Blogs literarios. Sobre el (engañoso) asunto del número de comentarios y de seguidores.

Esta entrada pertenece a la serie iniciada por “Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido interés/impacto los blogs?” que puedes leer en este enlace. Verás que aquí he acotado el tipo de blog al que me refiero porque algunos de los asuntos que comento me parecen específicos (y, tal vez, coyunturales) de los blogs literarios españoles y, en particular, de los que reseñan literatura romántica.

Empezaré aclarando que un blog literario es el que publica, comenta, recomienda o critica literatura. Para distinguirlo del blog personal que ofrece reseñas de lo que su administrador va leyendo, añadiré otra característica: colaboran de forma activa (o esperan hacerlo) con editoriales y autores independientes. Es a este tipo de blogs a los que me refiero en esta entrada. Y antes de entrar en materia, quiero comentar que se trata de un colectivo por el que siento admiración, ya que hacen una tremenda labor de difusión de la literatura. Además, en el caso del género romántico en lengua castellana, su aportación ha sido grande y continuada. Sin embargo, ahora están de capa caída. Creo que las exigencias de las editoriales, la preponderancia de las redes sociales y la presencia, cada vez mayor, de blogs que se abren con la finalidad de que su administrador pueda conseguir libros (de las editoriales) a cambio de reseñarlos, han contribuido a crear un panorama un tanto descorazonador para los bloggers literarios. De ahí, esta serie de entradas dedicadas al tema, reflexiones muy personales que me he decidido a hacer en ‘voz alta’ con la esperanza de que si tropiezan con ellas en el ciberespacio, les sirvan para tomar ideas o, quizás, ver las cosas desde una perspectiva diferente… O, mejor aún, para asumir que los tiempos están cambiando (como cantaba Bob Dylan), y que toca ponerse el “sombrero creativo” y diseñar una estrategia que les permita seguir en la brecha, dando el callo. Ojalá sea así, porque son necesarios y realizan un trabajo muy importante para la literatura y para los amantes de los libros.

Vamos allá.

Dicen que “hecha la ley, hecha la trampa” y la cuestión del número de comentarios/seguidores me parece un excelente ejemplo de esto aplicado a los blogs literarios. Sin entrar en el tema de que vivimos en una sociedad en la que, cada día más, la cantidad prima sobre la calidad, bastó que se supiera que los buscadores tomaban el seguimiento de una bitácora como uno de los elementos dentro del algoritmo que determina el ranking de indexación(1), para que se extendiera la costumbre de pedir comentarios o seguimientos al visitante. Sea a través de imágenes

"Un blog se alimenta de tus comentarios".

“Un blog se alimenta de tus comentarios”.

o del mucho más explícito eslogan “me sigues, te sigo” situado en posición destacada, es raro dar con blogs que ofrezcan información sin pedir nada a cambio. La cuestión es que, como comentaba en esta entrada, la pereza internauta, las apps para móviles de las redes sociales que monopolizan la interacción, y la oferta creciente de contenidos similares (cuando no iguales) supuso el palo en la rueda a la hora de conseguir comentarios o seguimiento. No es una tarea nada fácil, desde luego, y tratándose de algo tan importante, había que buscarle una solución.

La era del intercambio de comentarios entre blogs y el “si me sigues, te sigo”.

Sigo a decenas de blogs literarios. Tengo una lista que desde 2011 no deja de crecer y la razón es que, al igual que hace cualquier editorial, una parte de mis tiradas está destinada a promoción. Una parte la cedo para concursos externos y otra a blogs y webs románticas para reseña. Dado que todos los gastos corren de mi cuenta, soy muy selectiva a la hora de distribuir esos ejemplares. Dedico tiempo a observar el trabajo de los blogs literarios que reseñan el género y, como es lógico, cuando miras con detenimiento, ves más allá de lo evidente.

Ves, por poner un ejemplo, que buena parte de los comentarios que reciben algunos blogs (los que reciben comentarios) proceden de otros blogueros, y que no suelen añadir utilidad a la entrada. Son del tipo “este no me lo he leído” o “tiene buena pinta”. En mi opinión, son comentarios vacíos de interés y de credibilidad porque ¿quién se traga que con lo que cuesta dejar un comentario, alguien genuinamente interesado en el tema vaya a tomarse tantas molestias para comentar eso? Pienso que son el resultado de un “toma y daca” mal entendido. Es ideal que los bloggers participen activamente en las bitácoras de sus colegas, pero quien firma un comentario que no añade valor a la entrada -en este caso a una reseña literaria-, le está haciendo un flaco favor al blog en cuestión y al suyo propio. Como muy mínimo, indica falta de interés… lo que tratándose de un blogger literario da que pensar: ¿su interés por el tema no debería darse por supuesto?

Algo parecido sucede con la obtención de seguidores. El criterio parece ser que un blog ha de tener cuantos más seguidores mejor, independientemente de si, en efecto, éstos ‘siguen’ su contenido porque les interesa, porque era el requisito para participar en un sorteo y ganar la última novela de su autor favorito o porque también tienen un blog y se han apuntado al intercambio propuesto (“si me sigues, te sigo”).

Ves que hay blogs que tienen un gran seguimiento, pero cuando investigas un poquito en la barra de seguidores, observas que un buen número de los miembros son otros bloggers. Eso siempre me suscita preguntas como ¿para quién escriben, cuál es su público objetivo? ¿cómo puede ser que publicando nuevos contenidos casi a diario (¡con el trabajazo que eso implica!), el grueso de su seguimiento provenga de otros bloggers? Nunca he activado el widget de seguimiento porque es un tipo de estadística que no me interesa, pero gracias a medidores internos que he instalado tengo bastante información acerca de qué tipo de seguimiento tiene Sutherland, tanto por seguimiento directo como por lecturas a través de herramientas de sindicación (Feedly, Reeder, etc). Y te digo una cosa; me preocuparía mucho que la mayoría de mis seguidores fueran otros escritores porque no son mi público objetivo. Ni siquiera los escritores de literatura romántica. Son bienvenidos, por supuesto, y seguramente a algunos compañeros de profesión les guste leer mis entradas (¡y eso me hace sentir súper halagada!), pero no escribo para ellos. Escribo para ti; probablemente una mujer y una aficionada a la lectura, a la que le gustan de manera especial las historias de amor que acababan bien (y si son mías, tanto mejor) y a la que, quizás, también le interesan temas de actualidad relativos al amor y a las relaciones de pareja.

Está claro que un blogger literario lee mucho, pero precisamente porque es blogger, tendrá sus propios criterios de lectura bastante definidos. Si dedica tiempo a reseñar libros y quiere hacerse un lugar en el sector, ¿no debería aspirar a convertirse en una referencia para lectores ávidos en busca de información útil sobre libros, y no solo para otros bloggers? En mi opinión, es aquí donde radica parte del problema de “invisibilidad” que padecen y del que se quejan tanto; en para quién escriben. Y para quién deberían hacerlo.

En el caso de las redes sociales el fenómeno es aún más llamativo. Sin generalizar, es una costumbre bastante extendida que si abren un grupo en Facebook, te añadan a él sin más. Si, en cambio, abren una página, las invitaciones empiezan a lloverte incluso a través de mensajes privados. Y esto no solo aplica a bloggers, también a escritores y artistas varios. Aquí el criterio parece ser que todo aquel que sepa leer es un seguidor/lector potencial. ¿Perdón, cómo dice? Este es el momento en que los expertos en algo muy útil e interesante llamado segmentación de mercado  se dejan crecer el pelo con el único fin de poder tirárselo, presa de la desesperación.

No pongo en duda que todo el que produzca algo para el consumo, necesita publicitarlo. Y no me refiero al spam, ni a la promoción intrusiva, ni a ninguno de los métodos de machacarte hasta el cansancio con algo que hoy se han vuelto tan comunes, sino a ofrecer información sobre un tema a un público potencialmente interesado en él (que no es sinónimo de “cualquiera”), y hacerlo de la manera más atractiva/original posible. Si me sigues, sabes que tengo un perfil bastante activo en al menos tres redes sociales además de una web y este blog que actualizo una vez por semana. Asumo que la publicidad es indispensable, que forma parte de mi trabajo diario y le pongo una constancia a prueba de balas, pero…

¿Sabes cuál creo que es la publicidad más eficaz de todas? La calidad. Cuando doy con un buen artículo (o una reseña bien hecha), de inmediato investigo el blog porque hoy por hoy son rara avis. No necesito que nadie me pida que lo siga. Es más, como hay períodos en los que viajo bastante y en el móvil solo tengo la app de gmail, además de seguirlo, me suscribo por email para no perderme nada. Seguro que a ti te sucede lo mismo. Lamentablemente, los blogs literarios románticos que cumplen el criterio de calidad -tal y como yo lo entiendo-, son pocos si tenemos en cuenta la cantidad de nuevas bitácoras dedicadas al tema que se abren cada día. Hay una legión de blogs cuya temática principal es la literatura, pero ¿cuántos consiguen entrarte por el ojo a la segunda frase, atraparte con opiniones lúcidas y curiosidades acerca del libro que reseñan, hacer que quieras recibir sus actualizaciones? En mi caso, poquísimos y la mayoría, -¡sorpresa!-, reseñan romántica juvenil. Por lo visto, no soy la única que lo piensa, ya que hace unos días el autor Alex García (me) comentaba en Facebook que, en su opinión, los blogs literarios necesitan reinventarse. Ya lo creo que sí.

Y esto me lleva directamente a la cuestión de la calidad de los contenidos ofrecidos, otra parte importantísima del problema de “invisibilidad” que aqueja a buen número de blogs literarios, y que será el tema central de mi próxima entrada.

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(1)  Es decir, el lugar en el que aparecen “ranqueados” en la página de resultados que ofrece Google o Yahoo cuando un usuario escribe lo que le interesa encontrar en el campo de búsqueda de su navegador. Por ejemplo, hoy he escrito el término ‘reseñas de Cincuenta Sombras de Grey’ en Google y la reseña hecha por el blog Perdidas Entre Páginas está listada en el segundo puesto de la primera página de resultados. Esa posición le asegura que la mayoría de las personas que entren en internet buscando leer un reseña de dicho libro, visitarán su blog en primer lugar. Es así de importante, sí ;)

Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido interés/impacto los blogs?

blog-bloggingEn mi crónica del IV BR’adic comenté que por cuestiones de tiempo solo había podido presenciar uno de los dos debates programados, “Blogs literarios: ¿libertad de expresión?”, que me había parecido muy interesante y diverso, y que quizás lo trajera al blog ya que mi opinión sobre varios de los temas que surgieron es algo diferente de las expresadas allí.

Esto, justamente, me propongo hacer a través de una serie de entradas; abordar un poco más en profundidad cuestiones relacionadas con la libertad de expresión y las implicaciones de administrar un blog literario en la actualidad.

Y voy a empezar por un tema que tiene que ver con la existencia misma de los blogs en un ciberespacio claramente dominado por las redes sociales; ¿han perdido interés, y por tanto, impacto, los blogs como forma de conectar con los lectores?

Una queja habitual entre los bloggers es que sus entradas reciben muchos menos comentarios por parte de los visitantes y que buena parte de ellos tienen lugar en las redes, principalmente en Facebook, cuando comparten la publicación en su perfil o página. Otra es que el número de seguidores no refleja la participación de los lectores en las entradas, participación que con el tiempo se ha vuelto oportunista (es el caso de los sorteos, por ejemplo).

Pienso que el meollo de la cuestión está en que las redes sociales han cambiado la forma en que interactuamos en internet. Los blogs y webs siguen siendo la forma principal de ofrecer información, pero buena parte de la interacción se ha trasladado a las redes por motivos que tienen que ver con cuestiones técnicas, de (calidad de) contenido y con la naturaleza misma de las redes sociales.

La primera razón que me viene a la mente es la facilidad/comodidad de uso de las redes. Los internautas somos especímenes muy cómodos y cada avance tecnológico riza el rizo en cuanto a darnos las cosas hechas. Desde el smartphone y las tabletas, la mayoría viajamos por el ciberespacio utilizando estos pequeños artilugios. Si has probado a dejar un comentario en un blog desde el móvil, sabes lo que es cabrearte como un babuino con el minúsculo teclado, con la función ‘autocompletar’ que escribe lo que le da la gana -en un entorno en el que la edición no es ni fácil ni cómoda- y con el sistema, que te obliga a iniciar sesión en tu cuenta de correo antes de grabar el comentario (¡pero solo te lo indica después de perderlo!). Las redes sociales más usadas tienen su propia app móvil, pensada para facilitar la interacción; compartir, comentar, dar me gusta, seguir a alguien o dejar de seguirlo… Todo sucede fácilmente, editas o suprimes en el momento, y todo con un clic. Así que si un artículo te gusta, lo compartes en tu red social favorita añadiendo algo de tu cosecha y listo. Es mucho más rápido y encima tiene ventajas extra de las que hablo más abajo.

Otra razón importante está relacionada con cómo vemos una página en el móvil o en la tableta. Los requisitos de navegabilidad son diferentes porque se trata de dispositivos específicos. De hecho, con la llegada de los móviles inteligentes, las páginas webs han tenido que optimizar sus formatos para hacerlos aptos a distintos tamaños de pantalla y evitar perder tráfico por esta cuestión. En los blogs se supone que la optimización sucede automáticamente, pero que sea más o menos navegable depende del administrador del sitio: la cantidad de widgets, dimensiones y peso de las imágenes (tanto de contenido como las temibles imágenes de cabecera que tardan lustros en cargar) y el uso de archivos de audio/vídeo marcan la diferencia entre un sitio navegable y otro que dejas por imposible. La cuestión es: si conseguir leer el artículo te ha costado siglos y un buen dolor de ojos, por más interesante que te haya parecido, ¿te plantearías prolongar la tortura dejándole un comentario?

Unknown

Y hablando de artículos interesantes llegamos a la calidad del contenido. Es tan importante que se merece su propia entrada. En esta pasaré de puntillas diciendo que la generalización del acceso a internet y la cantidad de nuevos blogs/webs que surgen cada día pone sobre la mesa la cuestión de la competencia por nuestra atención y, en consecuencia, de la calidad del contenido que se ofrece. Lo he comentado aquí en otras ocasiones: tener un blog no convierte a su administrador en un blogger, mucho menos en uno bueno. Sin ir más lejos, tengo un blog (en realidad, más de uno) y no me considero una blogger. Ante la creciente oferta de contenidos que compiten por nuestro limitadísimo tiempo/atención, ganan los recursos que a) ofrezcan información de interés para el visitante, b) lo hagan de forma breve y atractiva, c) de manera innovadora y d) con frecuencia. Sí, es lo que imaginas; como todo en la vida, ‘bloguear’ de manera efectiva tiene su técnica. Ofrecer “más de lo mismo” es un pésimo negocio. Hoy más que nunca.

He dejado para el final el asunto de la naturaleza de las redes sociales y nuestra participación en ellas. Facilitan y estimulan desplazar el protagonismo de quien crea el contenido a quien lo comparte y allí reside, creo, uno de sus mayores atractivos. Poblamos nuestros perfiles con textos o imágenes que nos parecen divertidas, interesantes, controvertidas o simplemente bonitas, y generamos “conversación” con nuestros amigos y contactos en torno a ellas como lo haríamos en una cafetería, pero mucho mejor, con más alcance y más cómodamente. Y cada vez que lo hacemos, somos nosotros quienes asumimos el protagonismo, no el autor del artículo o el dueño de la imagen. Hacemos nuestro el debate, en nuestro propio territorio. Lo cual, dicho sea de paso, es mucho más fácil y atractivo que dejar un comentario en el blog cuyo enlace compartimos y que el debate lo modere otro. Prueba de ello es que la mayoría de lo que se publica en Facebook son imágenes y enlaces de terceros. Esa misma facilidad es la que explica que cuando un blogger comparte su última entrada en las redes, note de inmediato que los comentarios que recibe suceden en la red social y no en su blog.

Las cosas cambian y la blogosfera no escapa a esta realidad. Blogs y webs siguen siendo la forma por excelencia de ofrecer información en internet, pero en un horizonte superpoblado captar la atención del internauta es una labor cada vez más ardua, ya no hablemos de conservarla. Hoy el interés de un artículo, de los contenidos en general de un blog o de una web, no viene solo determinado por el número de seguidores o la cantidad de comentarios que genera in situ, sino, muy especialmente, por la difusión que los visitantes hacen del mismo cada vez que lo comparten a través de sus perfiles sociales.

Más sobre el tema en próximas entradas.

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Otras entradas de esta serie dedicada al mundo bloguero:

Blogs literarios. Sobre el (engañoso) asunto del número de comentarios y de seguidores.


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