Cuando el romance se reduce a un par de escenas íntimas.
En la primera parte de este post comentaba que en la categoría novela romántica se dan demasiadas cosas por hecho. Me refería a la práctica, cada día más habitual, de incluir escenas de sexo explícitas en novelas románticas no eróticas. O lo que yo llamo «penes a go-go»: comprar una novela romántica normal porque pinta bien, echarte en el sofá a leerla y sin previo aviso, por la página sesenta -o antes-, encontrarte leyendo la descripción de una escena erótica que encaja tan poco con el desarrollo de la historia que vuelves a mirar la cubierta para ver si es la misma novela, o alguien te la cambió sin que te dieras cuenta.
Personalmente, me dice más una escena sensual, que una sexual, pero si la historia está bien contada, una escena explícita bien construida puede darle un toque de fantasía que las lectoras de la categoría saben valorar. Mientras esté bien hecha, cuadre en la historia y yo sepa de antemano que voy a encontrar ese tipo de escenas en el libro, me parece bien.
Lo que está pasando de un tiempo a esta parte, es justo lo contrario: las escenas explícitas crecen como champiñones, aparecen sin anunciarse y no suelen estar bien escritas. Surfeando la web reecontré un blog que leía bastante y perdí de vista al cambiar de newsreader. Justamente, en uno de sus posts recientes pone sobre la mesa este tema. Kimber An en Romancing the Blog plantea hasta qué punto la inclusión de «escenas de sexo escritas según la fórmula» (escenas que no fluyen bien con la historia, que están en la novela porque «es lo que se lleva») se debe a la presión de editores y agentes, o a la decisión de la autora de sacrificar lo que de otra forma sería una buena historia para asegurarse la publicación o buenas cifras de venta.
Parece claro que editoriales y agentes sugieren a los autores la inclusión de este tipo de escenas: demasiadas novelas las incluyen hoy en día como para que sea una coincidencia. Pero, como indica Kimber An, puede salirles el tiro por la culata. Su post recibió varios comentarios que como mínimo cuestionan que las lectoras de novela romántica deseen realmente sexo explícito en sus lecturas (¡había quien comentaba que se saltaba las páginas con escenas íntimas!). Si quieres echarle un vistazo al post, lo encuentras aquí.
Como escritora, me gustan los desafíos. Me han sugerido que ir «más allá» en alguna escena de una novela mía en particular, realzaría la historia y lo consideré. Llevaba varios meses leyendo este tipo de escenas y me pareció un buen experimento. ¿Estarán incluidas en la versión final? Si cuando vuelva a leer la novela editada disfruto tanto como disfruté al escribirlas, sí. De otra forma, no. Escribo las historias que me gustaría leer y no me interesa publicar algo que yo no disfrutaría leyendo.
Como lectora, en novela romántica aprecio más lo sugerido que lo explicado. Fantasear está bien, va con la categoría y a nadie le amarga un dulce, pero si le van a cortar las alas a mi imaginación explicándome lo que viene después, más vale que lo hagan bien. Especialmente, estaría bien que no se olvidaran que, como la mayoría de las mujeres adultas de hoy en día, ya se cómo se hace. De las historias de amor, me interesan las historias no las lecciones de anatomía :-)
¿Tú qué opinas? ¿Eres de las que se salta las escenas «eróticas» que no vienen a cuento? ¿O como yo, cortas por lo sano y archivas la novela en la papelera (después de incluir al autor en tu lista negra)? ¿No tienes la impresión de que últimamente se publican demasiadas novelas románticas en las que el amor parece ser lo de menos?



