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Acerca de patriciasutherland

Además de escribir novela romántica y leer, adoro la música. Me gusta el jazz, el r&b y últimamente, el country moderno. Encontrarás más información sobre mí, en la pestaña correspondiente de mi blog.

Sobre el séptimo cielo, gusanillos románticos y encuentros muy esperados.

El lunes pasado, 7 de febrero, acabó oficialmente el preestreno de Princesa y no tengo ningún problema en reconocer que sigo mirando el mundo desde el Séptimo Cielo. Es más, estoy convencida de que necesitaré unos cuantos días más para volver a poner los pies sobre la tierra como cualquier humano normal :)

Ha sido una experiencia tan a-lu-ci-nan-te… que, problemas técnicos aparte -que Blogger nos ha dado y más de lo que a priori preveíamos-, la repetiremos. Sin duda.

La recepción de Princesa por parte de las lectoras invitadas ha sido tan… espectacular que cada día que visitaba el panel de control para ver qué comentarios había esperando aprobación, indefectiblemente, me llevaba una sorpresa. Tendrás ocasión de verlos muy pronto cuando el minisitio esté enlazado a Jera Romance, y se abra el acceso.

Sin embargo, no todas las personas que navegan por internet gustan de participar activamente dejando su opinión en blogs o foros, y aunque había lectoras que sabíamos que nos seguían capítulo a capítulo -a través de los analizadores de tráfico especiales que añadimos al minisitio, y con los que también cuenta este blog-, no hemos conocido realmente su opinión hasta hace unos días, cuando completaron una encuesta sobre la novela… y ¡MENUDA SORPRESA! Todavía estoy en shock… Así que, sólo diré, a modo de anécdota, que hubo una lectora que a la pregunta «De 0 a 10 ¿cómo calificarías esta novela?, ¡respondió 11!

¡Madre mía, casi me caigo de la silla al verlo! :)

Con tanta emoción, no me acordé de que se acerca a pasos agigantados una fecha muy especial, San Valentín. Por suerte, mis compañeras de Jera Romance no se olvidan de alimentar el gusanillo romántico y lo han tenido bien presente: acaban de anunciar que… ¡vuelven las promociones especiales de Jera Romance! Encontrarás toda la información  en este enlace.

Pero, a pesar, de mi estado extático, cuento las horas que quedan para un encuentro que, estoy segura, no sólo yo espero con ansiedad:  el I Encuentro RA. ¡Ya casi estamos allí, a muy poquito de volver a abrazar a viejas amigas y conocer a otras nuevas! ¡Qué ganas!

Y hasta aquí mi entrada de hoy. Que tengas un fantástico San Valentín.

Ah, y si alguna de las encuestas sobre Princesa lleva tu firma, que sepas que eres responsable de mi ascenso al Séptimo Cielo. Conocer tu opinión sobre mi trabajo ha sido una GRAN emoción y una GRAN alegría. GRACIAS, desde el fondo de mi corazón.

Dos encuentros literarios muy interesantes en Madrid: Anika Entre Libros y RA (Romántica Adulta)

El 2011 comienza con dos eventos importantes para los aficionados a la lectura, que se celebran en Madrid: el I Encuentro RA (Romántica Adulta) y el I Encuentro Nacional Anika Entre Libros.

Hoy te traigo algo diferente a lo habitual en mí. Es más, tenía programada una entrada especial dedicada a la novela romántica, pero estos dos eventos me parecieron tan interesantes, y tan asequibles (por una vez, no tendré que pelearme con mi agenda para poder asistir), que no dudé un instante en cambiar la programación para hacerles un hueco en mi blog.

Estas son las «cabeceras» de los dos encuentros, listadas por fecha:

I Encuentro Nacional Anika Entre Libros – Madrid, 29 y 30 de enero.
Un fin de semana literario con presentaciones y sorteos de libros para todos los gustos: literatura infantil, juvenil, fantástica, ciencia ficción, histórica, género negro, misterio, terror… Es gratuito y ¿he dicho ya, que se celebra en Fuentetaja, mi librería madrileña favorita? ¿No? Pues eso.
Todos los detalles, horarios, y un largo etcétera en esta entrada de Anabel Botella.

I Encuentro RA (Romántica Adulta) – San Sebastián de los Reyes (Madrid), 12 de febrero.
Un día dedicado a la novela romántica adulta, con mesas redondas en las que tomarán parte las autoras: Menchu Garcerán, Mar Carrión, Ebony Clark, Ana R. Vivo, Olivia Ardey, Megan Maxwell y Noelia Amarillo, entre otras.
¡No te lo puedes perder! Espero verte allí :)
Todos los detalles en el blog de las organizadoras, Yo leo RA.

 

Sutherland, mi blog en 2010.

Alrededor de 3 millones de personas visitan el Taj Mahal cada año. Este blog fue visto cerca de 33,000 veces en 2010. Si el blog fuera el Taj Mahal, se necesitarían alrededor de 4 días para visitarlo.

Así comienza el informe que recibí el primer día hábil de 2011, de WordPress sobre la performance de Sutherland, mi blog, durante 2010.

Bueno, el Taj Mahal es uno de esos monumentos de ensueño que me encantaría conocer, y 33.000, una cifra que todavía ahora que la escribo me parece increíble. No ofrezco descargas gratuitas, ni publico imágenes que quiten el aliento, no hago reseñas, y desde luego, no escribo sobre Justin Bieber o Miley Cyrus, así que opino que los chicos de WP se las han ingeniado a la perfección para asociar en un mismo párrafo dos ideas muy atractivas para mí. Consiguieron que, alguien tan poco inclinada a tomar en consideración cifras fuera de su contexto como para ni siquiera haber incluido un contador de visitas en mi blog hasta hace veinte días, no sólo haya leído el informe; además lo comparta contigo a través de esta entrada.

Como comentaba en mi post de la semana pasada, el informe no dice nada que no supiera ya, pero además de permitirme verlo en perspectiva y alegrarme por el camino recorrido -algo que suelo pasar por alto más veces de las que me gustaría-, me ha ofrecido «flashes informativos», que a su vez, han disparado alguna reflexión o simplemente, confirmaciones. Sobre ellas voy a hablarte hoy.

1) Los sitios que refirieron más tráfico a mi blog durante 2010 fueron: search.conduit.com, wordpress.es, google.es, y nieveshidalgo.blogspot.com.

Para empezar, ni siquiera sabía que había algo llamado «search.conduit.com». Gogleando sobre el tema he visto que tiene sus detractores, pero también sus defensores.  Aquí encontrarás información sobre qué es y cómo usarlo.

WordPress.es y google.es: los buscadores indexan mis entradas, y todas ellas tienen «tags» muy definidos, lo cual significa, entre otras cosas, que el interés por la novela romántica y temas relacionados crece muy saludablemente. ¡Yupi!

Nieveshidalgo.blogspot.com: su tráfico también está creciendo, como no podía ser de otra manera, y aparte de alegrarme un montonazo por ella quiero decirle… ¡Gracias, Nieves! :)

2) Las palabras que más usaron los internautas para llegar a Sutherland durante 2010 fueron: novela romántica histórica, novela romántica y (ahhhhh!) patricia sutherland.

Para las dos primeras, la reflexión viene en el apartado siguiente. En cuanto a «patricia sutherland»… Bueno, recuerdo que la primera vez que el panel de WP me mostró una búsqueda bajo mi nombre fue allá por noviembre de 2007, cuando vio la luz Primer amor, la segunda de mi serie Sintonías. Entonces, he de admitir, que casi me caigo de la silla de la sorpresa. Tres años, 140 entradas y 4 páginas más tarde, me sigue haciendo ilusión que «me busquen», pero me parece infinitamente más importante que me encuentren y qué encuentren cuando lo hagan: para mí cada post es un asunto muy serio, incluso los que parecen más «divertidos», y me sigue corriendo el mismo frío por la espalda cada vez que pulso el botón «publicar». Hace mucho que dejé de esperar que eso cambie, y en parte me gusta: me ayuda a recordar que si me pongo nerviosa es porque lo que hago es importante para mí y me apasiona tanto como el primer día.

3) Las dos entradas más visitadas en 2010 fueron, en orden de relevancia, éstas:

Novela romántica histórica: los diez mejores romances medievales.
Novela romántica erótica: cuando lo demasiado explícito quita protagonismo a una gran historia.

Si miramos esta información en relación a lo que comento en el párrafo anterior respecto de las palabras más buscadas, da la impresión de que hay una preponderancia en favor de la novela romántica histórica, lo cual, en principio casaría con la línea editorial para 2010 (1) de las principales editoriales románticas que publican obras originales en lengua castellana. Especialmente, si añadimos el dato de la segunda entrada más visitada que se refiere a la novela romántica erótica.

Reflexión: ¿Crees que es así? ¿Refleja, realmente, las preferencias de las lectoras de habla hispana? ¿O es como el debate sobre la telebasura, una «elección» condicionada por la naturaleza de la oferta?

Y por último…

4) La página más visitada de Sutherland en 2010 (aparte de mi «home page») fue… 

¡Conexiones románticas!

Me ha dado muchísima alegría verla allí, peleando por su merecido lugar en las estadísticas. Creo que es una página importante porque refleja, por sí sola, el impresionante crecimiento de la novela romántica en lengua castellana. Representa la consecución de una aspiración: poder tener nuestras novelas escritas por nuestras escritoras en nuestra lengua, y también el inmenso esfuerzo y dedicación que hemos puesto en ello todas: escritoras, (agentes y editoras, aunque no aparezcan listadas), bloggers, reseñadoras, administradoras de webs y foros, y por supuesto, el apoyo continuado de las lectoras del género. Como ves me he permitido escribirlo en femenino. No es ninguna alusión de tinte sexista; más bien es una conclusión objetiva: siempre se ha dicho que la novela romántica es territorio femenino. ¿De quién van a ser los logros, sino nuestros?

Antes de acabar quiero hacer mención de la excelente performance de las herramientas que WP pone a disposición de sus bloggers, sin las cuales la creación, edición, programación y difusión de las entradas/rss sería infinitamente más laboriosa. Soy usuaria convencida y satisfecha de Google y la mayoría de sus productos, pero en tecnología blog (gratuita) mi elección, a ojos cerrados, sigue siendo WordPress.

El último parrafo es para ti, que me sigues en esta aventura, o me sorprendes con tus comentarios, o simplemente me lees porque pasabas por aquí y has decidido detenerte…

Gracias por estar ahí, al otro lado de la pantalla, compartiendo este instante conmigo.

(1) He dejado fuera del tema a la novela romántica paranormal, -que también se publica y mucho, como todos sabemos-, porque al no haber cubierto el tema en mi blog, no existen búsquedas ni referencias registradas al respecto en las estadísticas de Sutherland.

Este maravilloso oficio de escribir… novela romántica

Acabé el 2010 repartiéndome entre dos actividades que adoro: pasar tiempo con la gente que quiero, y leer. Y empecé el 2011 haciendo algo que me vuelve loca: bailar hasta el amanecer (para más, en un sitio fantástico)… y ahora me siento feliz de retomar mi pasión «number one»: escribir.

Empiezan a apilarse los recortes a utilizar de base para nuevos textos, los enlaces de recursos online que explorar y compartir, los (posibles) argumentos de futuras novelas… y recupero esa sensación cómoda, tan familiar, que me indica que este es mi mundo. Vuelvo a ser Patricia, la escritora, y como me sucede desde hace años, ¡es una experiencia fenomenal!

A ésto se ha sumado el informe de «performance» de este blog durante el año pasado que he recibido de WordPress y que compartiré contigo más tarde. Aunque no dice nada que no supiera ya, me ha servido para detenerme, pensar en ello ¡y alegrarme! ¿No te sucede, a veces, que estás tan concentrada en lo que queda por hacer que pasas por alto disfrutar de lo que ya está hecho, de lo que has conseguido? Seguro que sí; es algo muy nuestro (de las chicas). 

Este principio de año, además, me está ofreciendo descubrimientos nuevos que han venido de la mano de aquella «idea loca» que tuve hace unos años y por fin pude poner en práctica el día de Navidad de 2010: hacer un «preestreno» de mi nueva novela, Princesa. Considero un privilegio que me leas -lo he dicho en más de una ocasión-, y recibo con sorpresa y agradecimiento los comentarios y correos de los visitantes. Pero lo que está sucediendo en el «pase privado» de Princesa es una novedad para mí, y me tiene completamente maravillada. De verdad que no salgo de mi asombro al comprobar qué agradecidas sois las lectoras del género, cómo os implicáis en lo que leéis y lo expresáis en vuestros comentarios. Cómo celebráis, y os afligís con los «quiebros» de las tramas, y os adueñáis de los personajes, haciendo que cobren vida más allá del papel… Pensar que yo quería haceros un regalo bien especial por Navidad ¡y resulta que el regalo me lo habéis hecho a mí! Estoy alucinando :)

Por eso este Domingo, cuando leía en la revista dominical de El País, el artículo  «Por qué escribo» de Jesús Ruiz Mantilla, no tuve ningún problema en elegir la respuesta con la que me identifico. Es de David Safier y dice así:

¿Se acuerda de cuando era niño y jugaba? ¿Inventando historias disparatadas con figuritas de indios, vaqueros o pitufos? ¿O simplemente imaginando en la bañera que era el capitán de un barco pirata que buscaba un tesoro en medio de la tormenta? ¿Se acuerda de cómo se sentía cuando jugaba con otros niños en la calle y vivían increíbles aventuras haciendo de exploradores, cazadores o agentes secretos, luchando contra dinosaurios, monstruos o supermalos que querían destruir la tierra con rayos mortales? Pues bien, todo eso es lo que yo hago todavía. Jugar con la imaginación. Cada día de mi vida. Y lo seguiré haciendo hasta que me muera. O me vuelva loco. Es lo que me gusta. Y por eso escribo. ¡Hay alguna otra cosa mejor!

Yo añadiría: «¡Hay alguna otra cosa mejor [que escribir romántica]!» :)

Mi último post de 2010

Bueno, ya está aquí este momento ideal del año en el que cierro el portátil y me dedico a pasar tiempo de calidad con la gente que quiero, y también a «acariciar» las nuevas ideas y proyectos que tengo para el próximo año… ¡que son muchísimos!

Me despido con esta fántastica fotografía titulada «La calma después de la tormenta», y mis mejores deseos de que el 2011 sea un súper año para ti y los tuyos.

¡Felices Fiestas y hasta el año que viene!

 

The Calm After the Storm

 

P.S.: No olvides echarle un vistazo a mis Conexiones Románticas ¡acabo de actualizarlas!

 

Novela romantica : el futuro digital del género – IV, y una anécdota.

El pasado domingo 19 de diciembre, El País publicó un artículo dedicado a la novela romántica en formato digital, que me gustó leer porque corrobora lo que muchas aficionadas al género y a los libros digitales creíamos, a pesar de todas las reticencias que el sector editorial mostraba hasta hace muy poco.

La novela romántica en formato digital crece saludablemente, y eso que los precios en España no son precisamente «de oferta». Como apunta Eva, de Autoras en la sombra, pedir 16€ (o más) por la versión digital de una novela que impresa cuesta 18€ no es un ahorro significativo. Mucho menos, si no estás acostumbrada a leer en un ebook. Pero sin duda, la posibilidad de acceder inmediatamente a la novela que estás buscando, favorece la decisión de hacer clic en el botón «comprar». En mi caso, sin duda, así es.

Con montones de títulos disponibles en versión digital a través de Amazon.com, Libranda, Todoebook, y más recientemente,  Nookbook de Barnes& Nobles (¡todo el catálogo de Vestales está allí!) las lectoras y escritoras del género estamos de parabienes. Si sumamos la oferta de las autoras digitales independientes… ¡tenemos todo un universo romántico para llevar en el reader! Un universo que podría crecer exponencialmente si, como dice Irene Muzas Calpe, la editora de Versátil, las versiones digitales empezaran a explotar las posibilidades del ebook y añadieran color, sonido e imágenes a las historias ¿te lo imaginas? Sería fantástico. Bueno, pensándolo bien, sería mucho más que eso: dotaría a la versión electrónica de una obra de una cualidad única, no aplicable a su versión impresa. El libro convencional tiene el tacto y el aroma del papel; el digital tendría todos los añadidos multimedia disponibles ahora, y en el futuro. ¡Qué maravilla!

Aquí te dejo el enlace a la versión online del artículo «El ‘ebook’ se pone rosa», de Carmen Mañana.

¿Y qué hay de la «anécdota» a que me refiero en el título de esta entrada?

Te cuento.

Cuando leí el artículo (la versión impresa en el El País del domingo) no reparé en el gráfico que utilizaron para ilustrarlo. Me quedé con la hoja del periódico, que pensaba usar de referencia para escribir esta entrada. Fue cuando me puse a escribirla, un par de días más tarde, que presté atención al gráfico: un reader color rosa que muestra un texto en la pantalla. A medida que lo iba leyendo, pensaba en lo familiar que me resultaba… Hasta que, de pronto, caí en la cuenta… «¡Coñe, ésto es mío!»

Es la adaptación de un fragmento  (apenas han cambiado los nombres propios y unas palabras) de este extracto (lo he marcado en amarillo), que corresponde a un capítulo de la segunda de mi Serie Sintonías, Primer amor.

El gráfico también aparece en la versión digital del artículo, sobre la columna derecha, e incluye un botón que te permite ampliarlo para poder leerlo mejor.

¡Qué impresión descubrirme allí!
¿Contará para decir que he salido en «El País»? :)

Para leer las entradas anteriores de esta serie, pulsa los enlaces:

https://patricia-sutherland.com/2010/04/14/novela-romantica-el-futuro-digital-del-genero-iii-2/

https://patricia-sutherland.com/2008/08/27/novela-romantica-el-futuro-digital-del-genero-ii/

https://patricia-sutherland.com/2008/04/02/novela-romantica-el-futuro-digital-del-genero/

Ha vuelto el frío… ¡ideal para acurrucarse en el sofá con un buen extracto romántico!

Me han pedido que «no fuera mala» (lo siento, Bri ;), de modo que hasta después del preestreno no publicaré más nada sobre Princesa. Pero yo sigo con el gusanillo romántico, así que he pensado ofrecerte un avance de la novela en la que estoy trabajando.

No se trata de un proyecto nuevo, lleva en mi baúl de los recuerdos varios años, pero la he recuperado. Y fíjate, a pesar de los años transcurridos desde que la escribí, me ha vuelto a cautivar. Vendrá en primavera, también con una sorpresa bajo el brazo, de la que te diré más a partir de marzo o abril. Ahora te comento que se trata de una novela de las que a mí me gustan (como lectora, no sólo como escritora): tres historias de amor que se enlazan, mucho romance, y más sensualidad que sexualidad… Después de Princesa y la bruma londinense, he regresado a mis orígenes románticos con una novela que se desarrolla en Tennessee, en el seno de una numerosa familia de rancheros, y en torno a un suceso deseado y muy esperado por todos: la próxima paternidad del hijo mayor de la familia.

Lo que te traigo hoy es material fresquito -«recién reformado»- de una novela que todavía tiene título provisional: Mystic Oaks (el título original no me ha cautivado :-) y voy a cambiarlo, pero aún no he tomado una decisión al respecto). Se trata de una escena entre Tim Bryan y Samantha «Sam» Keats, la pareja protagonista de una de las tres historias románticas de esta novela. Los dos tienen un pasado de encuentros y desencuentros con el amor, ella incluso ha compartido casa con uno de sus desencuentros. Tim es el mediano de tres hermanos, tiene 30 años, y aunque es veterinario, trabaja en el rancho familiar. Sam es una urbanita acérrima, tres años menor que él. Empezó en el mundo de la publicidad para pagarse la carrera, y le fue tan bien que desde entonces tiene que hacer milagros con el tiempo para poder acabarla. Es muy amiga de Chris, la cuñada de Tim. Durante tres años, sólo coinciden en cumpleaños y demás celebraciones de los Bryan a las que Sam acude como invitada. No parece haber química entre ellos. Se conocen, y eso es todo. Pero, ya sabes, un día sucede algo… Él la mira, ella sonríe, los dos apartan la vista… y ¡voilá! ¿Fácil, eh?

De eso, ni hablar.

Te prometo que en este caso, no será nada fácil ;-)

Bueno, basta de cháchara. Aquí te dejo con una mis nuevas parejitas. Espero que te guste ;-)

~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~*~~

Sam ya se sentía nerviosa al ponerse en marcha hacia Mystic Oaks, el rancho de los Bryan. Había quedado a tomar el te con Chris, y ayudarle a elegir ropa de cama del último catálogo de Liz Claiborne. Ahora que acababan de abrirle la verja electrónica y tenía delante el camino que llevaba a la casa, no estaba tan segura de querer entrar.

Hacía más de una semana que le había dado su teléfono a Tim y él no la había llamado. En un principio había intentado no darle importancia al tema. Tal vez estuviera muy ocupado. Tal vez ni siquiera hubiera salido del rancho con tanto trabajo. Tal vez…

Pero si Tom, el hombre más ocupado del planeta en relación a ella, había encontrado tiempo para llamarla e invitarla a tomar algo… Había aceptado más por rabia que por interés, pero debía admitir que lo habían pasado bien. Chris tenía razón en eso: Tom, de buen rollo, era un tipo súper divertido y agradable.

La cuestión era que por alguna extraña razón, el mediano de los Bryan tenía su tarjeta, tenía su permiso para invitarla. Y no lo hacía. Por más que le daba vueltas al asunto, no acababa de entender lo que sucedía. ¿Tendría idea ese rubito de espalda portentosa y culo bestial lo cotizado que estaba su número de teléfono?

Por lo visto, no.

Y desde luego, ni estaba acostumbrada ni toleraría aquel flagrante “no sabe, no contesta”. Se plantaría delante del “rubito” y se lo preguntaría directamente. A ver qué tal aguantaba el envite.

Pero cuando llegó el momento, las cosas no salieron como Sam esperaba.

Había subido el camino levantando una nube de polvo y al doblar en dirección a la casa, lo vio entre un grupo de hombres sudorosos, levantando una cerca.

Pantalones vaqueros, camiseta negra sin mangas –pese al frío que pelaba-, botas rancheras. Y sombrero negro.

Diosss, pensó, y luego esperarían que una señorita no perdiera la compostura ante semejante ejemplar de macho humano.

Tim tensaba la alambrada cuando la vio aparecer en su deportivo negro y Jim [su hermano, y el menor de los Bryan] por poco le arranca la mano de un tirón con el espino artificial que debió haber estado controlando, en vez de mirar lo que no debía…

Él soltó la alambrada que de tan tensa se llevó uno de sus guantes de trabajo. —¡Mierda!

Jim corrió hacia su hermano. — ¡¿Qué coño hacías, tío?! A ver, déjame ver la mano…

En un segundo, toda la cuadrilla rodeaba al accidentado.

Rápidamente, Sam detuvo el coche y se apeó. Se acercó a Tim, que inspeccionaba la herida al tiempo que refunfuñaba en voz baja.

—Sube, ven. Vamos a curarte esa herida— dijo, abriendo la puerta del acompañante.

Él le restó importancia con un gesto.

—Estoy bien…No es nada…

La voz de su hermano menor sonó a orden.

—Ve a curarte esa mano, tío. Haz el favor.

“Que no es nada”. “Que te largues”. “Que ya vale: no es nada”.

El intercambio duró unos cuantos segundos, hasta que Sam volvió a intervenir.

—¡Caballeros, un momento por favor! —voceó. Los hombres callaron y se volvieron hacia ella, que sonrió y continuó—. Gracias —miró a Tim—. Si no vienes conmigo a curarte esa herida, será lo primero que le diga a Chris. Ella correrá a decírselo a tu madre, que irá a buscar a tu padre…

Tim no la dejó acabar la frase. Exhaló un bufido, se echó el sombrero hacia atrás, rabioso, y subió al vehículo con las carcajadas y las bromas de la cuadrilla a modo de música de fondo.

Sam se sentó al volante y pronto se pusieron en marcha.

—¿Te duele? —quiso saber, mirándole la mano con ojos aprensivos.

Los de Tim, en cambio, tuvieron que esforzarse por no regocijarse abiertamente en ella. Llevaba el cabello sujeto en una coleta alta, unos vaqueros y una cazadora negra con forro de corderito, debajo de la cual se adivinaba un jersey violeta. Era hermosa, así, tal cual. Sin maquillaje, ni zapatos de tacón, ni nada de nada. Ella era preciosa, y él, un perturbado mental, que no podía dejar de mirarla.

—No —replicó.

Breve y conciso, pensó ella. Evidentemente, no estaba en plan comunicativo.

—¡Qué mala suerte! Esos alambres me dan grima… Un vez, de niña, jugando con mi hermano, uno muy viejo, no aguantó la tensión —claro, estábamos haciendo el indio encima de él— y cedió… Me hizo una brecha de seis puntos en la pierna…Todavía hoy me duele cuando lo recuerdo.— De pequeña, había sido un marimacho. La mayor parte de sus cicatrices databan de aquellas épocas.

Tim la miró de reojo.

—¿Y que hacía una nena jugando entre alambres de espino?

—¿Nena? ¡No, qué va! Mi feminidad tardó años en dejarse ver… Hasta los doce fui un terremoto. Los árboles y las alambradas me volvían loca… Los árboles me siguen tentando muchísimo, te digo… Esa higuera que tenéis detrás de la casa no ha dejado de llamarme desde que nos vimos por primera vez…

Tim no pudo evitar sonreír. Desde luego no se imaginaba a aquella mujer trepando a ningún árbol.

Sam aparcó delante del primer garaje y ambos entraron en la casa.

—¡Hola, niña! —– le dio la bienvennida Chris, pero al acercarse y ver a Tim, su expresión cambió completamente— ¡Dios! ¡¿Qué te ha pasado en la mano?! ¡Julia, ven! —exclamó mientras intentaba quitarle el pañuelo que envolvía la herida.

Tim no hizo el menor ademán de detenerse, y continuó andando hacia el baño mientras quitaba hierro al tema, asegurándoles que no era más que un corte.

Pero no lo consiguió del todo. En un minuto, se encontró rodeado por las tres mujeres, ninguna de las cuales le llegaba ni siquiera a la altura del hombro, que se arremolinaban y lo estaban volviendo loco con sus lamentos y sus preguntas.

—¡A ver! — la voz de Tim sonó lo bastante enojada como para hacerlas callar y, entonces hizo una pausa, y suavizó el tono— ¿Queréis salir del baño y dejarme tranquilo, por favor? Sólo es un corte. Puedo curarlo yo solito ¿vale? Fuera todo el mundo…

Julia, su madre, obedeció a regañadientes y se fue a preparar el té. Chris también obedeció y regresó al salón suponiendo que su amiga venía detrás.

Sam se quedó exactamente donde estaba.

—Trae…—pidió, al tiempo que cogía su mano lastimada y retiraba con cuidado el pañuelo que él había puesto a modo de vendaje.

Tim la miraba. Con aquella mujer, alucinaba. Cuanto más la conocía, más lejana le parecía del bombón en lencería súper sexy, que echado de costado sobre una elegante mesa puesta para una cena de gala, le daba la bienvenida a los recién llegados a Nashville, desde el aeropuerto hasta el centro de la ciudad, decorando vallas publicitarias situadas a lo largo de cincuenta kilómetros.

Y más le gustaba.

Y eso empezaba a ser un problema.

Ella procedía como si no se diera cuenta de su mirada.

Con naturalidad abrió el grifo, cogió el cepillo de uñas que había junto al jabón y puso la mano lastimada bajo el chorro de agua…

—Aguanta un poco…—le dijo mientras limpiaba la herida con el cepillo— ¿Hay alcohol por aquí?

Tim se estiró hasta el botiquín y le alcanzó lo que pedía.

—Va a quemar, lo siento —advirtió, poniendo cara de dolor mientras echaba el líquido y lo dejaba correr sobre la lastimadura.

No era de cemento armado, y claro que le quemaba, pero, la verdad, estaba más concentrado en ella que en lo que sucedía en su mano. Estaba…

Hecho un imbécil.

Porque solamente un imbécil podía meterse en semejante brete.

Había algo entre ella y Tom [el manager artístico del hermano mayor de Tim]. Él no pintaba nada jugando de convidado de piedra, y ya podía parecerle la mujer más preciosa del mundo, seguía sin pintar nada en aquel asunto.

—Sabes curar heridas —dijo, por decir algo, y ahuyentar al “imbécil”.

—Claro. Ya te dije que de niña era terrible… —miró de cerca el desgarro que era más aparatoso que profundo—. Yo la dejaría al aire…

Tim volvió a estirarse y cogió venda y esparadrapo.

—Ya, pero yo necesito volver a ponerme los guantes.

Sam le quitó las cosas de la mano, con suavidad, y empezó a vendar la herida.

—Sí, se me olvidaba…¿Tienes mucho trabajo, no?

Él miró a otra parte con un sonrisa resignada. La veía venir.

—Por eso no me llamas —añadió.

Sam hablaba sin mirarlo, aparentemente concentrada en lo que hacía. Tim meneó la cabeza. No la había llamado pensando que ella entendería el mensaje, pero por lo visto, aunque lo había entendido, no se contentaba con eso.

Se inclinó hacia Sam, y buscó su mirada.

—No te llamé por tres razones. Uno. Estoy trabajando catorce horas al día y seguirá igual las próximas diez semanas. Dos. Hay algo entre Tom y tú. Tres. Soy un tipo muy, muy, muy serio y tú, alguien que esta familia quiere y respeta un montón. Yo no hago esa clase de cosas. ¿Te queda claro? Porque, verás, no quiero volver a hablar de ésto.

Sam sintió que se le subían todos los colores. ¡Vaya manera de pararle los pies! ¿Pero quién se creía que era?

—Eso es una soberana estupidez —replicó, imitándolo—. Por tres razones. Uno. Para llamarme, no necesitas más de treinta segundos. Ya sabes… “Hola, Sam, ¿qué tal va todo? ¿Por qué no te vienes a comer a casa el sábado?”. Dos. No tengo nada con Tom. Tres. ¿A qué jodida clase de cosas te refieres? Nos conocemos desde hace tres años. Ya me he dado cuenta de que eres un tipo muy, muy, muy serio. ¿Te has dado cuenta tú de que yo también lo soy? ¿O sigues viendo a la chica de las vallas publicitarias cada vez que me miras? Aclárate, guapo. Llámame o no me llames, pero por favor, no me vengas con chorradas.

Sam pasó por su lado y salió del baño echando humo por la cabeza. Pero a Tim le quedaba algo por decir…

—Te invitó al Bar Twenty3 [el local de moda, donde su presencia no pasaría desaparcebida]. Y dijiste que sí. ¿Por qué?

Ella se volvió, enojada.

—¿Por qué me invitó o por qué acepté? ¿Y cómo sabes tú eso?

—Te llamó delante de mí. Así es Tom cuando le tocan las narices. Quería que me enterara de qué iba la cosa. Y claro, no me quedó más remedio que hacerlo.

—Ajjj… Los tíos sois unos capullos impresentables… —soltó el aire en un bufido, y lo miró con los ojos brillantes de rabia—. Me invitó porque le voy, como a todos los tíos. Acepté porque él me lo pidió y tú no. Y hasta que llegue el día en que tú me lo pidas, seguiré haciendo lo que me de la gana con quien me de la gana. Y si no te gusta, lo lamento. ¿Te queda claro? Porque, verás, no quiero volver a hablar de ésto.

Dicho lo cual, Sam se dio la vuelta y desapareció de su vista.

Entró al salón, donde Chris la esperaba con el té a punto, y se puso su mejor sonrisa. Sabía que ella había oído la conversación. Lo vió en su mirada, pero se sentía demasiado enojada para hablar del tema. Y además, no había de qué hablar. Tim pasaba de Sam y ella pasaba de Tom. Así que, no había nada que contar.

Mientras Chris miraba el catálogo y le explicaba lo que quería para su recién decorado dormitorio, Sam vio por la ventana cómo Tim se alejaba de la casa por el camino de tierra que llevaba a la zona de trabajo. Sin volverse ni una vez. Sin hacer el menor intento de despedirse.

Para ella, la situación empeoraba por segundos. Antes de la conversación que habían mantenido en el baño, Sam era bastante capaz de mirarlo y comportarse normalmente. Ahora, sólo con ver su figura varonil desandando aquel sendero de tierra, tan imponente, tan indiferente, se le disparaba el corazón.

Y como dos horas más tarde seguía igual de enfadada y de interesada, comprendió que no estaba en condiciones de aceptar la invitación de Chris. No soportaría tenerlo cenando en frente, como si no hubiera sucedido nada. Así que sobre las seis anunció que se marchaba.

Los hombres seguían trabajando en la misma zona, sólo que ahora había anochecido y se alumbraban con focos alimentados por un generador. Tim estaba trabajando bajo la luz de uno de ellos, por lo que Sam pudo ver con claridad cómo él levantaba la cabeza de lo que hacía al oír un coche acercarse y la miraba.

Sam decidió, en fracción de un segundo, que lo suyo era saludarlo. Aunque fuera con un gesto, y lo hizo; sin sacar la mano del volante, intentó sonreír y lo saludó.

Él se enderezó, se quitó los guantes y cruzó el camino. Sam detuvo el coche y bajó el cristal. Esperó con el corazón latiéndole en las sienes… Tim se puso de cuclillas junto a la puerta, apoyando los brazos sobre el borde de la ventanilla.

—Se me dan mejor los animales que las mujeres, así que es posible que lo que voy a decirte no sea… — hizo una pausa y respiró hondo— lo que esperas oír, pero es lo que siento, ¿vale?

Sam mantuvo la mirada. ¿Cómo no hacerlo? Esos ojos azules eran dos poderosísimos imanes.

—Me gusta mirarte —empezó a decir él—. Y me gusta lo que siento cuando tú me miras. Me gusta lo que eres debajo de ese traje de mujer diez que llevas como si fuera una segunda piel… Pero no nos hemos conocido en un bar. Nos conocimos aquí, en la casa de mi familia. Es el sitio más sagrado del mundo para mí, así que…

Tim volvió a respirar hondo.

—Solamente podría haber más que lo que hay ahora, si… me enamorara de ti. Y no es el caso.

Sam sintió que se estremecía. Íntegramente. De la cabeza a los pies.

Jamás en la vida le habían dicho algo tan inesperado y tan frustrante, y aún así, hacérselo sentir como una caricia sensual.

—Y hasta que sea el caso —continuó él—, si alguna vez lo es, no voy a mover ficha, Sam. Espero que aceptes esto y lo respetes porque no voy a andarme con tonterías. ¿Vale?

Sam asintió con la cabeza. Encendió un cigarrillo intentando recuperarse y pensar. Había oído, sí, pero aún no lo había encajado.

—Me has dejado… grogui —admitió al rato, con una sonrisa—. No está mal para alguien a quien se le dan mejor los animales…

—Ya.

Sam suspiró. A continuación, se ajustó la coleta en un gesto de nerviosismo disfrazado de coquetería.

Él esbozó una sonrisa leve, y bajó la mirada.

—Está bien —convino Sam. Su voz mostró un punto de humor—, lo encajaré. No te preocupes… No te pondré contra las cuerdas… Eres el primer tío que se planta delante de mí a explicarme “por qué no”, y te aseguro que tiene su morbo… —ambos sonrieron—. Seré una buena chica, tranquilo. Y ahora, me tengo que ir…

Tim se puso de pie sin dejar de mirarla.

—Vale. Vuelve cuando quieras. Aquí siempre eres bien recibida.

Sam le guiñó un ojo y cerró el cristal. Tenía que largarse de allí cuanto antes.

Al salir del rancho y mientras veía por el retrovisor cómo la verja electrónica se cerraba, Sam tomó conciencia de la inesperada angustia que le oprimía la garganta, que la obligó a tragar una y otra vez hasta que consiguió dominarla.

Se había enamorado de Tim.

Menudo descubrimiento…

Ahora sólo le faltaba descubrir qué hacer con ese flamante sentimiento, ya que como él le había dejado perfectamente claro, no era correspondido.

© Patricia Sutherland

Princesa, un recordatorio y un bocadito para el gusanillo romántico

A poco más de dos semanas para que comience el «pase privado» de Princesa, creo que puedo decir, sin temor a equivocarme, que estoy de los nervios :)

Hace casi un año que publiqué los primeros extractos de esta novela romántica, y entonces, claro, no podía imaginar que pasarían tantos meses antes de que pudiera ver la luz. Como seguro imaginarás, se me ha hecho interminable. Pero bien está lo que bien acaba, y en este caso la alegría vale el doble porque a la satisfacción de plasmar en papel una historia que sólo vivía en mi mente, se suma la forma en que Princesa se dejará ver, de principio a fin, solamente ante treinta lectoras, como tú, a modo de regalo de Navidad. ¡Cómo disfruto con las sorpresas! Cada vez que lo pienso, mi sonrisa va de oreja a oreja…

Pero, como decía al principio, todavía quedan unos días para que  Jera Romance publique los dos primeros capítulos abiertos a lectura -y por tanto, para que yo pueda enlazarlos desde aquí-, así que hoy te traigo un recordatorio y un bocadito de Princesa para contentar al gusanillo romántico, ¿vale?

Primero, el recordatorio.

El enlace de inscripción para el «preestreno» de Princesa aparecerá en el próximo número del boletín de Jera Romance que sale el próximo sábado (11 de diciembre). ¡Todavía estás a tiempo de participar! Si no estás suscripta al boletín, puedes hacerlo aquí.

Y ahora, el bocadito :)

¡Que lo disfrutes!

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«…Londres le gustaba. Especialmente, tras un buen aguacero como el que había despertado aquella mañana, que la había obligado a posponer su sesión diaria de footing hasta bien entrada la mañana. Aquellos chaparrones limpiaban la atmósfera habitualmente cargada de la ciudad y llenaban el aire de aquel aroma tan refrescante… que casi se olvidaba del otro inconveniente inevitable… La ráfaga húmeda interrumpió los pensamientos de Tess, y añadió diminutos lunares color barro a su inmaculado conjunto rosa.
Casi se olvidaba, sí… Hasta que algún conductor desconsiderado le recordaba las desventajas del Londres lluvioso.
Y no se trataba de cualquier conductor, observó trás recuperarse de la sorpresiva ducha y ver que el vehículo -una moto roja que le era muy familiar- torcía a la derecha pocos metros más adelante, en la entrada de garaje de la casa de los Taylor, sin hacer el menor ademán de ofrecer una disculpa. Era como si no se hubiera percatado de que la había salpicado.
O como si no le importara…
—¿Pensando en las musarañas? —oyó que Dakota le decía cuando ella pasó frente a su casa. Lo escuchó perfectamente a pesar de que, como era habitual cuando salía a hacer deporte, llevaba su Ipod conectado.
Él se había quitado el casco, y continuaba sentado sobre la moto, acelerándola por momentos, y la seguía con una expresión en su mirada que dejó claro sus intenciones.
O como si lo hubiera hecho ex profeso, el muy canalla.
Tess se limitó a volver la vista al frente, y recorrer los escasos dos metros que la separaban de su casa. Entonces, ante la persistente mirada de Dakota que no la abandonó en ningún momento, ella abrió la portezuela roja y continuó camino por el sendero de laja.
El tejido elástico rosa se ajustaba a la figura femenina como un guante. La parte superior era como una camiseta con mangas muy cortas y un escote amplio, y la inferior del estilo de las bermudas de ciclista.
Estaba muy buena, concluyó Dakota tras una minuciosa inspección, que no le permitió calcular el tamaño real de sus delanteras -el body las achataba-, pero sí las cualidades de su trasero; macizo y respingón pedía a gritos un buen sobeo.
—Está chulo el conjuntito —volvió a decir él, en un intento de que ella dejara de morderse la lengua y lo enfrentara. Tess giró la cabeza y lo miró como por casualidad. Él le regaló una sonrisa ladeada, y añadió—: Muy tentador.
¿Tentador? Una carcajada estuvo a punto de delatarla, que consiguió reprimir en el último instante. No podía creer el descaro de la criatura. Aquello era inédito. Simple y llanamente, increíble.
Y además, continuaba mirándola desde su moto. Se había inclinado hacia adelante, y apoyado los codos sobre el manillar, como si hubiera decidido ponerse bien cómodo. Había desafío en su mirada, sí, pero también expectación. Él no sólo quería molestarla, quería que ella respondiera al desafío.
Pues, sería una expectativa vana.
Tess se encogió de hombros y se señaló el oído derecho -el que él podía ver-.
Dakota no tuvo ningún problema en reconocer el cable blanco del MP4.
Tampoco el inconfundible hormigueo que le recorrió la espalda cuando ella cerró la puerta tras de sí, ignorándolo completamente…»

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© Patricia Sutherland

Nieve, navidad… y promociones especiales – I

Ha llegado la lluvia de nieve a WordPress… y las promociones especiales a la web de los corazoncitos lilas… ¡Adoro diciembre!

Mis compañeras de Jera Romance han acabado de colgar las luces navideñas, y eso siempre significa que empiezan las promociones especiales ;-)

¿Preparada?

Ahí va la primera (de tres):

Desde ahora hasta el 24 de diciembre (inclusive) puedes adquirir las novelas de mi Serie Sintonías con importantes descuentos: ¡10% en las versiones impresas y 40% en las digitales!

Más información aquí.

Princesa: cuenta atrás para mi nueva novela romántica y una sorpresa.

Para las enamoradas de la novela romántica…

Una novela sobre el amor y la diferencia de edadMe encantan las sorpresas. Me encanta probar cosas nuevas, y como las ideas se me ocurren a muchísima mayor velocidad que mi capacidad para llevarlas a la práctica, desde hace años las apunto en un primoroso cuaderno de colorines (¡y las indexo! Ya, ya… Mi gusanillo documentador siempre puede conmigo).

Y hoy estoy felíz, no sólo porque a una de esas ideas, que indexé hace cerca de tres años, he podido ponerle el rótulo de «hecho», sino muy especialmente porque ya puedo compartirlo contigo.

En Jera Romance le hemos dado el nombre de «Preestreno» de Princesa, mi nueva novela romántica, y es exactamente lo que parece :)
Pero por si acaso a mí me parece más claro de lo que a ti te parece, aquí te dejo el enlace que lo anuncia (y lo aclara).

Ah, y si te animas a participar… ¡suerte!