Curioseando webs y blogs dedicados a literatura romántica me sorprendo de la forma y el momento en que llegué al género como lectora. Lo habitual, parece, es empezar en la adolescencia y estrenarse con una de las grandes: Nora Roberts, Karen Robards, Danielle Steel… Yo aterricé en el 2000, lo hice con «Bridget Jones – The Edge of Reason» (la continuación del «Diario de Bridget Jones») y no me enteré que lo que había leído era novela romántica -la que inauguró una nueva subcategoría dentro del género, el Chick Lit- hasta cuatro años después. ¡Vaya performance!
Recuerdo que hojeaba el libro mientras esperaba que cortara el semáforo para cruzar y no podía parar de reír a carcajadas. Me pareció divertídisima, fresca, ágil y, no se, diferente. En ningún momento se me cruzó por la mente que pudiera ser novela romántica.
Si tengo que ser completamente franca, no he vuelto a leer una novela romántica moderna que me gustara tanto como las que Helen Fielding se sacó de la manga. También debo admitir que después de varios planchazos con «recomendaciones» ajenas (de foros, de webs, de amigas), he empezado a leer siguiendo un criterio que tiene algo de método y bastante de pálpito. Como en todos los géneros, en romance hay autoras que hay que leer (aunque luego no te gusten). Así que me las ingenié para fabricarme una lista con las «infaltables» y lo que las caracteriza (según críticos/lectoras), por ejemplo: Judit McNaught/»los mejores besos». Normalmente prefiero leer en versión original, así que a la hora de comprar, entro en Amazon, saco un listado de los títulos publicados de la autora que pretendo leer, y ahí me olvido del método: compro dos o tres por pura intuición -no leo ni los resúmenes-.
De este experimento contínuo, de momento, he sacado en claro que hay autoras que no me gustan nada, aunque les reconozco el inmenso mérito de estar en esa lista. Y también que hay otras con las que conecté desde la primera página, más allá de la novela en cuestión. Por su estilo. Es el caso de Robin Schone. Esta mujer para mí fue todo un descubrimiento. Hay tanta sensualidad, tanto erotismo como elegancia en las escenas que describe. No es que la novela romántica erótica sea una subcategoría que me guste especialmente, la verdad es que no. Como he comentado en otro post, prefiero lo sensual a lo sexual, lo intuido a lo gráfico, pero lo que nunca me habría imaginado allá por el verano del 2000 cuando me carcajeaba en un semáforo por culpa de Helen Fielding, es que otro verano, seis años más tarde estaría en una playita con una novela erótica entre las manos.
¡Y disfrutándola!
Quién sabe, teniendo en cuenta el progreso hasta el momento, igual en otros seis soy yo la que me despacho escribiendo una de romance erótico… :-)
¡Wow!