Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 2ª parte.

Ésta es la segunda parte del extracto que publiqué la semana pasada. Ambos corresponden al capítulo 18 de la novela. Si no has tenido ocasión de leerlo, échale un vistazo al post: allí encontrarás también sinopsis y otra información que te ayudará a ponerte en situación :-)

¿De acuerdo? Entonces, empecemos…

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Amigos del almaTan pronto Victoria y compañía desaparecieron de la vista, Gillian liberó su mano.

La próxima vez que quieras marcarte un farol, búscate a otra… ¿vale?

Quería estar enojada, que su voz sonara molesta. Pero era consciente de que ni parecía enojada ni sonaba molesta. Le había gustado que pusiera a distancia a esa mujer. Y también, la idea de que tal vez estuviera pensando quedarse en Camden.

No era un farol —contestó él de lo más natural, y tiró el cucurucho vacío a la papelera.

Gillian se volvió a mirarlo.

¿A no? —paró en seco delante de él—. Le hiciste creer que estabas conmigo y no estás conmigo, Jason.

Él avanzó un paso más, le rodeó el cuello en un abrazo holgado más desafiante que sugerente y la miró desde sus alturas, provocativo.

Sí que estoy contigo. Es lo que quiero. Lo que te pedí hace un siglo. Que sigas pensándotelo no cambia nada.

Gillian sonrió igual de desafiante. —Como no me saques las manos de encima, te voy a patear el culo.

¿Tú solita? —Jason sonreía.

Y no se movía.

Gillian bajó la vista y cuando volvió a mirarlo no había rastro de sonrisas en su cara.

No soy Victoria. El día que quiera que me toques, no me voy a insinuar. Te lo voy a pedir, sin más.

Los ojos de Jason descendieron lentamente a sus labios. Se quedaron ahí unos segundos que a ella le parecieron eternos. Al final regresaron a sus ojos.

Y… ¿eso cuándo va a ser?

No había acabado la frase que a Gillian un escalofrío la hizo estremecer, recordándole lo vulnerable que era. Especialmente, cuando él tomaba la iniciativa así.

Suéltame, Jason.

«Ay, niña, cómo me pones» pensó mientras se apartaba de forma ostensible con una sonrisa radiante que a ella le sentó como un tiro.

No juegues a este juego, Jay. Se nos va a escapar de las manos y hay cosas importantes por medio.

Por supuesto que jugaría a ese juego.

Y todos los que hicieran falta hasta encontrar la manera de que a ella las cosas se le escaparan de las manos. Y por lo pronto iba a llevar el juego un poquito más allá, a ver qué tal lo aguantaba.

Jason echó un vistazo a los demás. A pocos metros de allí, hacían que charlaban pero no se perdían detalle. Necesitaban escabullirse un rato.

Ven, demos un paseo —dijo ofreciéndole su mano que ella, naturalmente, no tomó. La sonrisa de él se hizo más grande cuando se dispuso a iniciar la maniobra de distracción—. Cógela, no hundas mi reputación delante de esos cotillas.

Qué listo era… Ella meneó la cabeza. Lideró el camino sin coger su mano, mirando a otra parte para esconder la sonrisa.

¿Qué? —dijo al rato, espiándolo por el rabillo del ojo—, ¿vamos a tener otra conversación trascendental?

Él la miró feliz. Sonaba tanto a la Gillian de siempre…

No sé, ¿quieres? Hoy no estoy muy trascendenal que digamos.

¡Alabado sea Dios! —replicó ella risueña, en un suspiro.

Él también empezaba a sonar como su amigo del alma.

Al oírla, Jason se detuvo sin darse cuenta.

¡Cómo echaba de menos ésto!

Se apoyó contra una de las columnas de madera que bordeaba el sendero curvo, para disfrutar a gusto ante la mirada sorprendida de ella.

Joder, Gill… ¿Dónde te habías metido?

Ella se encogió de hombros. Era largo y complejo de explicar y además, a estas alturas, importaba poco. En realidad, cada día importaba menos.

Jason se cruzó de brazos. Fue una jugada premeditada. Y ella, aunque lo sabía, siguió cada movimiento con la misma atención que había seguido todo lo relacionado con él durante años.

Pero con un interés distinto, claramente sensual.

Si no aflojas el lazo, se va a romper —dijo él. Gillian clavó los ojos en el suelo cuando el corazón empezó a darle martillazos en las sienes—. Te necesito, Gillian ¿entiendes lo que digo?

Dios, sí. Claro que lo entendía. Ella lo miró con los ojos brillantes.

¿No decías que no estabas trascendental hoy?

En otra jugada premeditada él respiró hondo, hinchando el pecho. Los ojos de ella siguieron el movimiento de esos pectorales increíbles que parecieron duplicar el tamaño cuando él insufló aire en los pulmones.

Eres muy inteligente —dijo, seductor—. Y me conoces bien, así que sabes que te estoy marcando al cuerpo. Y que voy a tumbarte.

Sí, lo sabía pero eso no evitó la descarga brutal que la sacudió al oírlo.

Y los dos sabemos que aunque te lo pienses otros mil años, solamente tienes tres opciones. Aceptarlo y decidir momento y lugar. Quedarte a ver cómo te tumbo y en ese caso, el que decide soy yo. O —procuró que su voz siguiera firme—, pedirme que vuelva a Dallas.

También lo sabía y justamente por esa razón había intentado mantenerlo a distancia con la esperanza de que eso lo enfriara. El efecto, en cambio, había sido al contrario. Lo que confirmaba que para mal o para bien, él iba en serio.

O creía que era así.

Pero eso no cambiaba el clima en su interior: estaba aterrada de dónde les conduciría ese camino. Y seguía necesitando tiempo. Y sí, también echaba de menos a su Jason.

Ella también lo necesitaba.

Gillian suspiró, se ajustó la coleta ante su mirada expectante y lo miró sonriente.

Si sigues entrenando así, vamos a tener que agrandar el hueco de las puertas. ¿En qué pensarás que te inspira tanto?

Él sonrió, todo vanidad.

«Quién sabe», contestó.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.

Novela romántica Amigos del alma, una historia de almas gemelas – Extracto, 1ª parte.

Me gusta escribir artículos sobre temas variados como los que encontrarás si echas un vistazo al archivo de esta página, y sin duda, en los casos en que es necesario documentar y buscar referencias, me siento a mis anchas. Peeero, soy escritora de novela romántica, y de vez en cuando, me tienta la idea de publicar extractos…

Y como ves, no hago el menor esfuerzo por resistirme a la tentación.

Cuando tengo el “gusanillo romántico”, siempre pienso en escenas con las que disfruté de manera especial mientras las escribía. Es el caso del siguiente extracto, que aunque pertenece al mismo capítulo, publicaré en dos entradas distintas. Lo hago así porque el cuerpo central de la página es angosto, y el post resultaría demasiado largo.

Entrando en materia, así como en su momento comenté que mi protagonista masculino preferido de la Serie Sintonías es el que aparece en Primer amor, ahora diré que, sin ninguna duda, la historia que más me gustó escribir es ésta, Amigos del alma, a la que pertece el extracto, cuya primera parte publicaré hoy. Por muchas razones, es una novela muy especial para mí, pero no te preocupes, que no me enrollaré con eso ahora :-)

Para ayudarte a que centres el tema, aquí tienes la sinopsis:

«Cuando le preguntaron a Jason Brady, el flamante entrenador de Los Tigres de Arkansas, si consideraba que haber conseguido ensamblar un buen equipo en tiempo récord, y mantenerlo en buena posición -a pesar de la plaga de lesiones que sufren desde el primer partido-, era el logro más peleado de su vida, él contestó con su sonrisa seductora y su talante de ganador: «No, hombre… Mi logro más peleado fue que mi chica me dijera que sí». Cuentan que la sala de prensa estalló en carcajadas: además de su gran sentido del humor, hasta los cronistas hombres admiten que no es, precisamente, del tipo al que las mujeres le dicen «no». Pensaron que había sido una broma, una al mejor estilo Jason Brady.

[…]Todas las personas con las que he hablado coinciden en una cosa: Jason y Gillian son como dos gotas de agua… Pero lo que los distingue de otras grandes amistades, es que al parecer mantienen una especie de conexión mágica que los fortalece y los complementa, y es un atributo exclusivo de las almas gemelas.

[…]¿Cómo pasan dos personas de ser carne y uña, los mejores amigos durante más de una década, a convertirse en pareja sentimental?

¿Qué circunstancia tan especial, nueva y determinante puede llevar a dos personas que han mantenido un nivel de comunicación tan profunda, a estrechar lazos?

Bueno, lo que el entrenador Brady dejó claro con su comentario en la sala de prensa es que, a) no fue fácil; b) no fue sincronizado; y c) fue él quien puso el balón en movimiento…»

Diane Lilly, Glam Magazine.

Jason Brady y Gillian McNeil son…

Amigos del alma, una historia de almas gemelas.

Y para que puedas ponerte en situación, te cuento en tres frases qué ha traído a mis personajes a las circunstancias que narra el extracto:

Un suceso inesperado hace que Jason se dé cuenta de la verdadera naturaleza de lo que siente por su amiga del alma, y con la seguridad que caracteriza todos sus movimientos -dentro y fuera del terreno de juego-, “pone el balón en movimiento”. O sea, abre la caja de los truenos. Ni siquiera se le cruza por la mente que Gillian le ponga pegas; después de todo, es una mujer, y a él, las mujeres nunca le dicen que “no”.

Pero Gillian, cuyo sentido común es tan grande como la vanidad de Jason, no le permite siquiera acabar de explicarse: cierra la caja de los truenos de un golpe seco, coloca en el fondo del freezer la amistad cómplice que hasta entonces compartían, y las cosas se tornan realmente difíciles para el mejor quarterback de la liga…

Ahora sí, te dejo con el primer extracto “inédito” de Amigos del alma.

Que disfrutes de la lectura, y hasta la próxima.

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Amigos del almaDomingo, 11 de junio de 2006

Riverfront Park,

Little Rock, Arkansas

Jason conocía a Gillian muy bien. Sabía que lo iba a poner bajo la lupa, estudiando cada uno de sus movimientos, pasando cada palabra y cada gesto por su trampa caza-ligones hasta que tuviera la certeza de que no había incoherencias. Y que sólo entonces, consideraría su propuesta seriamente. Y firme seguidora de la cultura «slow» como era, Jason también sabía que el proceso podría tomar… Sólo Dios sabía cuánto.

Contaba con eso.

La cuestión era que si la flamante vivencia del amor era estremecedora para cualquier primerizo, para un hombre caliente como él, estaba resultando una experiencia límite: amor y deseo corrían una carrera loca, con el pedal a fondo y la adrenalina subiendo imparable, convirtiéndolo, literalmente, en una bomba de tiempo.

La distancia que ella imponía tácitamente, lo esquiva que seguía siendo con él, no hacían más que hostigar su sangrante ego, avivando a su vez, una pasión incendiaria que él intentaba controlar de la única manera que podía; a golpe de entrenamiento. En circunstancias normales, ella se habría dado cuenta y puesto remedio, o al menos, paliativo. Gillian también conocía a Jason muy bien. Pero él tenía toda la impresión de que, concentrada en diseccionarlo bajo el microscopio, no se daba cuenta de que en la retaguardia, su resistencia estaba a punto de capitular.

La necesitaba desesperadamente. A la amiga tanto como a la mujer.

Sin ella ya casi no podía ni respirar.

Jason volvió a echar un vistazo por encima del hombro.

Gillian seguía de pie junto a unas atracciones conversando con Mandy. Para variar, ni lo miraba. Y él, para variar, tenía que programarse para quitarle los ojos de encima. Y para dejar de alucinar consigo mismo: camiseta de mangas cortas, de esas que dejan el estómago al aire, bermudas y bambas. Todo color negro, igual que el lazo que llevaba en el pelo. Lo más sugerente que había a la vista eran sus tres pares de músculos abdominales ligeramente marcados. Pero a este nuevo Jason, ni los contoneos de una estrella del porno en ropa de trabajo conseguirían inspirarlo más.

«Esa mujer es la caña», pensó y un instante después, cuando recordó dónde había oído esa frase antes, no pudo evitar una sonrisa irónica.

Jordan al detectar el gesto, lo codeó para llamar su atención. Habían ido a por helados para todos y esperaban frente al puesto atestado de niños.

¿Qué? ¿Cómo va la cosa?

Se lo piensa —contestó sin más. Y procuró poner su atención en los críos que estaban volviendo loco al heladero cambiando de idea sobre si chocolate o vainilla cada dos segundos y quitarla de esa mujer que lo encendía sin mover una pestaña y encima, ni siquiera se daba cuenta del terremoto que desencadenaba a su paso.

Eso es bueno —dijo Jordan, divertido. Acompañó sus palabras con un par de palmaditas en el hombro de su amigo quien le dedicó una mirada tan gráfica que no requirió más explicaciones—. Es bueno. Le dijiste que volverías a Dallas si ella te lo pedía. ¿Te lo ha pedido?

Jason negó con la cabeza.

¿Lo ves? Tú ten paciencia.

Ya, pero ser paciente con el sexo opuesto no era uno de sus puntos fuertes. Jason volvió a mirarla de refilón. Ella charlaba con Mandy mientras se recogía el cabello con el lazo. Sus ojos quedaron atrapados en el vaivén de esa mata larguísima que zigzagueó en el aire como la cola de una sirena.

Lo siguiente fue una descarga que puso todo su cuerpo a latir al ritmo del corazón.

Joder —murmuró sin darse cuenta.

Y dos segundos después, clavó la vista en la pila de cucuruchos que había sobre el mostrador frente a él.

Jordan lo miró con cariño y no hizo más comentarios.

Les tocaba pedir y eso hicieron.

Poco después, con once helados repartidos entre los dos se disponían a volver donde estaba el resto de la familia cuando oyeron que alguien llamaba a Jason.

«¡Jason Brady! ¡No me puedo creer que seas tú!», dijo una voz alegre.

Y de mujer.

Ambos se volvieron a mirar. Jordan sonrió divertido. Jason meneó la cabeza.

¿Qué te apuestas a que ahora sí que me está mirando?”, pensó.

Amigos del alma, (extracto) Capítulo 18.

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© Patricia Sutherland

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Amigos del alma, Sintonías 3. Disponible en libro impreso y digital aquí.


Novela romantica Primer amor, un extracto romántico para el día de San Valentín

Aunque los tres protagonistas masculinos de mi Serie Sintonías son hombres singulares, nunca he ocultado cuál de ellos me robó el corazón desde el principio.

Y no sólo ha robado el mío; desde que viera la luz la segunda de la serie, que lo tiene de protagonista, mi chico de ficción favorito se ha convertido en un auténtico coleccionista de corazones… ¿Por qué? Ah, por muchísimas razones que podría explicar con lujo de detalles, pero no tengo la menor intención de hacer.

En cambio, haré algo mejor.

¿Qué tal si te dejo «pispear» una de sus puestas en escena? Eso lo explicará mejor que mil palabras, te lo aseguro. Gusta la idea, ¿eh? Me lo imaginaba :-)

Te dejo, entonces, con este extracto de Primer amor.
¡Que tengas un San Valentín de película!

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mark_primeramorMark aparcó frente a casa de Shannon y cerró el contacto. Sabía muy bien que ella no iba a invitarlo a subir. Tan bien como sabía que él no debía sugerirlo, pero no quería irse. Le apetecía pegarse a su piel, meterse en su cuerpo, saborear cada centímetro de ella. Y a falta de eso, le apetecía su risa, su espontaneidad.

Hacía tantos años que nadie conseguía siquiera entretenerlo más de un par de horas, que cada minuto que pasaban juntos se le hacía más difícil dejarla. Sin darse cuenta, Shannon había sacado a la superficie de las emociones de Mark un deseo que, de tan intenso, acabó convirtiéndose en necesidad: la de encontrar esa mujer que lo complementara. Un deseo de cuya intensidad Mark solo fue consciente cuando la vio y supo que esa mujer, era ella. Cuatro meses después, la piel se lo pedía a gritos.

—Aunque casi ni yo puedo creérmelo, me lo he pasado genial. Gracias, Mark.

Su voz lo sacó de su ensimismamiento y cuando la miró, ella sonreía.

—¿Y por qué “casi no te lo crees”?

Shannon lo miró con picardía.

—No suelo esperar pasarlo bien con alguien que piensa que las mujeres de hoy día somos huecas por dentro…

—¿Habrá ayudado la paliza que me diste jugando a los dardos?

Shannon rió divertida. Le había dado un palizón.

—Habla en tu favor que no dijeras, como todos, que te dejaste ganar.

—No me dejé ganar —Mark se acomodó con la espalda contra la puerta del conductor—. Pero aunque fuera así, no te lo diría.

—¿Siempre eres tan caballero?

Ella lo miraba con su expresión de niña, un poco dulce, bastante desafiante. Y él se moría por quedarse, subir con ella, hacerle el amor. Pero había dicho que le daría el tiempo que necesitara para resolver lo que tuviera que resolver. Asintió con sus ojos claritos clavados en ella.

—Siempre.

Una sonrisa radiante apareció en la cara de Shannon, que asintió varias veces con la cabeza, y se volvió para apearse.

—No te muevas —pidió él, reteniéndola por un brazo. Ella lo miró interrogante. Lo vio indicarle con la mirada que se quedara sentada, luego apearse, dar la vuelta por delante del monóvolumen y abrir la puerta del acompañante.

Las veces que una escena parecida se había repetido entre ellos volvió a la mente de Shannon. Entonces, pensaba que él lo hacía para ponerla nerviosa. Ahora, empezaba a dudar que aquel hombre hiciera algo más que lo que le diera la gana en cada momento. Entonces, a ella le molestaba. Ahora, le encantaba.

Shannon sonrió a modo de agradecimiento, ambos caminaron hasta la puerta de su edificio.

—Quién le habría dicho a la cría de los pelos azules y la ropa punky que un día saldría con un caballero de la corte del rey Arturo… —comentó ella, risueña, y sacó las llaves del bolsillo de su abrigo. Mark se las cogió de la mano y abrió la puerta.

—Quién le habría dicho a esa cría que un día le encantaría salir con un caballero de la corte del rey Arturo —matizó él.

Le devolvió las llaves, rozando suavemente sus dedos con los de ella. A Shannon un cosquilleo muy agradable le recorrió el cuerpo. A él, un escalofrío. —Hoy lo voy a tener complicado —continuó él, suavemente—. No creo que acabe hasta las cinco o las seis. Y después quiero llevar a Patty y los críos por ahí, a pasear…

Shannon asintió. Mark probó suerte.

—¿Te apetece que nos veamos un rato sobre las once o así? Podríamos ir a bailar o donde quieras…

—Yo también tengo un día complicado. Nos hablamos y vemos ¿te parece?

No, no le parecía. Quería verla. Necesitaba saber que la vería.

—Vente a comer al rancho y luego, si puedes, te apuntas a la salida.

Era más que una sugerencia: un deseo expuesto al mejor estilo Mark Brady, con tanta dulzura como determinación que a ella le supo a caricia.

—Los sábados como con Cathy… —dijo ella, sonriendo.

—Tráetela.

Shannon se quedó mirándolo. Esas formas suyas empezaban a gustarle demasiado. Y su propia reticencia a rebelarse a tanta determinación, demasiado poco.

—Es una idea —se sorprendió diciendo, en vez del “ya veremos” que tenía pensado contestar.

Lo vio asentir sonriendo, ponerse las manos en los bolsillos y dar un paso atrás.

Era hora de irse, y se marchaba.

Shannon no pudo evitar pensar que irse sin al menos intentar quedarse, no era propio de un hombre en estos tiempos. Por más Mark Brady que fuera el hombre en cuestión. Las ganas de tentarlo fueron irreprimibles. Tantas como las que tenía de que la noche no acabara, de seguir con él, sintiendo lo que solamente él podía hacerle sentir, solo con mirarla.

—¿Ya te vas? —le preguntó suavemente sin perderse gesto.

Vio sus ojos claritos, brillantes, enfocar en ella durante una eternidad. Al final, lo vio asentir levemente, con una expresión dulce en la cara.

Shannon sonrió de oreja a oreja.

—Eres todo un personaje…—le dijo divertida—. La tentación de tentarte fue demasiado grande… Lo siento, no pude evitarlo.

Mark enarcó la ceja, burlón.

—Soy un hombre, Shannon. En el más amplio sentido de la palabra.

—¿Los “hombres en el más amplio sentido de la palabra” no se tientan?

Ella se apoyó contra el marco de la puerta de cristal, manteniéndola abierta con su cuerpo, y se dispuso a mirarlo a gusto mientras él avanzaba el paso que había retrocedido, y se detenía frente a ella. Lo vio apoyar una mano sobre el borde del marco, por encima de su cabeza.

Shannon miró de reojo el brazo descansando contra el marco, y luego a él, desafiante.

—Me tientas —admitió él, y dio otro paso hacia ella—. Toda tú.

A esa distancia, no solo su perfume masculino la rodeó. Podía sentir con intensidad, sensaciones vibrantes que no acertaba a decidir si eran solo suyas, o de los dos.

—Podría dejarme llevar —continuó él buscando su mirada—. Pero si solamente quisiera eso, lo podría haber hecho desde el principio ¿no te parece?

—Te freí a calabazas —susurró ella—. No tuviste ocasión.

Mark dio un paso más. Estaba tan cerca que ella tuvo que alzar la cabeza para mirarlo a los ojos.

—Si hubiera querido seducirte, lo habría hecho —le apartó un rulo rebelde de la mejilla; la punta de los dedos le rozaron la mejilla y ella se estremeció—. No quiero seducirte. Quiero enamorarte. Quiero que cuando me mires veas el hombre de tu vida. Que para ti, nunca nadie se compare conmigo. Y que dentro de ochenta años sigas sintiendo exactamente igual —otro estremecimiento la recorrió de la cabeza a los pies. Esta vez, sintió que él también se estremecía, y se esforzó por mantener la mirada—. Me tientas, Shannon. Y me importas, como ninguna mujer me importó en la vida. Por eso me voy.

Sus palabras, el tono de su voz, su dulzura… Todo lo que fluía de él, más allá de lo que comunicaba verbalmente, fue como un gran abrazo amoroso, de una intensidad tal que la dejó sin aliento. Cuando él, a modo de despedida, se acercó a besarle la frente, ella aún contenía la respiración.

Capítulo 13 (extracto).

© Patricia Sutherland.

Primer amor, la más romántica de la serie Sintonías.

Disponible en papel y en todos los formatos digitales.
Primer amor, ebook. 

Pack Sintonías, tres novelas románticas

Primer amor, libro impreso.

¿Lo quieres dedicado por mí? ¡Es posible!

Nota: Para saber a qué viene que haya resaltado parte del texto en amarillo, echa un vistazo a ésto.

Melodías y palabras-II

La banda sonora de mi última novela, Amigos del alma.

Hace varios meses en esta entrada comentaba que la música es un ingrediente importante de mi vida. Ya sabes, hay quien se levanta y dice no ser persona hasta que se toma un café; otros, como yo, ponemos música antes de sacar los pies fuera de la cama. Cuando Apple lanzó el IPod, para mí fue un día de fiesta: poder comprar las canciones individuales que me gustaban, descargarlas en un abrir y cerrar de ojos y tenerlas siempre disponibles en un aparatito que cabe en el bolsillo monedero de los vaqueros… Sencillamente ideal.

Y como ya te estarás imaginando, a la hora de escribir siempre está presente, ayudándome a conseguir el estado mental adecuado para cada escena y cada capítulo. Por eso hoy quiero dedicarle esta entrada a los 5 temas de la banda sonora de Amigos del Alma. ¿No es una pena que las novelas no las incluyan en los «créditos» como se hace en las películas?

Aquí va entonces, mi reconocimiento a estas canciones, sus creadores y sus intérpretes por los momentos increíbles que me proporcionaron:

  1. Every Time I Hear Your Name, Keith Anderson.
  2. Since You’ve Been Gone, Day26
  3. Slow Down, Bobby Valentino.
  4. Moving Mountains, Usher
  5. Kill Me Now, Rio Grand  (Canción No.4 de su reproductor web)

Capítulos abiertos para las enamoradas de la novela romantica-III

Amigos del alma, capítulos abiertos.

Ha llegado un momento que siempre espero con ilusión, la de compartir contigo, libremente, algunas páginas de mi última novela. Para mí es un placer encontrar un rinconcito apartado de cualquier librería y dedicarme a hojear un libro que me atrae, y me encanta la idea de que tú puedas hacer lo mismo con uno mío.

Tal como hice con las dos primeras entregas de Sintonías, cada sábado a partir del próximo añadiré aquí el enlace a un capítulo abierto. ¿Novedades? Pues sí, éstas:

  1. No habrá posts específicos anunciando que he añadido otro enlace, pero incluiré un recordatorio al final de cada entrada semanal, que como sabes, publico los miércoles. Si recibes mi blog por RSS o por email (sí, también puedes recibirme por email. El formulario para solicitarlo está a mano derecha, hacia el final) verás el recordatorio. Y si no habías pensado en suscribirte a mi blog, este es un buen momento para hacerlo :-)
  2. A mediados de diciembre, retiraré los enlaces excepto a los capítulos promocionales. Todos los capítulos que se hayan abierto a lectura seguirán estando disponibles en Jera Romance bajo suscripción.
  3. Amigos del alma, empieza de una forma peculiar: con un capítulo 0. ¿Qué es esto? Bueno, supongo que un invento mío. Es un capítulo, dividido en tres partes, que cuenta los sucesos inmediatamente anteriores al Prólogo de la novela. En Jera Romance les pareció que lo más correcto era llamarlo capítulo de lanzamiento, pero dejando cuestiones semánticas aparte y para que nos entendamos: hace a la novela Amigos del alma pero no está incluida en ella.

Hechas las aclaraciones pertinentes…

¿Lista para disfrutar de una historia de almas gemelas?

Entonces, empecemos.

Amigos del alma, Sintonias 3

Amigos del alma, Sintonías 3

Capítulo 0, 1º Parte

Capítulo 0, 2ª Parte

Capítulo 0, 3ª Parte

Prólogo

Capítulo 1

Capítulo 2

Amigos del alma, una historia de almas gemelas: sus protagonistas – II

A la protagonista femenina de Amigos del alma, no le di belleza física como hice con las de las primera y segunda entrega de la serie. Gillian tiene algo que yo llamo grandeza de espíritu, que la hace poderosa en el buen sentido de la palabra, porque tira de lo mejor que hay en cada uno. Es de ese tipo de persona, que todos hemos conocido alguna vez en la vida, a cuyo lado te sientes bien, a gusto. No entiendes muy bien cómo sucede, pero sucede.

Aunque Jason hable de lo mucho que le gusta su pelo largo y sus formas divertidas, la verdad es que lo que lo encadena a ella es que para él, Gillian es gigante.

Y efectivamente lo es, por su esperanza imbatible y su profunda capacidad de agradecimiento.

Esta es Gillian McNeal, el ángel de Sintonías.

Amigos del alma, una historia de almas gemelas: sus protagonistas – I

En este caso no se cumple lo de «las damas primero» ya que empezaré por presentarte al héroe de Amigos del alma, Jason Brady.

Y hay una buena razón para ello (además de encandilarte con la visión de un hombre que no tiene desperdicio :-) )

Normalmente son ellos, los protagonistas masculinos, quienes aparecen en mi mente; ellas vienen después, como resultado de dar forma a un personaje adecuado a ese protagonista y a esa historia. Sintonías fue justo lo contrario: primero apareció la protagonista femenina de esta novela que ocupa el tercer lugar en el orden de publicación, y alrededor de ella se desarrolló todo lo demás.

Podría hablar largo y tendido de las virtudes de Jason Brady. También de sus defectos, que los tiene. Pero sólo diré una cosa: es un hombre hecho a la medida de una gran mujer.

¿Quieres conocer al alma masculina de Amigos del Alma? Aquí la tienes.

Amigos del alma, mi nueva novela romantica

«…El corazón no es todo calor y fluidez. Tiene sus corrientes frías y sus áreas heladas. Una dificultad en una relación puede ser como el mármol de Miguel Angel enfrentado a su martillo y cincel: la figura que está dentro esperando ser esculpida no es fácil de percibir, y definitivamente es invisible excepto al ojo poético. La insensibilidad es una vía, un camino perverso hacia una más profunda y posiblemente más honesta participación en la vida… Una relación conmovedora [como la de las almas genelas] no es un regalo simple, exige ser cultivada de manera muy atenta…» Thomas Moore1, «Almas gemelas: honrando los misterios del amor y la relación».

Septiembre ha sido un mes especial para mí. Además de mi período de descanso en el que disfruté de unas buenas vacaciones en un lugar verdaderamente exótico, ha sido el mes en que vio la luz Amigos del alma, la tercera y última entrega de mi serie Sintonías.

Y la que inspiró la creación de la serie… ¡Es increíble cómo pasa el tiempo! Desde que una canción que pasaban por la radio me diera la historia de fondo, el soporte sobre el que desarrollar la serie, han pasado casi dos años y medio.

Pero ya está aquí y es tiempo de hablar de ella.

Amigos del alma es una historia de almas gemelas con un toque diferente. ¿Diferente en qué? Bueno, normalmente se da por supuesto que las personas que mantienen este tipo de conexión la descubren al instante: se ven y lo saben. Pero expertos y estudiosos del tema sostienen que no necesariamente es así. Tema complejo el de las almas gemelas… Tantos años fantaseando con tu otra mitad, e igual resulta que la pasaste de largo y ni te has dado cuenta :-)

En el caso de Amigos del alma costó pero como no podía ser de otro modo, hubo final feliz. Elegí la cita de Thomas Moore que abre esta entrada porque resume fenomenalmente bien la relación de Jason y Gillian: les llevó varios años mirarse con ojos poéticos, y para que la relación romántica cuajara hizo falta además que uno de los dos «la cultivara de manera muy atenta…».

Durante las próximas semanas te hablaré de sus protagonistas y te daré acceso a enlaces a preview de algunos capítulos, como hice con las dos entregas anteriores de la serie, pero ahora te dejo con la presentación de la novela.

Amigos del alma, Sintonías 3

Amigos del alma, Sintonías, 3

1 Thomas Moore es autor de «El cuidado del alma» entre otros best sellers.

Novela romántica: la importancia de un buen título.

Es lo primero con que el lector establece contacto y la primera barrera que un escritor debe sortear.

Cierto que una buena portada ayuda, pero en esos escasos segundos que separan al posible comprador de decidirse por echar un vistazo más detenidamente al libro que sostiene entre sus manos o continuar con otro de las decenas que esperan en la estantería, un título potente se lleva la palma.

Un buen título no garantiza un buen libro pero puede influirnos a comprarlo. ¿Quién no oyó alguna vez del exitazo de los ’60 que prometía desvelar «todo lo que siempre habías querido saber sobre sexo y nunca te habías atrevido a preguntar», y luego, a la hora de la verdad, parece que para la gran mayoría de adultos no desveló tanto que no supieran ya?

Y al revés, hay buenos libros que de haberse publicado con su título original habrían pasado sin pena ni gloria. Leyendo hace poco sobre el tema, encontré algunos datos curiosos, como por ejemplo que:

  • el título original de la novela que hoy conocemos como Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell, era «Mañana es otro día» (Tomorrow Is Another Day) y el nombre de su protagonista, Scarlett, era «Pansy». Los dos, sin duda, cambios muy convenientes ¿no?;
  • el editor de Peter Benchley rechazó todos los títulos de su primera novela incluidos «el gran blanco», «el tiburón», «el ascenso de Leviatán» y «las mandíbulas de la muerte» hasta que al final, parece que de pura frustración, Benchley le pasó un título final: Jaws (Mandíbulas). O como se la conoce en español, Tiburón;
  • el título original del best seller romántico de Jacqueline Susann El valle de las muñecas era el poquísimo sugerente «No se construyen monumentos a los hombres de negocios».

Sí, desde luego a veces te llevas sorpresas con los títulos… Yo todavía recuerdo una novela romántica bastante conocida que compré influída por el título y acabé, por la décima página, archivando en la papelera. Más aburrida que seducida, la verdad.

Y también recuerdo que como un mes después de que Jera Romance publicara la segunda novela de mi serie Sintonías, Primer amor, a raíz de que algunos internautas llegaran a mi blog buscando un capítulo 54 que la mía evidentemente no tenía, me enteré de que hay una telenovela famosa que tiene un título parecido.

Vaya coincidencia para alquien que como yo no ha seguido una telenovela en su vida…

Y no es broma ;-)

Miedos, sueños y novela romántica.

Lo primero que atrajo mi atención fue el título «Cómo crear conexiones apasionadas» y a pesar de que mi lista de pendientes por leer amenazaba con taparme, hice clic.

Sigo a Sherri McConnell desde los principios de su National Association of Women Writers, hace seis o siete años, y además de útiles, sus escritos tienen un estilo con el que, valga la redundancia, conecto. Lo que no me imaginé es que un artículo principalmente dirigido a empresarias, pudiera hacerme pensar en mis razones de por qué escribo novela romántica.

«No tengas miedo: arriesgarse y sobreponerse al miedo es la única forma que conozco de materializar grandes sueños. Ya sabes a qué sueños me refiero. A los que teníamos de jóvenes, antes de rendirnos y decidir ser «prácticos». No tengas miedo al miedo ni al sentimiento de confusión mental que provoca, cuando te arriesgues [a materializar grandes sueños] y te decidas ayudar a otros a materializar los suyos, dispondrás de todos los recursos que necesites…» dice Sheri en su artículo y fue como si me estuviera hablando a mí.

Tardé mucho en decidirme a arriesgarme. Y quien haya pasado por esto sabe lo difícil que es dejar de ser «prácticos». Pero siempre soñé grandes sueños y hace tiempo, tuve la intuición de que en un universo tan profundamente interconectado, cristalizarlos tenía que pasar necesariamente, de alguna manera, por ayudar a otros a cristalizar los suyos. Soy una gran aficionada a la lectura y durante años, palabras escritas por otros me dieron compañía, conocimientos, inspiración, buenos ratos y muchas, muchas veces, consuelo. Pero mi gran pasión es escribir. Soy escritora de vocación muy temprana y ahora, he asumido el riesgo de permitir que sean mis palabras las que hagan lo mismo por otros.

Y no creas, todavía se me pone carne de gallina cuando le doy a la tecla «publicar» del blog. Ni te cuento cuando mando un manuscrito a un editor… ;-)

¿Por qué prefiero romántica a otros géneros? Porque ningún otro aborda la cuestión de los sueños y los miedos de una manera más personal que la novela romántica. Empezando por el más básico de todos: nuestro hombre/mujer ideal.

Y por cierto, de personas que no se rinden y se niegan a «ser prácticos» trata precisamente Primer amor, la segunda novela de mi serie Sintonías de la que encontrarás más información aquí.