí son sus voces lo que las hace diferentes. Y además, me parece increíble verlas allí. Si lo piensas bien, es algo que hace tan sólo tres años no era posible.

También diré que, personalmente, creo que el género en español áun está en pañales -me refiero a que son pocas las autoras publicadas y pocos los títulos que se han publicado-, y que no creo que estén dadas las circunstancias adecuadas para hablar de innovación: la coyuntura económica internacional ha propiciado que un mercado «conservador» como el editorial, se haya vuelto aún más conservador.

Pero, volviendo al encabezamiento de esta entrada, ¿qué entendemos por «nuevos» planteamientos y hasta qué punto nos permite «innovar» un género con requisitos tan definidos como el género romántico? Presentar héroes estilo Bardem, en vez de estilo Beckham o escenas en la Playa de la Concha, en vez de en Bora Bora, estaría muy bien -para el que le guste-, pero ni tengo claro hasta qué punto podríamos llamar a esto «innovar», ni mucho menos aún que las lectoras lo perciban como tal. 

Luego, está la cuestión del mercado. No creo que las aficionadas a la novela romántica busquen algo distinto; más bien al contrario, creo que adoran el género, siguen fielmente a las autoras con cuyo estilo conectan, y como desde hace tres décadas lo que les llega masivamente es romántica anglosajona traducida, eso es lo que disfrutan y buscan. Eso es a lo que están acostumbradas. ¿Que puede cambiar con el tiempo? Desde luego, pero aún no lo ha hecho. Y ésto nos lleva al siguiente punto.

¿Qué sucede con las editoriales y la innovación? Bueno, creo que para comprenderlo no hace falta más que echar un vistazo a los títulos publicados de autoras españolas, y analizar cuántas se salen de la fórmula convencional, y en qué medida. Hay casos -editores jóvenes con proyectos innovadores-, pero el mundo editorial en general, no se caracteriza por arriesgar. Van sobre seguro y si una fórmula les funciona, repiten. Como cualquier negocio. ¿Que puede cambiar? Con el tiempo las fórmulas que funcionan pueden cambiar, sí. A medida que las lectoras descubran la novela romántica en español y les guste, y eso se vea reflejado en las cifras de ventas, la balanza se irá inclinando a nuestro favor.

Para mí la clave, hoy por hoy, no está en la diferenciación, sino  en el tiempo.

 

Lectoras juveniles de novela romantica.

Crece el número de lectoras juveniles de novela romántica en España.

twilightHace varios meses, cuando publiqué la entrada Saga Crepúsculo; ¿por qué engancha?, una de las cosas que más me sorprendió fue que, tanto en otros blogs como en el mío, los comentarios que dejaban los visitantes coincidían en un aspecto positivo de la saga: que gracias a ella, millones de adolescentes en todo el mundo se habían iniciado como aficionados en la lectura de ficción en general, y de novela romántica, en particular. Yo me animaría a añadir que también acercó el género a muchas mujeres adultas; Crepúsculo la leyeron multitud de jovencitas, y también sus madres.

Esta realidad se vio recogida en USA en los datos de 2007, sobre hábitos de compra de libros: las lectoras de edades comprendidas entre los 14 y los 24 años constituyeron el grupo que concentraba el mayor porcentaje de preferencia por el género (23,9%), seguido del de lectoras con edades comprendidas entre los 55 y 64 años, con el 22,4%. ¿Pero, cómo son las cosas en España?

Cuando filtré y compilé los recursos online dedicados a novela romántica que aparecen en mis Conexiones Románticas encontré llamativo que con diferencia de cuatro meses escasos entre sí, se hubieran creado -por parte de gente muy joven, por cierto- dos recursos específicamente centrados en el tema: letrasyescenas.com, que cubre romántica juvenil y adulta, y juvenilromantica.es, que se dedica exclusivamente a romance juvenil.

Este fin de semana pasado, durante las Jornadas de Novela Romántica en Sevilla, mi sorpresa fue mayúscula al comprobar que el público juvenil es mucho más que meramente representativo, y que no sólo lee romance juvenil; dominan la romántica, devoran sus sagas, novedades y reediciones, y son lectoras muy ávidas.

Así que de regreso en casa, y a falta de estudios españoles de mercado que me orientaran, le dí vueltas a la idea de cómo averiguar, aunque fuera de forma aproximada, la dimensión del colectivo que estas jóvenes lectoras representan… y me puse al tajo. En esta ocasión la sorpresa fue SORPRESA.

Utilizando un analizador de tráfico (Alexa) he sabido que Juvenil Romántica -una web en formato blog que existe hace poco más de año y medio- ostenta el puesto 9.369 del ranking español por tráfico, y el 275.880 del ranking general (toda la web). El 65% de sus visitantes procede de España.

¿Que estas cifras no te dicen nada?

Vale. Si eres aficionada a la novela romántica sabrás que la web temática española mejor rankeada es Autoras en la Sombra. Según el mismo analizador de tráfico, Autoras ocupa el puesto 7.011 del ranking español, y el 182.594 del ranking general. ¿Qué tal, ahora?

Como dijera aquel conocido torero: «en dos palabras, im-presionante».

¿No te parece? ;-)

Sobre novela romántica, críticas divertidas y sinopsis irrepetibles

tallerEsta semana es especial para las personas que por profesión o por afición estamos relacionadas con el mundo de la novela romántica, y en mi caso podría perfectamente colgar el cartel de «cerrado por Jornadas» ¹ (¡o publicarlo en una entrada!). Sin duda, estoy en frecuencia romántica total, pero…

Regresé de casualidad a un blog que hacía algún tiempo que no visitaba, y pasé un rato tan bueno leyendo una crítica salada, salada -desternillante, diría- sobre una novela romántica que se publicó este verano, que decidí dedicarle estas líneas.

A pesar de que hay críticas para todos los gustos (y disgustos), estoy convencida de que es posible «criticar» con gracia, y  creo que las aficionadas conocemos muy bien qué aspectos del género han mejorado, y cuáles no, y somos las primeras en tomarnos con humor una frase desafortunada de la autora -o pésimamente traducida-, o una de esas portadas infames…

En este caso, la crítica arremete contra la sinopsis y le dedica el párrafo final a la portada, que también se las trae. No es la primera vez que hago referencia a un texto escrito por este blogger; el anterior también me pareció muy divertido pero éste, te aseguro, no tiene desperdicio. Así que te dejo con Amar a Morgan; a ver qué te parece.

Yo, desde luego, me he reído lo que no está escrito ;-)

¹ Me refiero a las III Jornadas de Novela Romántica que se celebrarán en Sevilla los próximos días 6 y 7 de noviembre, evento del que encontrarás más información aquí.

=*=*=*=*=*=*=*=*=*=*
Image by WorldofLongmire. ¿Conoces las portadas de Longmire? ¿No? Son para partirse…

Novela romántica: veinte años no son nada

Hace unos días, dando vueltas por internet, dí con un artículo titulado «La buena salud de la novela romántica». Era de El País, y la verdad, no me sorprendió; últimamente todo el mundo habla de este lucrativo género, aunque sea para decir las mismas cosas de siempre. Total, que hice clic y avancé por el texto rápidamente -sin fijarme en detalles- con el filtro anti-memeces activado, buscando aquella palabra, frase o concepto que despertara mi interés lo bastante como para darle una segunda leída más profunda al texto.

Sucedió por el segundo párrafo, cuando leí:

«…Acaso en el colino de la autocomplacencia admitimos que Gabriel García Márquez o Umberto Eco traspasan la frontera mítica de las ventas en el supermecado, o que el éxito de aquel autor novel que da bien en televisión y escribe sobre recuerdos de la provincia le garantiza una segunda edición. Y punto. Pero, como ocurre casi siempre, el punto está en otra parte, donde nuestros ojos ciegos de mirar ya no ven nada. Penny Jordan…»

¿Penny Jordan? (Casi me da miedo añadir lo que pensé a continuación) ¿Quién es Penny Jordan? Abrí otra pestaña e hice una búsqueda rápida en Autoras en la Sombra, pero no obtuve resultados, y esto sí que me resultó raro. ¿El País le dedica un artículo a una escritora de romántica que no aparece en la mejor base de datos en español sobre novela romántica? Raro, rarísimo.

~~*~~*~~*~~*~~*~~

bookcoverSi como me sucedió a mí, no te suena el nombre de Penny Jordan, aquí tienes unos enlaces acerca de esta súper prolífica escritora, incluido el de su página web oficial.

Wikipedia: Penny Jordan
Harlequin Iberica: Listado de libros disponibles de Penny Jordan
Jeques y Sultanes, Libros de Penny Jordan en UniversoRomance
Web Oficial de Penny Jordan

~~*~~*~~*~~*~~*~~

Como te imaginarás, volví al artículo en cuestión, y esta vez sí, comencé a leerlo detenidamente desde la primera línea y cuál no sería mi sorpresa cuando descubro que se trataba de una noticia de hace veinte años. Sí, según los señores de El País, la novela romántica gozaba de buena salud ya entonces. Aquí tienes el enlace.

Sin embargo, al menos, en novela romántica, veinte años no son nada.

O eso parece.

Con distintos nombres, y distintas cifras, la prensa no especializada continúa diciendo más o menos lo mismo:

  • que se trata de lectura de entretenimiento con un imprescindible final feliz, cuyo principal público es femenino y busca a través de ellas relajarse y evadirse de lo cotidiano,
  • que los protagonistas masculinos son siempre hombres perfectos (léase, «perfectamente irreales»),
  • y que en lengua castellana, España tiene en la desaparecida Corín Tellado, su representante romántica a nivel internacional.

Algo sí ha cambiado, y es que a diferencia de lo que dice el artículo en su párrafo final, las editoriales españolas muestran un claro interés por el género, y están apostando por escritoras en lengua castellana.

Me pregunto cómo estará el panorama dentro de otros veinte años. ¿El género seguirá siendo considerado literatura de segunda? ¿Alguien ocupará el trono que Corín Tellado dejó vacante, o internacionalmente continuará como punto obligado de referencia cuando se trata de novela romántica española?

¡Ay, quién tuviera una bola de cristal!

El muñeco de nieve, un relato romántico

Hoy ha salido el sol en mi comunidad y no me apetece referirme a páginas en blanco, ni a novela romántica. Hoy me siento romántica.

Así las cosas…

¿Qué tal si te dejo en compañía de una historia de amor?

¡Que la disfrutes! ;-)

~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

El muñeco de nieve

– I –

 

in_love_1     Marc aprovechó el movimiento de calzarle el gorro al muñeco de nieve para echar un vistazo al reloj disimuladamente. Al día siguiente a esa misma hora Sussy estaría de vuelta en la Mansión Halliwell, con papá y mamá.
     Y él, hecho polvo, con trescientos cincuenta días por delante hasta que ella regresara. Suponiendo que lo hiciera.
     —Vuelve conmigo —dijo Sussy dándole un tirón a su bufanda—. Te decía que la naríz está torcida y eso parece cualquier cosa menos una boca.
     Él sonrió resignado. Claro, tenía que ser perfecto. Capturar la esencia de una felicidad efímera y hacerla durar hasta que volvieran a ser felices durante otros quince días.
     Sólo que hacía tiempo que él no conseguía hacerla durar y últimamente hasta capturarla le resultaba difícil.
     Dos semanas no era suficiente. Para él, ya no. Quería más, necesitaba más.
     —¿Mejor así? —dijo Marc, y se restregó las manos para hacerlas entrar en calor.
     Sus trenzas estilo Heidi se sacudieron graciosamente cuando Sussy asintió varias veces, y una sonrisa le iluminó la cara.
     ¿Cómo podía estar tan contenta sabiendo que pronto volvería a haber siete mil kilómetros entre los dos?
     —Estamos listos, Annie. Dispara cuando quieras —dijo Sussy a su amiga, y se volvió hacia él—. ¿Patata o whisky?
     Marc no respondió, se limitó a sonreír a la cámara.
     Quizás después de todo, pensó, para Sussy él no fuera más que un capricho de niña de alta sociedad.

– II –

 

     Respiré hondo, dejé que el aire frío de la montaña me llenara los pulmones y miré alrededor. Saint Moritz tenía unas vistas hermosas y el día era perfecto, pero lo que hacía brillar aquel paisaje era Marc.
     Siempre había sido él, aunque mi padre pensara que yo me merecía algo mejor y mi madre perjurara que si me casaba con Marc, la mataría de un ataque al corazón.
     ¿Qué hombre podría ser mejor para mí que uno capaz de aceptar semejante tortura sin perder la sonrisa, sólo por verme feliz?
     A veces, cuando lo miraba así, abstraído en construir un muñeco de nieve inolvidable, pensaba que lo nuestro se reducía a eso; un instante de plenitud que sólo vivía en una fotografía de postal navideña. Pero ya no lo pienso.
     Aunque bien visto, aquel muñeco estaba resultando de los que mejor olvidar. Faltaba simetría y no iba a arreglarlo con un gorro. Intenté hacérselo notar pero la abstracción de Marc era profunda.
     —Vuelve conmigo —le dije, y tiré de su bufanda para que dejara de pensar en la despedida—. Te comentaba que la nariz está torcida y eso parece cualquier cosa menos una boca.
     Él, como siempre, sonrió.
     —¿Mejor así? —me preguntó frotándose las manos. A estas alturas debían estar heladas porque se había quitado los guantes de lana para que la nieve no los mojara.
     Mucho mejor. Cuando le puse mi bufanda alrededor del cuello, el muñeco me pareció ideal.
     —Estamos listos, Annie. Dispara cuando quieras —le dije a mi amiga. Y a Marc, lo que le decía siempre—. ¿Patata o whisky?
     Él solía elegir «whisky»; yo por llevarle la contraria, «patata».
     No respondió. Aunque su sonrisa preciosa continuó allí, su mente ya me acompañaba a tomar el avión.
     Yo me volví hacia la cámara con mi mejor sonrisa. Quería una foto perfecta para un momento que jamás olvidaríamos.
     Porque esta vez, yo no volvería a Boston.

– III –

 

     Esa fue la última vez que Sussy y yo nos fuimos a esquiar juntas a Saint Moritz. Recuerdo que aquel día ellos me parecían distintos. Sussy era una sonrisa con trenzas y lo de Marc… No sé, era demasiado silencio hasta para un suizo alemán.    
     Él fabricó el consabido muñeco de nieve que ponía fin a las dos únicas semanas al año que pasaban juntos. Ella le pidió que retocara la nariz y la boca que no habían quedado bien y cuando él lo hizo, Sussy se quitó la bufanda y la puso alrededor del cuello del muñeco. Los dos sonrieron a la cámara. Encuadré y disparé la misma foto que venía haciendo el mismo día de los últimos tres años.

     Entonces, no tenía la menor idea de que aquel ritual no volvería a repetirse.

     Al día siguiente los tres fuimos al aeropuerto, pero sólo yo volví a Boston. Sussy me dio la foto. «Quédatela, Annie, a mí ya no me hace falta» me dijo al despedirnos.

     Bendito sea el amor.

_______________

© Patricia Sutherland.

 

Sobre escritores, páginas en blanco y el síndrome burnout

empty_pageNormalmente no le habría prestado mayor atención a otro artículo relacionado con la famosa página en blanco del escritor, o con el síndrome de marras. Si alguna vez estuve bloqueada o quemada, la verdad, no me acuerdo así que lo más probable es que lo atribuyera a la falta de sueño o a los cambios bruscos de tiempo, y no le diera importancia. Pero me hizo gracia el título Cinco cosas a hacer cuando tienes el síndrome burnout del escritor. «¿Síndrome ‘estoy quemado’?», pensé, «Já, eso no existe en mi diccionario»… (1)

Y resultó que justamente así comenzaba el artículo. La autora, Bobbi Linkemer, es editora, coach literario y ghostwriter. Ha publicado 14 libros y tiene a la espalda cuarenta años de experiencia como escritora profesional. Desde su juventud ha sido una adicta a la escritura, una adicción de la que dice nunca se ha rehabilitado, y aun así, admite que se ha sentido «quemada, agotada y bloqueada» en varias ocasiones. Así que, por eso de que «cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar», decidí continuar leyendo.

Realmente, Bobbi ofrece una perspectiva algo diferente de lo habitual que he leído sobre el tema. El artículo estaba incluido entre varios de otros escritores, en una publicación electrónica y aunque lo he buscado en la web de la autora para poner el enlace, no he podido encontrarlo. Así que resumo (y comento) abajo los puntos centrales:

1. Nunca digas nunca: esto es aplicable a todas las cosas en la vida. Es la palabra que con toda seguridad te hará la zancadilla, ya que no es posible saber qué nos deparará la vida o de qué manera nos sentiremos cuando nos toque enfrentarnos a algo inesperado.

 «Nunca» y «siempre» son palabras que no me gustan. Las uso cuando escribo ficción por su carga dramática, pero en lo personal las encuentro demasiado definitivas. Ambas llevan implícita una rigidez antinatural con la que no consigo identificarme. La vida es cambio. Empezando por nosotros mismos, nada permanece inalterable. La supervivencia pasa necesariamente por la adaptación.

En el aspecto profesional el e-publishing nos ofrece un ejemplo claro. Hace seis o siete años publicar una obra electrónicamente se consideraba una opción de cuarta categoría, para muchos escritores ni siquiera eso. Era un «nunca» definitivo. Recuerdo perfectamente el revuelo que se organizó entre escritores de élite y público en general cuando en 2003 Cory Doctorow publicó una versión digital (de descarga gratuita, por supuesto) bajo licencia Creative Commons de su novela de ciencia ficción «In and Out the Magic Kingdom» al mismo tiempo que salía al mercado la versión impresa. De hecho, tengo en mis archivos un artículo de aquella época escrito por un editor norteamericano, en el que dice lisa y llanamente que publicar digitalmente, no es publicar. Tan solo seis años más tarde, el pasado 14 de octubre, el periódico El País abrió su sección de Cultura con este titular: «Francfort se rinde al libro electrónico». El subtítulo es así de taxativo: «El «e-book» ganará al soporte tradicional en 2018. Un 25% del negocio será digital en dos años. Los editores españoles toman posiciones».

«Nunca» ya está aquí, con todo lo que traerá aparejado en torno a los derechos de autor y las condiciones en que se venderán las obras digitales y cómo nos afectará.

2. Admítelo. Estás cansada. Estás harta de hacer lo que haces. Odias a tu jefe/editor/cliente. Estás desmotivada. Eres escritora y estás bloqueada […]. La cuestión es, no lo niegues ni forcejees con ello. Detente, y toma consciencia de lo que está sucediendo en tu interior. El cuerpo no miente, y si está haciendo un nudo contigo, existe una razón.

 No estoy harta de hacer lo que hago ni odio a mi jefe/editor/cliente, ni mucho menos, estoy desmotivada o bloqueada. Pero soy mujer, y como la mayoría de mis contemporáneas «me enchufo» por la mañana y «me desenchufo» por la noche, de modo que sí he sentido los efectos del cansancio y en mi caso, con admitirlo no fue suficiente. Mi problema es que me apasiona lo que hago, y me cuesta parar. Así que además de reconocer que mi cuerpo estaba pidiendo a gritos que rebajara la marcha, tuve que implementar algunas medidas de emergencia. Entre ellas, hay una que me está dando muy buenos resultados: he programado el escaneo del antivirus para que se lance a una hora determinada cada día. Consume tantos recursos del sistema, que si aún estoy dándole a las teclas cuando empieza, tengo que dejarlo sí o sí porque todo se vuelve irritantemente lento.

3. Que no cunda el pánico. Cuando te sientas quemada, cansada, que estás escribiendo de forma mecánica o que estás demasiado bloqueada para intentarlo siquiera -y alguna vez te sentirás de esta manera-, tómate un recreo […] Lee un libro, relájate frente a la televisión, pon tu CD favorito, limpia el suelo, arregla tu coche, haz yoga o taichi o karate. Haz cualquier cosa, menos escribir.

4. Sé consciente de que se te pasará. Aún eres una escritora, de hecho, una buena escritora. No has perdido tu talento ni la pasión por escribir […] Sé como los taoístas: deja que fluya. No te torturas tanto cuando tienes la gripe ¿por qué hacerlo con este malestar pasajero? Ponlo a cuenta de una fase temporal, y sigue adelante.

 Creo que 3. y 4. van de la mano. Muchos tendemos a pensar -especialmente, las mujeres- que el mundo -nuestro mundo- se derrumbará si no estamos ahí dando el callo, y asegurándonos de que todo marcha según lo previsto. La realidad, mal que nos pese :-), es bastante menos dramática. La clave está en concedernos el tiempo y el espacio suficiente para aprender a ver las cosas con la mayor perspectiva posible, y sin duda empezar por serenarse y tomar conciencia de que sea lo que sea, pasará, es un buen comienzo. Sí, ya sé, no me lo digas… ¡Jolines, cómo cuesta! 

5. Piensa en ello detenidamente. Si es serio, si es contínuo, si es doloroso y se resiste a irse, es posible que necesites hacer algo más al respecto que distraerte viendo una película o yendo a patinar. Es posible que necesites considerar detenidamente qué está sucediendo y si en verdad es hora de cambiar de actividad […].

 A veces idealizamos nuestros propios sueños sin darnos cuenta y sólo vemos de ellos lo positivo, lo atractivo. Una antigua amiga de mis padres soñaba con retirarse a vivir a las afueras de la ciudad, en una gran casa de campo. Había crecido en una pero por requisitos de su profesión acabó convertida en una urbanita con un piso pequeño del que no veía la hora de irse. Finalmente lo consiguió: cuando le llegó la hora del retiro, se construyó una preciosa casa de tres plantas en un pueblo tranquilo y allá que se fue. Hace algún tiempo hablé con ella por teléfono. «¿Qué tal tu casita?» le pregunté. «Si hubiera pensado en el trabajo que me daría mantenerla, le habría quitado dos plantas a mi sueño», me respondió ella con resignación.

La profesión de escritor, como todas, también tiene su lado inconveniente. La «página en blanco», las cartas de rechazo, la indiferencia con que a veces se trata un manuscrito en el que has invertido meses de trabajo, las (malas) críticas… son parte del territorio del escritor. Constituyen la otra cara del sueño de «publicar», una cara que puede llegar a convertir algo apasionante en una tortura si no se maneja adecuadamente. Como dice el refrán, «cuando coges el palo, coges las dos puntas».

Si quieres echar un vistazo a la web de esta escritora, está aquí.

Nota: ¡Lo encontré! La versión original del artículo es esta (en inglés).
 
(1) En parte es cierto que no constaba en mi base de datos :-) ¿Sabías que el síndrome burnout o lo que vulgarmente se conoce como «estar quemado» es, efectivamente, un síndrome con sus correspondientes síntomas psico-físicos perfectamente definidos? Yo acabo de enterarme. Más información sobre eso aquí.