Este maravilloso oficio de escribir

Me encanta escribir.  Creo que es mágico abrir un libro -o conectarte a internet- y que, de pronto, algo escrito por una persona que ni siquiera conoces, te ofrezca generosamente la respuesta que estabas buscando -quizás de forma inconsciente-, entretenimiento, consuelo o, simplemente, una colleja; esa que los adultos necesitamos a veces para sacudirnos la rutina y volver a enamorarnos de lo que somos y lo que hacemos.

Esta ha sido mi semana de collejas ;-)

La primera vino de la mano de una escritora que no conocía. En medio de un texto extenso -y más bien aburrido- de otros autores, sus veintidos palabras brillaron, refulgentes, ante mis ojos:

«When I sit down at my writing desk, time seems to vanish.
I think it’s a wonderful way to spend one’s life
.» ~ Erica Jong

No sólo es lo que pienso, es lo que siento, y la razón por la cual soy escritora, y no otra cosa. Me ha apasionado todo lo que hecho y he aprendido, soy de las que no conciben la vida sin pasión, pero solamente escribir consigue hacer que el tiempo se detenga para mí. Y por eso, como Jong, estoy convencida de que es un oficio maravilloso, algo fantástico a lo que dedicarse en la vida. Re-descubrirlo ha sido un auténtico regalo.

Pero ha habido otras tres collejas. U otros tres regalos. Esta vez, de la mano de escritoras que conozco personalmente, y respeto. Me explico.

Las cadenas de mensajes han encontrado en internet su medio más idóneo, y si eres asidua en la red, raro será el día en que no recibas uno (como mínimo). En la blogosfera ha tomado la forma, cómo no, de promoción a través de la concesión de premios, y esta semana mi blog ha recibido tres. Aceptar estos tres premios implica sumarme a la cadena, y seguir las reglas, pero una de mis rarezas -soy escritora ¿qué esperabas?- es que no soy afecta a las cadenas de mensajes. No lo era antes de Internet, y sigo sin serlo.

Sin embargo, considero un privilegio que me lean, que en estas épocas hiper aceleradas que nos tocan vivir en las que la mayoría tenemos tantísimas cosas que atender, alguien como tú -o como ellas- se tomen el tiempo y el interés de ver qué tengo que decir, independientemente de que luego guste lo que digo, o no. Por eso respondo a los comentarios que me dejan aunque sea una práctica discutida en la blogosfera; aprecio ese interés, y lo agradezco.

Y por eso, esta entrada de hoy va dedicada a ellas:

Gracias a las tres, de corazón, por premiar mi blog.

Sobre escritores, páginas en blanco y el síndrome burnout

empty_pageNormalmente no le habría prestado mayor atención a otro artículo relacionado con la famosa página en blanco del escritor, o con el síndrome de marras. Si alguna vez estuve bloqueada o quemada, la verdad, no me acuerdo así que lo más probable es que lo atribuyera a la falta de sueño o a los cambios bruscos de tiempo, y no le diera importancia. Pero me hizo gracia el título Cinco cosas a hacer cuando tienes el síndrome burnout del escritor. «¿Síndrome ‘estoy quemado’?», pensé, «Já, eso no existe en mi diccionario»… (1)

Y resultó que justamente así comenzaba el artículo. La autora, Bobbi Linkemer, es editora, coach literario y ghostwriter. Ha publicado 14 libros y tiene a la espalda cuarenta años de experiencia como escritora profesional. Desde su juventud ha sido una adicta a la escritura, una adicción de la que dice nunca se ha rehabilitado, y aun así, admite que se ha sentido «quemada, agotada y bloqueada» en varias ocasiones. Así que, por eso de que «cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar», decidí continuar leyendo.

Realmente, Bobbi ofrece una perspectiva algo diferente de lo habitual que he leído sobre el tema. El artículo estaba incluido entre varios de otros escritores, en una publicación electrónica y aunque lo he buscado en la web de la autora para poner el enlace, no he podido encontrarlo. Así que resumo (y comento) abajo los puntos centrales:

1. Nunca digas nunca: esto es aplicable a todas las cosas en la vida. Es la palabra que con toda seguridad te hará la zancadilla, ya que no es posible saber qué nos deparará la vida o de qué manera nos sentiremos cuando nos toque enfrentarnos a algo inesperado.

 «Nunca» y «siempre» son palabras que no me gustan. Las uso cuando escribo ficción por su carga dramática, pero en lo personal las encuentro demasiado definitivas. Ambas llevan implícita una rigidez antinatural con la que no consigo identificarme. La vida es cambio. Empezando por nosotros mismos, nada permanece inalterable. La supervivencia pasa necesariamente por la adaptación.

En el aspecto profesional el e-publishing nos ofrece un ejemplo claro. Hace seis o siete años publicar una obra electrónicamente se consideraba una opción de cuarta categoría, para muchos escritores ni siquiera eso. Era un «nunca» definitivo. Recuerdo perfectamente el revuelo que se organizó entre escritores de élite y público en general cuando en 2003 Cory Doctorow publicó una versión digital (de descarga gratuita, por supuesto) bajo licencia Creative Commons de su novela de ciencia ficción «In and Out the Magic Kingdom» al mismo tiempo que salía al mercado la versión impresa. De hecho, tengo en mis archivos un artículo de aquella época escrito por un editor norteamericano, en el que dice lisa y llanamente que publicar digitalmente, no es publicar. Tan solo seis años más tarde, el pasado 14 de octubre, el periódico El País abrió su sección de Cultura con este titular: «Francfort se rinde al libro electrónico». El subtítulo es así de taxativo: «El «e-book» ganará al soporte tradicional en 2018. Un 25% del negocio será digital en dos años. Los editores españoles toman posiciones».

«Nunca» ya está aquí, con todo lo que traerá aparejado en torno a los derechos de autor y las condiciones en que se venderán las obras digitales y cómo nos afectará.

2. Admítelo. Estás cansada. Estás harta de hacer lo que haces. Odias a tu jefe/editor/cliente. Estás desmotivada. Eres escritora y estás bloqueada […]. La cuestión es, no lo niegues ni forcejees con ello. Detente, y toma consciencia de lo que está sucediendo en tu interior. El cuerpo no miente, y si está haciendo un nudo contigo, existe una razón.

 No estoy harta de hacer lo que hago ni odio a mi jefe/editor/cliente, ni mucho menos, estoy desmotivada o bloqueada. Pero soy mujer, y como la mayoría de mis contemporáneas «me enchufo» por la mañana y «me desenchufo» por la noche, de modo que sí he sentido los efectos del cansancio y en mi caso, con admitirlo no fue suficiente. Mi problema es que me apasiona lo que hago, y me cuesta parar. Así que además de reconocer que mi cuerpo estaba pidiendo a gritos que rebajara la marcha, tuve que implementar algunas medidas de emergencia. Entre ellas, hay una que me está dando muy buenos resultados: he programado el escaneo del antivirus para que se lance a una hora determinada cada día. Consume tantos recursos del sistema, que si aún estoy dándole a las teclas cuando empieza, tengo que dejarlo sí o sí porque todo se vuelve irritantemente lento.

3. Que no cunda el pánico. Cuando te sientas quemada, cansada, que estás escribiendo de forma mecánica o que estás demasiado bloqueada para intentarlo siquiera -y alguna vez te sentirás de esta manera-, tómate un recreo […] Lee un libro, relájate frente a la televisión, pon tu CD favorito, limpia el suelo, arregla tu coche, haz yoga o taichi o karate. Haz cualquier cosa, menos escribir.

4. Sé consciente de que se te pasará. Aún eres una escritora, de hecho, una buena escritora. No has perdido tu talento ni la pasión por escribir […] Sé como los taoístas: deja que fluya. No te torturas tanto cuando tienes la gripe ¿por qué hacerlo con este malestar pasajero? Ponlo a cuenta de una fase temporal, y sigue adelante.

 Creo que 3. y 4. van de la mano. Muchos tendemos a pensar -especialmente, las mujeres- que el mundo -nuestro mundo- se derrumbará si no estamos ahí dando el callo, y asegurándonos de que todo marcha según lo previsto. La realidad, mal que nos pese :-), es bastante menos dramática. La clave está en concedernos el tiempo y el espacio suficiente para aprender a ver las cosas con la mayor perspectiva posible, y sin duda empezar por serenarse y tomar conciencia de que sea lo que sea, pasará, es un buen comienzo. Sí, ya sé, no me lo digas… ¡Jolines, cómo cuesta! 

5. Piensa en ello detenidamente. Si es serio, si es contínuo, si es doloroso y se resiste a irse, es posible que necesites hacer algo más al respecto que distraerte viendo una película o yendo a patinar. Es posible que necesites considerar detenidamente qué está sucediendo y si en verdad es hora de cambiar de actividad […].

 A veces idealizamos nuestros propios sueños sin darnos cuenta y sólo vemos de ellos lo positivo, lo atractivo. Una antigua amiga de mis padres soñaba con retirarse a vivir a las afueras de la ciudad, en una gran casa de campo. Había crecido en una pero por requisitos de su profesión acabó convertida en una urbanita con un piso pequeño del que no veía la hora de irse. Finalmente lo consiguió: cuando le llegó la hora del retiro, se construyó una preciosa casa de tres plantas en un pueblo tranquilo y allá que se fue. Hace algún tiempo hablé con ella por teléfono. «¿Qué tal tu casita?» le pregunté. «Si hubiera pensado en el trabajo que me daría mantenerla, le habría quitado dos plantas a mi sueño», me respondió ella con resignación.

La profesión de escritor, como todas, también tiene su lado inconveniente. La «página en blanco», las cartas de rechazo, la indiferencia con que a veces se trata un manuscrito en el que has invertido meses de trabajo, las (malas) críticas… son parte del territorio del escritor. Constituyen la otra cara del sueño de «publicar», una cara que puede llegar a convertir algo apasionante en una tortura si no se maneja adecuadamente. Como dice el refrán, «cuando coges el palo, coges las dos puntas».

Si quieres echar un vistazo a la web de esta escritora, está aquí.

Nota: ¡Lo encontré! La versión original del artículo es esta (en inglés).
 
(1) En parte es cierto que no constaba en mi base de datos :-) ¿Sabías que el síndrome burnout o lo que vulgarmente se conoce como «estar quemado» es, efectivamente, un síndrome con sus correspondientes síntomas psico-físicos perfectamente definidos? Yo acabo de enterarme. Más información sobre eso aquí.

Estrés post-vacacional y el sentido de la vida.

vintage_summerHoy he pasado de la reflexión a la carcajada en cuestión de cinco minutos. Ordenando unos artículos que estuve imprimiendo ayer para leerlos con más comodidad, me quedé enganchada a una frase que abría uno de los textos. Era una cita de un libro de Viktor Frankl, titulado «El hombre en busca del sentido» (A Search For Meaning). Siempre que me pasa algo así, le presto atención, a ver dónde me lleva esa idea. De modo que garabateé algunas notas en el margen, aparté la hoja en cuestión para dedicarle un rato después de atender las cuestiones más importantes, y continué con los asuntos del día.

La carcajada sobrevino pocos minutos más tarde cuando lancé la página de inicio de mi navegador, que en mi caso es Yahoo, y leí el encabezamiento del titular de una noticia, que decía así:

«¿Estrés postvacacional?  Si sufres una pequeña depresión, irritabilidad, insomnio y falta de todo…Tranquilo: se te pasará en 3 días…»

Recién llegada de unas vacaciones de mucho descanso, playita y vistas ideales, mi primera reacción fue tomarlo a chiste. Ya sabes, el típico artículo con que se llenan los huecos cuando no hay noticias de verdad. Pero no, resutó que no era chiste.

No es mi intención tomar a broma las preocupaciones de la gente, pero ¿no te parece irónico y, hasta cierto punto grosero, que en un mundo azotado por innumerables calamidades -naturales y fabricadas por nosotros, los humanos-, algunos de los comparativamente pocos afortunados que podemos tomarnos vacaciones, en vez de disfrutar del privilegio, recargar baterías y sentirse agradecidos, se estresen por tener que volver a sus vidas cotidianas? ¿No tienes la sensación de que algo no encaja en este cuadro?

El artículo seguía:

«Los perfeccionistas, las personas inseguras y quienes tienen previamente patologías psicológicas son las más afectadas por el estrés posvacacional propio de estos días, ya que son las que encuentran más problemas para adaptarse de nuevo a la rutina. La buena noticia es que, según los expertos, normalmente esta situación se supera en un máximo de tres días…» Según el psicólogo Ricardo Ros:  «Al 60 ó 70 por ciento de las personas les cuesta un poco adaptarse a la rutina después de estar de vacaciones durante un mes, pero normalmente en un día, dos o tres todos nos adaptamos».

«¿60 ó 70%? Algo definitivamente no cuadra», pensé. Entonces, la cita de Frankl que había apartado volvió a mi mente, y me parece que arroja algo de luz acerca de qué es eso que no cuadra.  Dice así:

«Muchos de nosotros tenemos suficiente para vivir, pero nada por lo que vivir; tenemos los medios, pero no el propósito«. Viktor Frankl (1).

Las dificultades económicas derivadas de la actual coyuntura económica internacional, las largas jornadas laborales, el inicio de un nuevo curso escolar (o las compras/reuniones Navideñas, o la cuesta de enero, etc)… Montones de cosas que atender y el día que sólo tiene las mismas veinticuatro horas de siempre.

Resulta fácil que la actividad cotidiana y el ajetreo de la vida nos atrape hasta el punto de que sencillamente, sólo queda la inercia… y el stress, pero ¿realmente, tenemos una clara comprensión de nuestro destino? ¿Sabemos hacia adónde nos dirigimos? Y lo más importante, toda esa actividad y ese ajetreo ¿nos llevan donde deseamos ir? ¿nos acercan al objetivo? Porque sólo así cada paso que demos tendrá sentido -propósito-, y darlo, será fuente de alegría, y no de depresión.

(1) Viktor Frankl fue un neurólogo y psiquiatra austríaco, fundador de la Logoterapia. La esencia de esta filosofía dice que muchas de las denominadas enfermedades mentales y emocionales son en realidad síntomas de una sensación subyacente de falta de significado, o vacuidad. La logoterapia la elimina a través de ayudar al individuo a detectar su misión en la vida. Encontrarás más información sobre la vida de este hombre singular aquí.


«Vintage Summer». ©Image by Gabriella Fabbri

Cubiertas picantes para el último de la saga mágica.

Me encanta el blog de las «Smart Bitches», son tan descaradas y divertidas… Lo sigo desde hace tiempo y raro es el día que no suelte la carcajada con sus bromas corrosivas, o me sienta identificada con sus posts más reflexivos.

Tenían que hablar de la última entrega de Harry Potter (¿hay alguien en el ciberespacio que no lo haya mencionado directa o indirectamente últimamente?), y con tanta opinión y comentario vertido, poco nuevo quedaba aún por decir. Así que como casi siempre, tomaron el camino del humor.

Si te gustaría leerlo, dicen las Smart Bitches refiriéndose especialmente a la audiencia masculina, pero crees que eres demasiado mayor, o te has enganchado y no puedes soltarlo, pero no quieres que nadie se entere, usa cualquiera de estas cubiertas para esconder el libro.

Si no eres muy amiga del inglés y conoces a alguien que lo domine, pídele que te las explique en detalle (*). De verdad que son para troncharse.

(*)Nota:  El texto de las portadas es muy directo y puede que algunos lectores lo encuentren obsceno. Si te consideras sensible a según qué vocabulario, ten en cuenta esta aclaración antes de visitar la página.