Los nombres del amor.

Surfeando la web di con este artículo (en inglés) sobre los diferentes nombres con los que llamamos a nuestra pareja. Su autora apunta que «darling» (cariño) tan habitual en el cine americano de los años cincuenta, se ha borrado del mapa cotidiano en USA. Lo que parece cierto porque a pesar de que en el doblaje al castellano se use la palabra «cariño», en las versiones originales actuales abundan «sugar baby», «honey», «sweetie» y «cutie», y otras realmente intraducibles. Y mucho, mucho «babe» o «baby». Lo mismo pasa en novela romántica.

Pero ¿cómo es aquí, en España por ejemplo?

Bueno, según un estudio que llevaron a cabo hace unos años -2004- en la Universidad de Almería, utilizando una encuesta de nueve preguntas realizada en la calle, universidades y autoescuelas a personas de edades comprendidas entre los 17 y los 33:

  1. El 19% se decanta por «cari» o «cariño», indistintamente entre hombres y mujeres.
  2. El 12% prefiere «nene» o «nena», con sus correspondientes derivados «chiqui» y «niño» o «niña».
  3. Un 30% de los hombres usan apelativos del tipo: princesa, vida, amor, cielo, reina, preciosa, churri, chica, pitufa, peque.
  4. Sólo un 14% de las mujeres usa apelativos estereotipados como: vida, amor, cielo, corazón, churri o pequeño.
  5. Un 40% de las mujeres prefieren apelativos personalizados como: morenazo, pokemon, pechu, pichu, peteñico, pumi, caqui, cosilla, chu, osito, macizote, buenorro, baby, fiera, escáner, coco.
  6. Un 16,4% de los hombres prefieren apelativos personalizados como: cuerpo, tía buena, guapi, amore, crispy, txurri, tori, chilindrina, pikachu, loba, chocho, guriguri, tamborcito, mi amolcito, guapetona.
  7. Como norma general, las mujeres prefieren llamar a sus parejas con un apelativo cariñoso. En cambio los hombres, alternan el apelativo cariñoso con el nombre propio indistintamente.

El artículo completo esta aquí.

En fin…

Según ésto, la pareja de la primera novela de mi serie Sintonías, entra dentro de los que prefieren personalizar sus apelativos amorosos. Mandy llama a Jordan, «guaperas»; él, cómo no, «Bombón».

Pero con la segunda, como no podía ser de otra manera, apelativos tradicionales para una pareja bien romántica a la manera tradicional…

Ya veremos qué pasa con la tercera.

Se aceptan sugerencias :-)

¿Cuál es el apelativo cariñoso más bonito que te han llamado?

Ellas los prefieren…

Según el último estudio sobre el hombre ideal para las españolas realizado por Match.com, los morenos lanzados y viajeros ganan por goleada.

Físicamente los prefieren morenos, de ojos azules y complexión normal (ni muy altos ni muy musculosos). Entre sus otras cualidades, votan mayoritariamente por un hombre que sepa escuchar y dialogar, que no sacrifique relación y familia por el éxito profesional, se involucre en las tareas del hogar y en la educación de los hijos, y cómo no, que tome la iniciativa en la cama.

Y luego nos preguntan por qué nos gusta tanto leer novela romántica…

Elena de Talismán trae precisamente ésto a colación en su post. Los héroes de romántica responden a un prototipo que se ajusta, con diferente color de ojos o cabello, a estos requisitos, pero ¿es simplemente una fórmula o hay más?

Parece que hay más.

Según Mario Luna y su como mínimo «curioso» libro Sex Code. El manual práctico de los maestros de la seducción, aunque la atracción «puede educarse culturalmente, gran parte de sus mecanismos están instalados en nosotros por defecto». Así, los genes femeninos, por determinismo evolutivo, aspiran a obtener de un hombre:

  1. Buenos genes: belleza según el concepto de esa palabra para cada sociedad a lo largo del tiempo, que no necesariamente implica «moreno de ojos azules», sino más bien «hombre fuerte y sano».
  2. Estatus u otra capacidad para ofrecerles una posición ventajosa: poder y/o dinero y/o fama, según cada sociedad y cada época.
  3. Protección y asistencia: confort, confianza, conexión emocional, caballerosidad, o sus respectivos equivalentes según sociedad y época.

Lo que explicaría por qué la fórmula de la que habla Elena funciona y también por qué lo del color de ojos o cabello, es lo de menos…

¿Lo de menos?

Mmm, depende…

Dejando a un lado los genes, a nadie le amarga un dulce ¿o si?

A pesar del aplastante 67% en favor de los morenos, yo sigo prefiriendo algo como ésto:

Dierks Bentley

Y ya puestos, esto tampoco está nada mal:

David Beckham

Usted perdone, Victoria :-)

Miedos, sueños y novela romántica.

Lo primero que atrajo mi atención fue el título «Cómo crear conexiones apasionadas» y a pesar de que mi lista de pendientes por leer amenazaba con taparme, hice clic.

Sigo a Sherri McConnell desde los principios de su National Association of Women Writers, hace seis o siete años, y además de útiles, sus escritos tienen un estilo con el que, valga la redundancia, conecto. Lo que no me imaginé es que un artículo principalmente dirigido a empresarias, pudiera hacerme pensar en mis razones de por qué escribo novela romántica.

«No tengas miedo: arriesgarse y sobreponerse al miedo es la única forma que conozco de materializar grandes sueños. Ya sabes a qué sueños me refiero. A los que teníamos de jóvenes, antes de rendirnos y decidir ser «prácticos». No tengas miedo al miedo ni al sentimiento de confusión mental que provoca, cuando te arriesgues [a materializar grandes sueños] y te decidas ayudar a otros a materializar los suyos, dispondrás de todos los recursos que necesites…» dice Sheri en su artículo y fue como si me estuviera hablando a mí.

Tardé mucho en decidirme a arriesgarme. Y quien haya pasado por esto sabe lo difícil que es dejar de ser «prácticos». Pero siempre soñé grandes sueños y hace tiempo, tuve la intuición de que en un universo tan profundamente interconectado, cristalizarlos tenía que pasar necesariamente, de alguna manera, por ayudar a otros a cristalizar los suyos. Soy una gran aficionada a la lectura y durante años, palabras escritas por otros me dieron compañía, conocimientos, inspiración, buenos ratos y muchas, muchas veces, consuelo. Pero mi gran pasión es escribir. Soy escritora de vocación muy temprana y ahora, he asumido el riesgo de permitir que sean mis palabras las que hagan lo mismo por otros.

Y no creas, todavía se me pone carne de gallina cuando le doy a la tecla «publicar» del blog. Ni te cuento cuando mando un manuscrito a un editor… ;-)

¿Por qué prefiero romántica a otros géneros? Porque ningún otro aborda la cuestión de los sueños y los miedos de una manera más personal que la novela romántica. Empezando por el más básico de todos: nuestro hombre/mujer ideal.

Y por cierto, de personas que no se rinden y se niegan a «ser prácticos» trata precisamente Primer amor, la segunda novela de mi serie Sintonías de la que encontrarás más información aquí.

Novela romántica erótica: cuando lo demasiado explícito quita protagonismo a una gran historia.

Esperé mi pedido de Amazon con interés, sabiendo que iba a disfrutar de una buena historia de la pluma de una escritora que me gusta especialmente, y cuando al fin lo recibí, me puse a leerla enseguida.

No me defraudó: «Scandalous Lovers», la última de Robin Schöne, es más que una buena historia, es una gran historia.

La crítica de Meredith a esta novela, a la que me referí aquí , resultó ser acertada además de inusual en el género. A mí también me pareció una novela que trata de más que erotismo, incluso más que de romance. Habla fundamentalmente de libertad: detrás del aparente esnobismo de un club de hombres y mujeres que se reúnen para hablar de sexo en una época en que la sola mención de la palabra «condón» era suficiente para enviar a una persona a prisión, cada capítulo es un cuadro a través del cual pude llegar a imaginar con bastante realismo la insatisfacción y la tremenda soledad de sus protagonistas principales, dos seres tan realizados desde el punto de vista social, como infelices en su fuero más íntimo.

También estoy de acuerdo con la normalidad de los personajes que pinta Robin: dos viudos que han doblado los cuarenta hace años tendrían poco glamour para una historia contemporánea; traslados a la época victoriana, serían poco menos que invisibles. Pero como me ha ocurrido con otra novela suya, por el capítulo cinco ya me parecían… magníficos.

Su estilo volvió a impactarme. Es directa, poco dada a dejar que sus personajes muestren afecto con palabras, lo que hace que a veces la lectura resulte algo… árida y sus finales son abruptos, atípicos, hasta cierto punto incompletos, pero me gusta. Muchísimo.

Por eso me dio pena que la abundancia y crudeza de sus escenas eróticas me obligara a interrumpir la lectura una y otra vez: me tomó más de una semana llegar al último capítulo.

Y la razón es simple:

Esta vez, las escenas demasiado explícitas definitivamente quitan protagonismo a una gran historia.