Novela romántica: ¡ésto es Hollywood! – II Parte

El Festival Literario Anual de Paraty, Brasil cuya sexta edición tuvo lugar a primeros de este mes atrajo a veinte mil visitantes que dieron a autores de primer nivel, incluido Paulo Cavalcante un autor nóvel de novela romántica, tratamiento de auténticas estrellas del rock.

El hombre estaba maravillado vendiendo copias de su novela a los transeúntes que se contaban por miles. ¿Te lo imaginas? Te publican tu primer libro en un país donde la tirada máxima no pasa de 2.000 ejemplares y de pronto, te ves requerido por miles de personas que arrasan tu stand donde tu novela se vende como si fueran rosquillas, te sacan fotos, te piden autógrafos… Más sobre el festival aqui.

Bueno, ya sabemos que Brasil es Brasil. Todos conocemos de su afición por celebrar a lo grande, a través de sus carnavales y festivales de música. Pero salvando las distancias, nuestras Ferias del Libro van en la misma línea: Ken Follett firmó 2.050 ejemplares durante tres horas y cuarto en la última edición de la feria de Madrid. Se dice fácil. Y recuerdo haber leído por ahí que uno de los afortunados -¿o era una mujer?- se quejó de que después de tantas horas haciendo cola, ni siquiera se lo había dedicado… ¡Madre mía! Seguro que a esas alturas Follett dudaría hasta de su propio nombre…

La cuestión del marketing “literario” es un tema al que me referí con anterioridad, en esta entrada. Reconozco que por un lado es bueno para los autores, especialmente a nivel económico, pero por otro… Hay quienes dicen disfrutar del contacto directo con los lectores, y hay quienes lo hacen porque no les queda más remedio.

Como lectora diré que llevo siglos sin pisar la feria del libro y este año que una amiga casi me había convencido para ir, después de ver por televisión la nube de gente que se dio cita allí el día de los 2.050 ejemplares, cambié de idea. Desde luego tiene que ver con el espectáculo, pero no necesariamente con la literatura y el placer de leer.

Tú qué opinas ¿crees que este tipo de eventos promueve la afición a leer? ¿o solamente -en el mejor de los casos- la venta de libros, que no su lectura?

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