Internet, hombres y novela romantica.

Representan alrededor del 30% de los internautas españoles, pasan unas dos horas diarias en la red, viven en poblaciones de más de 20 mil habitantes e incorporan entre sus preferencias literarias a la novela romántica.

Son los Internautas Activos, el segundo grupo de los cuatro a que se refiere un reciente estudio llevado a cabo por Click Seguros sobre el uso que hacen de internet los internautas españoles.

Me resultó curioso enterarme que los de este grupo tienen un bajo nivel de compras -según el estudio, un 35% raramente compra por internet-. Para mí, uno de los grandes atractivos de la Red es la compra online y desde que existe Amazon, por ejemplo, sólo voy a la librería de tanto en tanto, para cosas muy concretas.

Pero lo que más me gustó saber es que los hombres representan el 55% de los usuarios de este grupo (de todos los grupos más activos, en realidad). Me pregunto cuántos de ellos incluyen romántica entre sus preferencias literarias. Tengo la sensación que son más de los que imaginamos y que sea un hombre, José Luis Muñoz, el ganador del IV Premio Internacional de Novela Romántica Villa de Seseña (Toledo) es indicativo de cómo están cambiando las cosas en este género.

Ganó con su novela “El corazón de Yacaré”, pero este salmantino que es conocido como escritor de novela policíaca, también ganó en 1990 el Premio de Literatura Erótica La sonrisa vertical con “Pubis de bello rojo” y el Premio Letra Erecta de Novela Erótica Alfadil 2004 (Venezuela) con su obra “El sabor de su piel”.

Se que hay quien no está de acuerdo con ésto, pero a la literatura romántica actual le falta la perspectiva masculina: hombres que nos ofrezcan su particular visión del amor, y que firmen sus historias como hombres.

De más está decir que la novela de Muñoz estará en mi lista cuando se publique. El único hombre entre el montón de mujeres que habitan mis estantes de romántica… A su manera, todo un privilegio ¿no?

Sobre climax, tomografias y novela romantica.

Después de tanto oír que los héroes de novela romántica, perfectos amantes donde los haya, son irreales sencillamente porque tal perfección sólo es posible en la ficción, ayer vengo a enterarme que según investigaciones recientes, tampoco la descripción de las emociones que sienten nuestras heroínas en el momento “m” pueden ser reales porque durante el orgasmo la mujer no experimenta emociones ¿qué tal?

De acuerdo con un extenso artículo de la revista Scientific American, titulado The Orgasmic Mind: The Neurological Roots of Sexual Pleasure (La mente orgásmica, las raíces neurológicas del placer sexual), en un experimento que buscaba averiguar qué excitaba a las mujeres en comparación con los hombres y en el que participaron 12 parejas, el equipo de neurocientíficos observó que durante la estimulación manual la tomografía del cerebro de la mujer activaba áreas implicadas en el intercambio de señales sensoriales de tipo sexual, pero cuando ésta alcanzaba el orgasmo, la actividad cerebral cesaba.

Silencio, sí.

Ni vemos las estrellas, ni tocamos el cielo con las manos, ni volamos ni ninguna de las mil maravillosas sensaciones descritas en nuestras novelas romanticas favoritas… Sólo silencio.

¿O será como dicen las Smart Bitches que la intensidad del placer nos desconecta el cerebro?

Ellas, con su habitual sentido del humor, han titulado la entrada en que debaten sobre el tema “¿Necesitas parar esos pensamientos molestos? Ten un orgasmo”.

Habrá que probar ¿no?

Novela romántica, amor verdadero y cuentos de hadas – II

“El problema no es que las novelas románticas no sean realistas. Simplemente, la mayoría de nosotros no sabemos cómo hacer que esta clase de amor dure. Pero podemos aprender…” Brenda Novak, autora de novela romántica.

Hace un tiempo escribí la primera parte de esta entrada sabiendo que habría más porque mientras leía el artículo fuente me venían a la cabeza montones de imágenes, de momentos reales y de ficción. Estoy tan convencida de la utilidad de algunos de sus consejos para “hacer que el amor verdadero dure toda la vida” como de que la novela romántica es un campo de prácticas excepcional. Tanto que de hecho lo hice carne. Quiero decir, novela.

Cuando surgió la idea de escribir Sintonías allá por el 2006, me plantée cómo sería el amor entre dos personas que se centran en los que las une, en vez de hacerlo en lo que las separa, en las diferencias. El resultado son tres historias que tienen como denominador común que uno de los miembros de la pareja recorre esa milla extra que lleva del “tú ya sabes que te quiero” al “porque te quiero y pienso en ti, … [te lo demuestro así]”. Mi toque personal -y también una muestra de mi confianza en el sexo masculino- es que en Sintonías, quienes recorren esa milla son ellos: Jordan (Bombón), Mark (Primer amor) y Jason (Amigos del alma -próximamente-).

Es llamativa la cuestión de las diferencias ¿te has fijado? Pasado el primer tiempo de enamoramiento, aquello que nos atrajo, que nos sedujo de la otra persona se convierte en una de las tantas cosas más de nuestra vida que damos por hecho. Entonces las diferencias ocupan el lugar y la energía de lo que antes nos maravillaba: las resaltamos, las magnificamos y les concedemos un protagonismo total.

Pero ¿las entendemos? ¿comprendemos que esas diferencias no son necesariamente “defectos”? La naturaleza femenina es diferente de la masculina. Es más que una mera cuestión de sexos: miramos el mundo con ojos distintos. Y aunque hablemos el mismo idioma, nos comunicamos con lenguajes diferentes. La mala noticia: aprender a decodificarlos lleva tiempo; la buena: el amor es el lenguaje universal. Allí donde las palabras se quedan cortas, la intención de hacerle sentir al otro que es fundamental en tu vida hablará alto y claro.

¿Cómo expresar esa intención? Como sea, mientras lo hagas con constancia y determinación: sencillo o elaborado, romántico o apasionado… Prueba a ver qué te funciona mejor. Novak da una serie de pautas interesantes (si el inglés no es lo tuyo, usa el traductor de Google o BabelFish).

O también puedes ver cómo lo hacen mis hombres de ficción, se expresan de maravilla con eficacia demostrada ;-)

Sobre novela romántica, literatura y marginación femenina.

“Las mujeres estamos de moda. Léelo que te va a encantar” me dijo una conocida que con sus mejores intenciones se encarga de que nunca me falte material sobre el que escribir (¡cómo se nota que nunca ha puesto un pie en mi estudio donde el “material” amenaza con taparme!), y me dio una página recortada de El País del sábado 3 de mayo pasado, con un artículo: “La marginación femenina en la cultura” de la escritora Laura Freixas.

En él, la autora plantea que todos los esfuerzos que se hagan en relación a la igualdad salarial, la paridad política o incluso en tema de malos tratos, serán insuficientes si no se toma en serio la igualdad en la cultura donde la participación de la mujer es mínima. Concretamente, en literatura dice:

“… La lista de los libros más vendidos en una semana cualquiera … incluye una mujer entre 10 en ficción y dos en no ficción: 10% y 20%…”

Según Freixas la sociedad sigue utilizando un lenguaje basado en la ideología patriarcal, que considera 1) que el varón encarna todo el género humano y la mujer sólo parte; 2) el hombre se define como un ser social, mientras la mujer se identifica con la naturaleza, y 3) lo masculino se considera intrínsecamente positivo, mientras lo femenino todo lo contrario. Este lenguaje, dice la autora, se observa claramente en los medios de comunicación que hasta cuando dan tanto bombo a una supuesta dominancia femenina en determinadas cuestiones, lo hacen en un lenguaje que sugiere que es algo anómalo, y por supuesto, pasajero (lo dicho, “las mujeres estamos de moda” ¿hay algo más pasajero que la moda?).

Bueno, no puedo decir que el artículo “me encantara”. Y no porque no comparta su idea en cuanto a la ideología patriarcal. Precisamente porque la comparto, me dejó con la sensación de haber leído más de lo mismo.

Aún no tengo su libro “Literatura y mujeres”, pero me extrañó que no hiciera mención al claro dominio femenino en novela romántica, especialmente cuando representa una porción cada vez más importante en las cifras de ventas editoriales. A menos, claro, que no considere a la literatura romántica como literatura. Quizás en el libro aborde el tema, en el artículo no lo menciona.

Luego está la cuestión del lenguaje que utiliza la “sociedad” y la necesidad de que “se tome en serio la igualdad en la cultura”. De esa sociedad, en España, un 50,57% somos mujeres (2006) y como mujeres en un país de ideología claramente patriarcal, la educación de los hijos corre principalmente a cargo nuestro. Si las cifras definen, también lo hacen en este sentido.

¿Qué lenguaje usamos las mujeres en la intimidad de nuestra casa? ¿Qué “ideología” comunicamos a través de nuestras acciones cotidianas?

Eso es lo que tenemos que tomarnos en serio: ser en nuestra vida personal, cada una, el cambio que queremos ver reflejado en el mundo.