Lee gratuitamente el octavo capítulo de esta novela romántica.
Ya está online, abierto a lectura. Está aquí, al final del post.
¡Buena lectura!
¡Y felíz fin de semana!
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¡Y felíz fin de semana!
Hombres de verdad que inspiran hombres de ficción.
Hace unas semanas comentaba que leyendo blogs de otras escritoras me sorprendía al descubrir cosas en común con personas que no he visto en mi vida. Esta semana, he vuelto a sorprenderme leyendo este post que Portia Da Costa, una escritora de novela romántica erótica publicó como invitada en un blog que sigo habitualmente, Romance By The Blog.
No he leído ningún título de Portia y una búsqueda rápida en internet en español no ha dado resultados, así que posiblemente aún no haya sido traducida a este idioma. Pero en inglés, tiene publicados varios, alguno de los cuales pretendo leer más adelante, cuando mi lista de pendientes de lectura se aclare un poco.
En este caso, la razón de querer leerla es doble. Por un lado, porque como yo, ella también usa hombres reales como plantillas en las que se inspira para construir a los protagonistas masculinos de sus novelas. Plantillas con nombre y apellido en la vida real: Kevin Bacon, Andrea Agassi, James Marsters… ¡Wow! ¡Vaya plantillas! En su post no solo incluye fotos, además los relaciona directamente con cada una de sus novelas. Y esta es justamente la segunda razón por la que quiero leer alguna novela suya. Concretamente, «Gothic Blue», en la que se sirvió del tenista (Andrea Agassi) para construir a su protagonista. Ya sabes, cuestión de preferencias :-)
Quiero leerla porque me interesa comprobar dos cosas. Primero, cómo lo describe. Segundo, si saber que se inspiró en él, le corta las alas a mi imaginación, o al contrario, hace la lectura más divertida.
Verás, las descripciones detalladas (especialmente las físicas) aunque reconozco que son un arte complejo y exquisito, como lectora no suelo disfrutarlas. Salvo algunas excepciones, en general prefiero las pinceladas que estimulan mi imaginación pero no la limitan. Por eso, a la hora de escribir, me aplico el mismo criterio. Lo mío son los esbozos, no las fotografías. Tengo mis plantillas y las uso, pero no voy a desvelarlas, lo siento. ¡No quiero pincharte el globo!
Al protagonista masculino de mi novela «Bombón», lo describo usando una palabra, vikingo. O sea, alto, fuerte, rubio y de ojos claros. Desde Beckham hasta Björn Borg, pasando por tu vecino del cuarto o el amor de tu vida, pueden caber perfectamente en esta descripción. Para mí, esa es precisamente la idea: que tú le pongas cara -y todas las demás partes del cuerpo- a mis chicos de ficción.
Ya te contaré qué me parece Andrea Agassi en el papel del Conde Andre Von Kastel, en «Gothic Blue» :-)
Lee gratuitamente el séptimo capítulo de esta novela romántica.
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¡Buena lectura!
¡Y felíz fin de semana!
Cuando la realidad se mezcla con la leyenda.
A Jordan, el protagonista masculino de mi novela Bombón, lo llaman «vikingo». Elegí esa palabra para invocar la idea que tenemos de ellos: hombre de rasgos nórdicos, rubio, alto, fuerte y bravo.
Imagínate mi cara cuando dando vueltas por internet, mucho después de haber entregado el manuscrito, me entero que al parecer los verdaderos vikingos no eran exactamente así. Según Wikipedia.org, no eran necesariamente rubios aunque sí consideraban el color rubio como ideal y por eso usaban jabón para lavarlo y blanquearlo, con más frecuencia de lo que era habitual para la época. Tampoco eran lo que hoy consideraríamos como altos, no pasaban del metro setenta y seis como máximo, aunque teniendo en cuenta las condiciones de vida y alimentación de entonces, para su época sí lo eran. Menos mal que la fortaleza y la bravura no eran leyendas :-)
Por si interesa leer un poco más sobre ellos, estos son los enlaces de Wikipedia. La versión castellana difiere un poco de la inglesa.
En fin, como suele decirse, «cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia». En mi imaginación, el héroe de Bombón es así.
Lee gratuitamente el sexto capítulo de esta novela romántica.
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¡Buena lectura!
¡Y felíz fin de semana!
Lo que las lectoras de novela romántica no quieren en sus novelas ni las personas, en sus vidas.
Siempre me he considerado bastante flexible en cuanto a la temática de los libros que puedo llegar a leer. El requisito imprescindible tiene que ver más con la técnica del escritor que con el tema que trata: si atrapa mi interés en las primeras dos o tres páginas, me lo quedo, sino, no. El genero que me gusta escribir, sin embargo, es estricto en cuanto a lo que debe abordar y lo que no. Y la infidelidad es un «no», clarísimo.
Justamente de esta cuestión habla este post reciente en Romancing The Blog. Pero no fue precisamente el post, que mantiene la postura del «no» y la argumenta, lo que atrajo mi atención, sino uno de los cincuenta y tantos comentarios que recibió. Mel, en su comentario, dice:
«El amor verdadero trata de perdonar y aceptar a las personas por lo que son, incluidos sus errores. Me sorprende que tanta gente menosprecie las novelas románticas que incluyen la infidelidad hasta el punto de que no leerían el libro. Pienso que algunas de las mejores relaciones que conozco son las que rotas por la infidelidad, lograron reconstruirse a través del amor, el perdón y la comunicación. De esto trata el amor y si un escritor es capaz de escribir tal historia, yo lo soy de leerla. En realidad, puede tener mucho más que un final feliz, puede ser una historia realmente hermosa».
Efectivamente, la postura del «no» gana por goleada, por motivos que con distintas palabras resumen un mismo concepto extensamente arraigado en sociedades de tradición cristiana: el romance es solo de dos personas y solo entre un hombre y una mujer. El perdón también es un valor cristiano, que sin embargo sigue siendo asignatura pendiente para la mayoría de los seres humanos.
Esta encuesta realizada por la MSNBC.com e iVillage el pasado febrero entre 70,288 lectores, corroboró este extremo: más del 70% sostuvieron que la infidelidad no es justificable bajo ninguna circunstancia. El 43% de las mujeres y el 37% de los hombres dejaron a su pareja después de descubrir que le habían sido infieles…
A pesar de lo cual, casi la mitad de los encuestados admitió haber sido infiel alguna vez en su vida, por razones con matices así de diferente entre hombres y mujeres:
El 44% de los hombres buscaba sexo más frecuente y el 40%, sexo más variado.
El 40% de las mujeres buscaba mayor atención emocional y el 33%, sentir que seguían siendo deseables.
El perdón (de una infidelidad o cualquier otro error «grave») es una asignatura pendiente, sin duda, pero ¿hasta el punto de ni siquiera soportar la infidelidad como conflicto de trama en una novela romántica? ¿Qué opinas?
Lee gratuitamente el quinto capítulo de esta novela romántica.
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¡Buena lectura!
¡Y felíz fin de semana!
Si lo que se cuenta es una historia de un hombre y una mujer con todos los ingredientes sabrosos de una buena historia de amor -encuentros, desencuentros, pasión, sexo, etc.-, sin el típico final feliz, es narrativa femenina (o masculina) y todo el mundo contento. ¿Te acuerdas de «El último tango en París»? Cuando se estrenó fue como una fiebre: si no habías visto la película, no estabas en la onda. Y cuando algún tiempo después se editó el libro, fue más de lo mismo.
Con la literatura erótica, salvando las distancias, pasa algo similar: si sales de la librería de turno con, por ejemplo, «Querido amigo» de Angélica Gorodischer(1), una hermosa y curiosa novela erótica ambientada en Oriente, en el siglo XIX, eres una lectora «culta» que lee a escritoras talentosas y galadornadas.
(1)Angélica Gorodischer es una escritora argentina contemporánea, autora de varios títulos premiados en géneros tan diversos como el fantástico, la ciencia ficción, el relato histórico y la novela erótica.
Prueba a elegir un libro que cuente una historia de amor entre un hombre y una mujer, sea erótica o no, y que tenga un final felíz, y entras sin paradas técnicas en la categoría de lectora de novela rosa. O como se las llama ahora con un nombre menos malsonante, novela romántica, a pesar de lo cual, sigue siendo aludida por muchos como el antecedente literario de las telenovelas. Como no veo telenovelas, no sabría decirte si la alusión me parece acertada o no, pero por lo que escucho a mis conocidas comentar, me da que hay una diferencia considerable entre «Pasión de gavilanes» y «Sentido y sensibilidad» (Jane Austen)…
Como en todas las ramas del arte, hay obras que me gustan y otras que no. Honestamente no creo que lo que nos conecta con un libro (o cualquier otra manifestación artística) tenga que ver con tecnicismos y valoraciones de críticos entendidos en la materia. Además, la novela romántica es un género que aborda cuestiones que nos tocan en lo más profundo de nuestro ser: hablan de sentimientos, de sueños, de expectativas. Y cuando te enteras que Nora Roberts acaba de ser incluida por la revista Time entre las 100 personas más influyentes, en una lista que reune a los «100 hombres y mujeres cuyo poder, talento o ejemplo moral están transformando el mundo», empiezas a entender por qué, a pesar de los críticos y los calificativos peyorativos, el género vende como rosquillas: son mucho más que mero entretenimiento. La revista Time dice que Nora consigue que «cada historia que escribe sea fresca y esperanzada» . Casi nada.
Por si este dato es tomado con escepticismo por algún criticón redomado que te de la brasa por leer el género, aquí transcribo (traducidas) unas respuestas que encontré en este blog . Usalas a discreción :-)
Del post «La diez respuestas para la gente que critica la novela romántica».
1. Muérdeme.
2. Acércate y dímelo de nuevo.
3. ¿Qué es lo que más te molesta, el sexo o el romance?
4. No. No me río contigo, me río de ti.
5. ¡Tú, fuera de mi planeta!
6. Procuraré ser más amable si tú procuras ser más listo.
7. Cuando quiera tu opinión, te daré la mía.
8. Eso explica muchas cosas.
9. Besa mi culo pintado al pastel.
10. 55 millones de lectores.
Nota: Las últimas dos respuestas fueron añadidas a la lista original por Angela Booth, una escritora profesional australiana, que leo bastante y que también ha hecho incursiones en novela romántica histórica, aunque su fuerte es escritura corporativa (webs, blogs, escritura freelance). Si te interesa el tema, no dejes de visitar su blog.
Lee gratuitamente el cuarto capítulo de esta novela romántica.
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¡Buena lectura!
¡Y felíz fin de semana!
La música no solo amansa fieras, también inspira a escritoras de novela romántica.
Me gusta visitar los blogs y webs de escritoras, me gusta leer sobre sus hábitos y sus cosas favoritas. A menudo descubro que comparto con algunas de ellas más de lo que a priori me parecía y en algunos casos, directamente, me sorprendo. Fue el caso de Marnie Pehrson: todavía no he leído ninguno de sus libros, pero sus posts creo que me los he leído todos.
Todo empezó por uno en particular que publicó en agosto del año pasado y al que llegué de «causalidad», titulado «The Music of My Heart» (La música de mi corazón). Hablando de la importancia que ha tenido la música en su vida, dice que tanto es así que «no es capaz de ponerse a escribir una novela sin antes crear la banda sonora». Los ojos se me quedaron pegados a esa línea porque en mi caso es igual: existe una historia, unos personajes y una música asociada que suena mientras escribo. Pero es que cuando seguí los enlaces de su blog y llegué a la «banda sonora» de una de sus novelas, la sorpresa fue mayúscula: dos de las canciones de su banda, están en una de las mías (Breathe de Faith Hill y Believe de Brooks&Dunn). Y no son precisamente Top40 en el mundo…
Para mí también la música es un ingrediente fundamental en mi vida, y de la misma manera que los sabores o los olores evocan recuerdos, en mí, la música tiene ese efecto: trae a mi mente, con una nitidez increíble, momentos vividos y con ellos, todas las emociones. En mi caso, además de estar presente mientras escribo, es fuente de inspiración: tenía en mente las historias que quería desarrollar en mi serie Sintonías, pero me faltaba la ambientación. Estaba escuchando música, como siempre, y una línea de la canción que sonaba en ese momento, entró en mi cerebro como un láser. No creo en las casualidades y suelo seguir mis pálpitos, así que me puse a buscar información sobre la canción y el cantante sin perder ni un minuto. Y voilà: su biografía me dio lo que necesitaba. Media hora más tarde, tenía la ambientación para mis tres historias: una familia grande y generosa, en la que hijos biológicos conviven con niños de acogida. La canción, bonita por cierto, es Every Time I Hear Your Name y el cantante, Keith Anderson.
Y aunque Keith se parece algo al protagonista de mi tercera novela, como suele ocurrir, la ficción supera la realidad: mi Jason es muchíiiiiisimo más guapo :-)