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Acerca de patriciasutherland

Además de escribir novela romántica y leer, adoro la música. Me gusta el jazz, el r&b y últimamente, el country moderno. Encontrarás más información sobre mí, en la pestaña correspondiente de mi blog.

Escenas de sexo explícito y novela romántica II

Cuando el romance se reduce a un par de escenas íntimas.

En la primera parte de este post comentaba que en la categoría novela romántica se dan demasiadas cosas por hecho. Me refería a la práctica, cada día más habitual, de incluir escenas de sexo explícitas en novelas románticas no eróticas. O lo que yo llamo «penes a go-go»: comprar una novela romántica normal porque pinta bien, echarte en el sofá a leerla y sin previo aviso, por la página sesenta -o antes-, encontrarte leyendo la descripción de una escena erótica que encaja tan poco con el desarrollo de la historia que vuelves a mirar la cubierta para ver si es la misma novela, o alguien te la cambió sin que te dieras cuenta.

Personalmente, me dice más una escena sensual, que una sexual, pero si la historia está bien contada, una escena explícita bien construida puede darle un toque de fantasía que las lectoras de la categoría saben valorar. Mientras esté bien hecha, cuadre en la historia y yo sepa de antemano que voy a encontrar ese tipo de escenas en el libro, me parece bien.

Lo que está pasando de un tiempo a esta parte, es justo lo contrario: las escenas explícitas crecen como champiñones, aparecen sin anunciarse y no suelen estar bien escritas. Surfeando la web reecontré un blog que leía bastante y perdí de vista al cambiar de newsreader. Justamente, en uno de sus posts recientes pone sobre la mesa este tema. Kimber An en Romancing the Blog plantea hasta qué punto la inclusión de «escenas de sexo escritas según la fórmula» (escenas que no fluyen bien con la historia, que están en la novela porque «es lo que se lleva») se debe a la presión de editores y agentes, o a la decisión de la autora de sacrificar lo que de otra forma sería una buena historia para asegurarse la publicación o buenas cifras de venta.

Parece claro que editoriales y agentes sugieren a los autores la inclusión de este tipo de escenas: demasiadas novelas las incluyen hoy en día como para que sea una coincidencia. Pero, como indica Kimber An, puede salirles el tiro por la culata. Su post recibió varios comentarios que como mínimo cuestionan que las lectoras de novela romántica deseen realmente sexo explícito en sus lecturas (¡había quien comentaba que se saltaba las páginas con escenas íntimas!). Si quieres echarle un vistazo al post, lo encuentras aquí.

Como escritora, me gustan los desafíos. Me han sugerido que ir «más allá» en alguna escena de una novela mía en particular, realzaría la historia y lo consideré. Llevaba varios meses leyendo este tipo de escenas y me pareció un buen experimento. ¿Estarán incluidas en la versión final? Si cuando vuelva a leer la novela editada disfruto tanto como disfruté al escribirlas, sí. De otra forma, no. Escribo las historias que me gustaría leer y no me interesa publicar algo que yo no disfrutaría leyendo.

Como lectora, en novela romántica aprecio más lo sugerido que lo explicado. Fantasear está bien, va con la categoría y a nadie le amarga un dulce, pero si le van a cortar las alas a mi imaginación explicándome lo que viene después, más vale que lo hagan bien. Especialmente, estaría bien que no se olvidaran que, como la mayoría de las mujeres adultas de hoy en día, ya se cómo se hace. De las historias de amor, me interesan las historias no las lecciones de anatomía :-)

¿Tú qué opinas? ¿Eres de las que se salta las escenas «eróticas» que no vienen a cuento? ¿O como yo, cortas por lo sano y archivas la novela en la papelera (después de incluir al autor en tu lista negra)? ¿No tienes la impresión de que últimamente se publican demasiadas novelas románticas en las que el amor parece ser lo de menos?

Amantes de la novela romántica, a pesar de las traducciones.

Los que me conocen saben que aunque escribo novela romántica desde la prehistoria de mi vida, a su lectura llegué bastante más tarde y lo hice leyendo a escritoras de habla inglesa en versión original. No fue hasta el año pasado, cuando me propuse publicar, que tuve la (mala) idea de leerlas traducidas al español.

Francamente, lo primero que pensé fue que vaya club de fans más fiel forman las aficionadas a este género, que las compran cada vez más a pesar de las pésimas traducciones disponibles en el mercado.

Hice el experimento de leer las versiones traducidas de algunas de mis novelas favoritas… ¡Qué desilusión! ¡Qué ganas de tirarlas a la basura!

No fue solamente la cuestión de los gazapos y horrores como los que plantean las chicas de Autoras en la Sombra en este post que los había, fue principalmente que «la voz» de la escritora se diluía hasta casi desaparecer por la mala traducción. Era… ¿cómo decirlo? como si el lenguaje que se usó para traducir no se correspondiera con el tiempo o el tono que se usó para escribir la historia.

Cuando lees una novela romántica histórica esperas un cierto refinamiento del lenguaje, no solo en los diálogos. Cuentas con que habrá palabras, más «formales» digamos, que conoces aunque generalmente no usas. Si se trata de una novela contemporánea, la cosa cambia. O debería. En las versiones originales lo hace; en varias traducciones que leí, no. Palabras como «espetó» o «perplejo» coexisten con jerga actual, creando líneas de diálogo de este tipo: «¡¿Cómo me dices eso, joder?!- espetó Martina, perpleja». Es como si lo que está entre guiones lo hubiera escrito alguien de tu quinta, y lo que viene después del guión, una amiga de infancia de tu tatarabuela.

La cuestión de la mala calidad de las traducciones es un tema que afecta a la literatura en general y del que se viene hablando bastante: en los últimos seis meses uno de mis escritores favoritos, Javier Marías, lo trató en su artículo semanal para la revista El País. También leí un par de artículos en Babelia (el suplemento de los sábados del mismo periódico), esta vez enfocados desde el punto de vista de los otros perjudicados de esta historia: los traductores profesionales que ven mermados no solo sus ingresos sino su prestigio -el del gremio-, porque algunas editoriales, por cuestiones económicas, dan las traducciones al mejor postor -en este caso, al que les cobra menos-.

No se tú, pero yo echo muchísimo de menos esas versiones traducidas, con notas de pie de página, en la que el traductor (profesional, claro) daba detalles sobre expresiones, sucesos o palabras usadas en la versión original. Gracias a ellas, el mundo creado por el autor me parecía mucho más cercano.

Sintonías: cuando el amor te da alas.

Alguien, de sexo masculino, me dijo hace poco que la mayoría de las personas se enamoran de quien pueden, no de quien quieren. Se casan (o equivalente) con alguien de su entorno, y particularmente en el caso de las mujeres, por no quedarse solas.

Supongo que eso serviría para explicar el número creciente de divorcios, separaciones y rupturas. Si ya tiene sus complicaciones hacer que una relación funcione cuando crees que te enamoras de quien quieres…

La novela romántica es un género para mujeres deprimidas que buscan historias que pongan un poco de sabor a sus vidas insulsas, escritas por mujeres, y a veces hombres, igual de deprimidas con vidas igual de insulsas. No es broma, lo leí hace varios meses y aunque no es cita textual porque no he conseguido volver a dar con el bendito artículo, venía a decir eso. De quien escribe y lee este género no sorprende nada.

Bueno, como pertenezco a este grupo de ejemplares insulsos, puedo meterme hasta el cuello en historias que aborden AMORES, con mayúsculas, sin que nadie se sorprenda. Así las cosas, me lié la manta a la cabeza. Con una buena taza de té y mi música favorita de fondo, me hice unas cuantas preguntas.

¿Cómo sería el amor entre dos personas que sintonizan y se esfuerzan por mantener esa frecuencia a pesar de las vicisitudes de la vida, que se centran en lo que los une en vez de centrarse en lo que los separa?

¿Cómo sería el amor entre personas que son la misma cosa en distintos grados?

¿Cómo sería vivir con alguien que te inspira y te motiva a ser más y mejor?

Y especialmente, ¿cómo resuelven las diferencias, los egos, las aspiraciones individuales, en un mundo tan competitivo que exige tanto de las mujeres como antes exigía de los hombres?

Sabemos cómo se resuelve cuando hay amor. ¿Cómo sería si hubiera AMOR?

El resultado son tres historias contemporáneas que se desarrollan en un auténtico paraíso multicolor, Arkansas, entre los años 2004 y 2006. Los personajes que te iré presentando las próximas semanas me regalaron momentos increíbles: Jordan, el protagonista de la primera entrega de la serie me enamoró por su perspicacia, por su habilidad para llevarse el gato al agua y por su entrega incondicional. Mark, el protagonista de la segunda, me metió en camisa de once varas más de una vez con sus ideas tan radicales sobre la mujer y su rol social. Podía sentir cómo me rechinaban los dientes cuando escribía sus diálogos… Y Jason, el «héroe» de la última entrega… ¿Qué decirte de él? Diane Lilly de Glam Magazine lo describe a las mil maravillas en este artículo.

En fin, son tres historias bien románticas, que hablan de mujeres -y hombres- que se enamoran apasionadamente de quienes quieren y que pudiendo conformarse con menos, no lo hacen. Dos historias de AMORES ideales y una, de almas gemelas.

Historias de esas que no hacen estadística de divorcio :-)

Bombón, capítulos abiertos.

Para las enamoradas de la novela romántica…

Por razones que no entiendo muy bien las tiendas (o editoriales) y también algunos autores son reticentes a dejarte ver más de un extracto o algún capítulo de los libros que venden por internet. Puedes entrar a una librería, quedarte por ahí a tu aire hojeando cuanto libro te de la gana sin que nadie diga nada, pero en la web, el universo de la información accesible a cualquiera con una conexión a internet, para leer un miserable capítulo de ese mismo libro tienes que suscribirte a algo, o dar tu correo electrónico para que luego te envíen información que igual ni te interesa y desde luego, no has pedido.

Como lectora, difícil es que yo compre un libro sin antes hojearlo un rato, así que como escritora me he aplicado el mismo criterio. Si te gusta la novela romántica, seguro que agradecerás la posibilidad de leer unos cuantos capítulos, y a mí me va a encantar que me leas. Tú ganas, yo gano. Si al final, la novela te engancha y la compras le habremos puesto la guinda al pastel :-)

Tengo previsto ofrecer a lectura abierta varios capítulos de cada una de las tres novelas que forman la Serie Sintonías a medida que se publiquen, empezando por Bombón que está a la venta desde el pasado marzo. Será los sábados cuando publique aquí un post con el enlace al capítulo abierto. Si te suscribes a mi blog (¡no hace falta dar email, qué alivio!), me tendrás en la ventana de tu newsreader sin preocuparte de nada más. De otra forma, pásate por aquí los sábados.

¿De acuerdo? Entonces, empecemos…

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Bombón

Antes de empezar con Bombón, te recomiendo que leas la presentación de la serie: te ayudará a centrar la historia y conocer a vuelo de pájaro los distintos personajes. La encuentras aquí.

Si quieres leer un resumen de Bombón, pulsa aquí.

Y ahora sí, sin más demora…

Bombón – Prólogo. Para leerlo, pulsa el enlace.

Bombón – Capítulo 1.

Bombón – Capítulo 2.

Bombón – Capítulo 3.

Bombón – Capítulo 4.

Bombón – Capítulo 5.

Bombón – Capítulo 6.

Bombón – Capítulo 7.

Bombón – Capítulo 8.

Hasta el sábado que viene.
¡Qué disfrutes de la lectura!

Nota especial 17/04/08: Como ves, después de un año activos he retirado los enlaces a los capítulos. Me indican las chicas de Jera Romance que siguen disponibles a lectura abierta para sus suscriptoras, lo siento. Al menos la suscripción sigue siendo gratuita, algo es algo ;-)

Puedes suscribirte gratuitamente en este enlace.

Jera Romance: nuevo rincón romántico en internet

¿Qué me sedujo de Jera Romance?

Primero la libertad creativa. Que te digan «si pudieras escribir una historia de amor como a ti te gusta ¿cómo sería esa historia?» no pasa todos los días, te lo aseguro.

Aunque es un gran avance que cada vez las editoriales se «atrevan» más con traducciones de autoras extranjeras, incluída la subcategoría erótica, la novela romántica en lengua castellana está en pañales: lo bueno está por venir. Cuando (todos: lectores, autores y editoriales) consigamos sacudirnos la idea de que la novela romántica es literatura de segunda y aparquemos los estereotipos de heroína, héore y tramas ideales según criterios anglosajones, los jugos creativos fluirán sin obstáculos y … ¡vendrán buenos tiempos para las aficionadas al género! Cuidado. Tener libertad creativa no significa jugar sin reglas: además de las cuestiones técnicas, sigue teniendo que haber una (o más) historia de amor como hilo argumental y un final feliz, pero si tomas estos dos elementos, exclusivamente, las posibilidades son infinitas. Eso, es para mí, libertad creativa.

Segundo (pisándole los talones al primero) su requisito estrella «personajes constructivos». Esta época que nos toca vivir no solo es tiempo de globalización, glamour y fama de un día. El interés por la salud compite con la fiebre por parecer más joven (y con las clínicas de cirugía estética); el deseo de ser rico o famoso, con una mayor conciencia del entorno, no solamente a nivel medioambiental, también social; los conceptos tradicionales sobre familia y relaciones, con el matrimonio homosexual que ya está legalizado en tres países del mundo… Las fronteras físicas se diluyen; las mentales, mucho más lentamente y con clara resistencia en algunos casos, empiezan a asumir que el cambio es inevitable.

Pero los cambios no solo son inevitables, forman parte de nuestra naturaleza humana y además, son nuestro gran desafio: con cada uno revisamos nuestro pincipios, examinándolos bajo una luz diferente. Nos obligan a reflexionar, a cuestionarnos, y por supuesto, a poner una pieza más a ese gran proyecto personal de ir dando forma a la clase de persona que deseamos ser.

¿Cómo es el amor entre dos seres humanos «en construcción» en estos tiempos hiper-veloces, de transición, que nos toca vivir? Eso es lo que planteo en mi Serie Sintonías, de la que la primera novela «Bombón» ya está disponible en Jera Romance.

Ya me dirás qué te parece :-)

Escenas de sexo explícito y novela romántica – I

¿Cuestión de preferencias o de sensibilidad?

«Lo que quieren las mujeres: un hombre caballeroso». Así empieza un artículo que Marnie Pehrson publicó en su blog. Ella es una escritora norteamericana, que en entre otras cosas, escribe novela romántica. Refiriéndose a la frecuente inclusión de escenas íntimas explícitas en las novelas actuales de la categoría, reflexiona sobre si lo que queremos las mujeres es leer historias con héroes que, además de amor, dan a sus heroínas pasión subida de tono -ella usó la palabra «smut» (obcenidad)-, o si en cambio, creemos que nos va el erotismo cuando lo que en realidad buscamos y deseamos son héroes caballerosos, capaces de protegernos. Citando sus palabras «…las mujeres quieren ser protegidas y defendidas por un hombre viril que las mantenga a salvo no solo de villanos sino también de sus propios (los de «él») instintos básicos…». Obviamente, su reflexión va más allá de nuestras preferencias en cuanto a lectura. El texto completo de su artículo (en inglés), lo puedes leer aquí.

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Sumergida hasta las cejas en la preparación del material promocional de mi novela «Bombón», que justamente tiene como protagonista una mujer que a todas luces necesita de su héroe este tipo de erotismo, me dio que pensar.
Lo primero que me vino a la mente fue que el «héroe» que una mujer puede disfrutar a través de una novela, no necesariamente tiene que coincidir con el tipo de hombre que quisiera como «héroe» en su vida: son nuestros ojos los que leen pero las vivencias son ajenas. Solamente las apropiamos temporalmente, pero sabemos que no son realmente nuestras. Personalmente, he disfrutado tanto de historias románticas clásicas como de otras eróticas… pero no me quedaría con ninguno de sus protagonistas.

Lo segundo que pensé fue que aunque cada mujer tiene su propio concepto de héroe, sí creo que en general, coincidimos en querer en nuestro compañero ideal, fortaleza de carácter, y que nos proporcione una cierta sensación de seguridad. De hecho, las tres protagonistas de mi serie Sintonías, aunque son bien distintas entre sí, ésto lo tienen en común.

Pero más importante que todo, pienso que la novela romántica toca cuerdas muy sensibles de sus lectoras: entra en temas delicados, de naturaleza personal e incide directamente en cuestiones de tipo moral y religioso. Sin embargo, a excepción del romance erótico que lo advierte claramente desde la portada, los demás subgéneros del romance deparan sorpresas a la lectora inadvertida: con eso de que el sexo vende…

Y no debería ser así. No se si estarás de acuerdo conmigo en esto, pero opino que en novela romántica se dan por hecho demasiadas cosas. Yo, que he leído a Robin Schone (erótica) sin despeinarme -y que por cierto, disfruté muchísimo de su estilo-, me descubrí frunciendo el ceño con algunas otras novelas y preguntándome «¿Qué hace esta escena aquí?».
Los conceptos de amor, pareja ideal y relación de cada mujer son únicos y van mucho más allá de una simple cuestión de preferencias: se enraizan en sus valores y también en sus sueños. Advertirle claramente qué va a encontrar en un texto y en qué grado, me parece mucho más importante que debatir sobre la necesidad o conveniencia de que en una novela (o película/obra de arte, etc.) haya sexo premarital, escenas subidas de tono o, directamente, sexo explícito.

Así describen en Jera Romance el grado de sensualidad de «Bombón», la primera novela de mi serie. Breve y claro. Sin sorpresas desagradables, como debe ser :-)

Viviendo sueños…

Hoy más vigente que nunca…

Soy escritora.

Sólo dos palabras… que me llevó años poder decir sin que el duende criticón que todos llevamos dentro soltara una risita irónica.

Sin embargo, escribo diariamente desde que era una niña. Me encanta leer y me apasiona escribir. Y esto ha sido así siempre: es lo más permanente que ha habido en mi vida. Durante años le robé horas al sueño para poder dedicarme a lo que alegremente llamaba «mi hobby» porque las horas «útiles» del día, las ocupaba mi profesión, que naturalmente es otra y no tiene nada que ver con escribir.

Las razones que pueden llevarnos a mantenernos alejados de nuestros verdaderos deseos son muy variadas, pero no me ocuparé de ellas ahora. El propósito de estas líneas no es hablar de las razones de no ser, sino de la importancia de ser.

Descubrir que lo que verdaderamente me apasiona, lo que de verdad deseo hacer en esta vida, es escribir fue una experiencia monumental. En este tiempo que ha pasado desde entonces, he hecho y aprendido infinidad de cosas, pero el verdadero descubrimiento, tomó la forma de un giro inesperado en mi idea de quién soy y por qué estoy en el mundo.

Fue dando forma a mi sueño y disfrutando de por fin hacerlo, que caí en la cuenta de que muchos de los pensamientos e ideas que más me han marcado vinieron de personas apasionadas pero desconocidas, como yo.

Y ahora puedo entender por qué. Cuando hacemos lo que nos apasiona, todo nuestro ser se alinea y se expande tocándolo todo con su varita mágica: cuando cierro los ojos y pongo la atención en lo que sucede dentro de mí cuando escribo, eso es lo que siento.

Ahora sé, que cada vez que leyendo u oyendo algo pensé «parece que fuera para mí», no estaba nada alejada de la verdad. En realidad, esas palabras iban dirigidas a mí, y a todas esas otras personas, que como yo, necesitaban leerlas u oírlas. Contribuir al desarrollo de lo que nos rodea es privilegio de todos y lo hacemos a través de la manifestación de nuestros auténticos talentos, sean los que sean. Mi contribución a este mundo que habito no es lo que soy, sino las circunstancias y personas sobre las que directa o indirectamente influyo cuando hago lo que mejor sé hacer y lo que más me gusta.

Esa es la clave.

Y ahí está la magia: es un papel imprescindible. E insustituible. Nadie puede hacerlo por mí.

Darme cuenta de esto, lo cambió todo. Mis palabras ya no son simplemente palabras: llevan propósito y destinatario. No importa que no te conozca o que tú nunca hayas oído hablar de mí.

Cada uno de nosotros está en este mundo para aportarle algo único e irrepetible.

Es un placer compartir contigo la realización de uno de mis mayores sueños…

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2011

2010

(1ª edición Septiembre 2008)

2010

(1ª edición diciembre 2007)

Bombón

2010

(1ª edición marzo 2007)

Nota 12/04/2011:

Este fue el primer post con el que inauguré mi blog, allá por abril de 2007. Ha sido reeditado hoy, y convertido en página de inicio porque en mi mente y en mi corazón estas palabras son más vigentes que nunca.