¡Nos leemos en septiembre!

¡Al fin está aquí! El momento del año cuando cierro el ordenador y me dedico a hacer algo que aunque me encanta, hago muuuy poco: nada ;)

Estas vacaciones la mente me pide descanso así que he reducido mi lista de lecturas y tengo previsto ponerme las botas a hacer “nada”. A ver si lo consigo, que ya sabes que eso de estar quieta no es lo mío.

A mi regreso habrá muchas novedades, muchos viajes para tomar parte en encuentros románticos por media España y detalles sobre mis próximas publicaciones de los que te iré hablando puntualmente.

Pero eso será en septiembre, ahora me despido de ti deseándote que disfrutes de un buen verano en compañía de familia y amigos.

¡Hasta la vuelta!

Desconectando en tres…. dos…. uno…. ;)

offonholidays

Preparando mis lecturas veraniegas 2015.

¿Qué autores y qué títulos se ocuparán de saciar mi gusanillo lector estas vacaciones? Aquí te lo cuento :)

Son momentos que disfruto muchísimo y aunque la entrada la publico hoy, llevo meses robándole minutos a la agenda, seleccionando libros que me llaman la atención, buscando referencias sobre ellos, reseñas, opiniones… y comprando los que pasan mi criba. ¿El objetivo? Tener dónde escoger cuando se acerca alguno de los dos momentos del año durante los cuales no escribo (o si lo hago, no son textos de ficción) y en cambio, me dedico a leer de forma intensiva. Vamos, sin parar, a saciar el gusanillo lector. Preparar mis lecturas vacacionales es todo un ritual que se repite dos veces cada año; en verano y en Navidad.

En esta ocasión serán menos que en 2014. No estaba planificado así, pero se han presentado dos situaciones inesperadas. Por un lado, la necesidad de descansar. Creo que esta primera parte del año ha tirado de mi energía más de lo que creía porque la idea de leer no me resulta tan atractiva como siempre. Signo evidente de cansancio mental que pienso resolver echándome en la tumbona a hacer nada. ¡A grandes problemas, grandes soluciones! ;)

En cuanto a la otra razón… Pensaba incluir otros dos títulos en castellano que me habían tentado mucho estas últimas semanas. Había leído varias muy buenas reseñas de los dos, incluso me habían llegado recomendaciones de algunas lectoras. Para mi sorpresa, resultó que cuando fui a comprarlos la versión digital de uno cuesta alrededor de 10 € (Planeta) y el otro está disponible solo en versión impresa (Titania).

Soy lectora de ebooks desde hace muchos años, de cuando los libros en este formato venían con su propio mini-software incorporado que solo podías leer en tu ordenador. Hablamos de más de quince años. Tengo la suerte de que las materias que me interesan son en su mayoría de no ficción y desde los principios de internet es posible adquirirlas en digital. Leo en este formato porque me gusta, porque lo encuentro muy cómodo y también por cuestiones medioambientales que a mí me importan aunque no vengan a cuento en esta entrada. Es una opción para muchas personas en el mundo que poco a poco ha ido ganando su lugar y, hoy por hoy, rodeados de smartphones y tabletas como vivimos, ha dejado de ser cosa de frikis. Sin embargo, en España, por momentos, tengo la sensación de que el mundo editorial en vez de avanzar, retrocede. En vez de que los libros estén disponibles cada vez en más formatos, como sucede en Estados Unidos por ejemplo, aquí los tenemos cada vez en menos y a precios escandalosos.

Lógicamente, no pienso pagar 10 € por un ebook de ficción. Me parece un precio abusivo. Tampoco tengo previsto cambiar mis hábitos de lectura; leo en digital, ya no compro libros impresos para mí (*) aunque sigo comprándolos para regalar. Tanto un caso como el otro me parecen un pésimo servicio hacia los lectores de este país, que pagamos por los libros que leemos y que somos quienes, en última instancia, hacemos posible que las editoriales sigan funcionando. Pero, en fin, allá cada cual con sus decisiones comerciales. La mía, como consumidor, es que si un producto o servicio no se ajusta a mis expectativas/necesidades, me voy con mi dinero a otra parte.

Así las cosas, los ebooks del género romántico que se vienen conmigo estas vacaciones, son los siguientes:

Suzanne Brockmann. “Tall, Dark and Deadly”

 

Melissa Foster. “Sisters in Love”.

 

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Elisabeth Naughton. “Espérame”.

 

 El resto del tiempo, cuando no esté leyendo, haré tumboning a secas ;)

(*) Las excepciones, una veintena de libros a lo sumo, son las primeras publicaciones de autoras amigas y de mis escritoras españolas favoritas, la mayoría con dedicatorias personales.

Blogs literarios y contenidos de calidad. Reseñas: qué son, qué no son y qué (más) podrían ser.

Blogs literarios y contenidos de calidad.Esta entrada pertenece a la serie iniciada por Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido impacto/interés los blogs?  y hoy le toca el turno a la calidad de los contenidos que ofrece un blog, en particular, los ofrecidos por los blogs literarios.

Una vez más empezaré por aclarar que no me refiero a los blogs personales que ofrecen reseñas/opiniones acerca de los libros que sus administradores van leyendo, sino a aquellos que colaboran activamente con editoriales y autores independientes (o esperan hacerlo), reseñando libros que estos les ceden.

Entrando en materia, hay cuatro elementos fundamentales que hacen a la calidad del contenido. Dado que un blog literario no solo publica reseñas, utilizo la palabra ‘entrada’ para referirme a todos los contenidos que publica y ‘reseña’ cuando me refiero específicamente a esta. Dichos elementos son:

  1. La sintaxis y ortografía de la entrada.
  2. Su extensión.
  3. Su utilidad (y originalidad).
  4. La objetividad y honestidad de la reseña.

La sintaxis y ortografía es algo que uno daría por sentado, mucho más tratándose de un blog dedicado a la literatura. Sin embargo, encontrar entradas bien escritas -lo que siempre significa que han sido bien editadas antes de darle al botón “publicar”-, es menos habitual de lo que sería de desear. No hay mucho que añadir: es nuestro idioma, tiene unas reglas que se supone que debemos preocuparnos por conocer y existen muchas herramientas de edición/corrección gratuitas. Todos los que escribimos sabemos qué escurridizos pueden llegar a ser los benditos errores orto-tipográficos, así que mejor ir sobre seguro y usarlas para darle un buen repaso al texto antes de publicarlo.

El asunto de la extensión es algo más flexible. Hay entradas que parecen pedir una extensión mayor y, normalmente, si están bien escritas no lo notas (demasiado). Pero este tipo de entradas también son excepcionales. Existe un debate en torno al tema; desde quienes abogan por aquello de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno” hasta quienes consideran que la extensión es irrelevante si el artículo está bien escrito, hay opiniones para todos los gustos. La mía es que mantener la atención del lector se vuelve cada vez más difícil pasado el noveno o décimo párrafo, de modo que lo bueno y breve cabalga a lomos de un caballo ganador. Entre 500 y 700 palabras es una buena extensión, con 1.500 entras dentro de la zona peligrosa (así que asegúrate de que lo que dices es muy útil y muy interesante), y si necesitas más de 2000, lo mejor es plantear el tema en varias entradas como es el caso de esta serie dedicada al mundo bloguero. Cada vez son más los internautas que se conectan desde un smartphone y si has probado a leer un texto extenso en una de esas pantallitas, entenderás a qué me refiero. Tampoco abundaré en este punto: compartimos lo que escribimos porque queremos que nos lean. Hay cosas que favorecen que suceda y ciertas otras que incitan al lector a huir despavorido; enrollarse como persianas milita claramente en el bando enemigo.

El cuarto elemento está directamente relacionado con el (candente) tema de la libertad de expresión, que por su extensión no abordaré en esta entrada, pero como hace referencia a la reseña literaria enlazaré con el tercero, sobre la utilidad (y originalidad). Me parece que un buen comienzo sería definir qué es y qué no es una reseña, y a partir de aquí, lanzar algunas ideas sobre cómo conseguir hacer algo diferente con ella.

Blogs literarios y contenidos de calidad.

Una reseña es…

La definición “oficial” dice:

Es la narración compendiosa que un crítico realiza sobre una obra de literatura. El texto incluye menciones a incidentes específicos, situaciones y personajes del libro en cuestión.

Además, la reseña tiene una estructura determinada que obliga al reseñador a examinar la obra más allá de cuestiones subjetivas.

De lo que antecede, se deduce que lo que publican la mayor parte de los blogs literarios románticos no son reseñas propiamente dichas.

Uno de los aspectos más difíciles de reseñar un libro es tener claro que se trata de hacer una valoración de la obra -una valoración literaria-, no solo de comunicar lo que nos ha parecido o lo que hemos sentido. Como dicen en sinsajia.com:

“Una buena reseña escudriña bajo el capó de una obra literaria con el fin de comprender no solo lo que esta significa, sino cómo se ha logrado transmitir ese significado y cuál es su efecto” .

Cuánto más cerca de esta definición, mayor será la calidad de la reseña.

Una reseña literaria no es…

Resumir el libro. Eso era lo que hacíamos en el colegio a pedido de la profesora de literatura. Lo último que espera el internauta que quiere consultar otras opiniones antes de decidir su próxima lectura es encontrarse con alguien, distinto del autor, que le cuenta con pelos y señales de qué va el libro.

Tampoco es el lugar idóneo donde compartir las frases favoritas que el blogger ha extraído de la novela. En serio, si no es relevante para explicar el argumento del reseñador (y partiendo de la base de que no estamos ante reseñas propiamente dichas, no hay ningún argumento que explicar), ¿por qué privar al futuro lector del placer de descubrir esos momentos por sí mismo y en su debido contexto? La negrita viene a cuento de que se trata de algo más importante de lo que induce a creer la cantidad de bloggers que las incluyen de forma habitual. Me considero muy generosa en lo que a compartir fragmentos de mis novelas se refiere. Jamás me he quedado en el prólogo y el primer capítulo que es lo que normalmente las editoriales publican en abierto. Sin embargo, no transcribo frases aisladas sino fragmentos. Fragmentos que a veces llegan a tener tres o cuatro mil palabras. Y la razón es justamente esta: el contexto es fundamental porque los momentos intensos se cuecen a fuego lento. Esto es especialmente cierto en el caso de los fragmentos sensuales que algunos bloggers encuentran tan golosos y gustan de incluir en sus reseñas. No es la frase aislada la que te cautiva, son todas las sensaciones que el autor ha construido palabra a palabra desde el principio de la escena (o incluso antes) lo que consigue llegarte al corazón. Sé lo que cuesta emocionar, conmover, así que cada vez que me intereso por un libro y doy con una reseña en la que alguien reduce tanto trabajo a la mera transcripción de las diez palabras del momento “M” de una escena, no puedo evitar sentir que le han quitado frescura a mi experiencia lectora porque ahora ya no me sorprenderé tanto cuando la lea. Ni me emocionaré tanto. ¡Y para eso leo, para que el autor me lleve de la mano a vivir una experiencia alucinante!

Aclaro que no estoy en contra de incluir fragmentos en una reseña. Al contrario, echar mano de los extractos que publican las editoriales me parece una forma ideal de complementar la información ofrecida en ella. Sin embargo, hay que tener en cuenta que muchas lectoras prefieren no leer adelantos, así que una forma respetuosa de hacerlo es incluir el enlace al extracto y dejar que sea el visitante quien decida si lo pincha o no.

Párrafo aparte merecen los terribles “spoilers”. Lógicamente, no soy partidaria de que los haya pero si se incluyen, qué menos que advertir de ello con claridad al principio de la entrada. A título personal, abandono el blog que cuela spoilers en sus reseñas y no me vuelvo a acercar a él. Estoy segura de que no soy la única que se los toma tan en serio.

Algunas consideraciones sobre qué más puede ser una reseña.

Con tantos blogs publicando las mismas novedades editoriales, reseñando los mismos libros (con la misma fórmula cansina de sota, caballo y rey), publicando las mismas entrevistas de plantilla (!), organizando los mismos sorteos… Ya me entiendes, ¿no? Hoy por hoy, diferenciarse (y tener unas nociones de SEO) es imprescindible para salir de la invisibilidad.

Lo encuentro bastante lógico. Si ofreces más de lo mismo, ¿qué diferencia esperas que encuentre cuando visito tu blog? ¿Y por qué debería quedarme a leer tus entradas? ¿Qué me aportas? ¿Tu opinión sobre un libro? Mientras no te conozca y empiece a fiarme de tu criterio lector, tu opinión no es más que… otra cualquiera. Ofréceme algo más (o planteado de forma diferente) y quizás me quede lo bastante para conocerte mejor. Así funcionan las cosas. Cuando hablamos de diferenciarnos, hablamos del nivel de utilidad y originalidad de lo que ofrecemos. Hablamos de calidad, no de cantidad. Y sí, también hablamos de recorrer la milla extra cada vez que nos sentamos al teclado.

Blogs literarios y contenidos de calidad.

Comentaba en mi último post que creo que parte del problema de invisibilidad que aqueja a blogs y webs tiene que ver con para quién escriben los contenidos que publican. La tecnología blog, incluso si los conocimientos técnicos del administrador son equivalentes a cero, permite que una novedad editorial o una reseña literaria no las vean solo los colegas bloggers que le siguen, sino el verdadero público de internet: personas que buscan información acerca de un tema, en este caso una novela romántica.

Se trata de personas desconocidas, de las que el blogger ignora cuánto saben acerca del tema que buscan, lo cual pone a su disposición un panorama inmenso en términos de qué ofrecerle y cómo hacerlo. Puede conformarse con darle su opinión a secas… O puede abrir el abanico y elaborar un artículo lo bastante informativo e interesante que haga innecesario que continúe buscando. Los internautas somos criaturas cómodas; nos encanta que nos den las cosas resueltas y solemos ser muy fieles con aquellos blogs/webs que nos facilitan las búsquedas de información. Para entender qué significa “facilitar la búsqueda”, basta con ponerse en situación un momento: cuando buscas información sobre un tema nuevo, ¿qué valoras de manera especial?, ¿qué te gustaría encontrar? Mirando el panorama bajo esta nueva perspectiva, una reseña no tiene por qué limitarse a la valoración del libro en cuestión. Puede (¡y debe!) ser más cosas. ¿Qué cosas? Veamos algunas ideas.

Personalmente, aplaudiría al blogger que me ofreciera curiosidades sobre el autor o sobre el libro y que estableciera comparativas con otras novelas suyas, incluso con obras de otros autores de literatura romántica (sí, me refiero a esa pasión por el género que encuentras en una tarde de charla entre lectoras románticas, de las que indefectiblemente sales con una lista interminable de nuevos libros que leer y una sensación de magia en el cuerpo). Me encantaría que me contara si ha habido otras ediciones y, además de ofrecerme su valoración, que incluyera enlaces relevantes a reseñas (positivas y negativas) de otros bloggers. Ya no hablemos si además comentara dichas reseñas; ¡eso sería la bomba! La riqueza de internet radica en la posibilidad de conectarnos a través de enlaces relevantes e interactuar. Usémoslos. En mi opinión, sería una forma mucho más inteligente y eficaz de colaborar con colegas bloggers que el mero intercambio de comentarios vacíos y seguimientos oportunistas. Atención a la palabra “relevante”. Suelo enlazar bastante y mi criterio es este: si tengo que enviar a mis visitantes a una fuente de información externa a mi blog, dicha fuente debe ser idónea.

Los términos de búsqueda (keywords) y las etiquetas ayudan a que los internautas nos encuentren. Aprender SEO y aplicarlo al blog, consiguiendo un mejor posicionamiento en los buscadores, puede obrar el milagro de convertir un humilde rinconcito de la blogosfera en un lugar con miles de visitas diarias. Pero no pueden obrar el milagro de que el visitante que llega se quede; eso solo lo consigue la calidad de los contenidos que ofrecemos.

Y tratándose de reseñas, la objetividad y la honestidad del reseñador juegan un papel muy importante. A ellas estará dedicada mi próxima entrada.

¡Sigue en antena! ;)


Si eres blogger literario, estos enlaces pueden ser de tu interés:

* Anatomía de una reseña – I
* Guía de Google para principiantes sobre optimización en motores de búsqueda (SEO). Es sencilla y muy útil.

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Entradas anteriores de la serie:

1. Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido interés/impacto los blogs?

2. Blogs literarios. Sobre el (engañoso) asunto del número de comentarios y seguidores.

Blogs literarios. Sobre el (engañoso) asunto del número de comentarios y de seguidores.

Esta entrada pertenece a la serie iniciada por “Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido interés/impacto los blogs?” que puedes leer en este enlace. Verás que aquí he acotado el tipo de blog al que me refiero porque algunos de los asuntos que comento me parecen específicos (y, tal vez, coyunturales) de los blogs literarios españoles y, en particular, de los que reseñan literatura romántica.

Empezaré aclarando que un blog literario es el que publica, comenta, recomienda o critica literatura. Para distinguirlo del blog personal que ofrece reseñas de lo que su administrador va leyendo, añadiré otra característica: colaboran de forma activa (o esperan hacerlo) con editoriales y autores independientes. Es a este tipo de blogs a los que me refiero en esta entrada. Y antes de entrar en materia, quiero comentar que se trata de un colectivo por el que siento admiración, ya que hacen una tremenda labor de difusión de la literatura. Además, en el caso del género romántico en lengua castellana, su aportación ha sido grande y continuada. Sin embargo, ahora están de capa caída. Creo que las exigencias de las editoriales, la preponderancia de las redes sociales y la presencia, cada vez mayor, de blogs que se abren con la finalidad de que su administrador pueda conseguir libros (de las editoriales) a cambio de reseñarlos, han contribuido a crear un panorama un tanto descorazonador para los bloggers literarios. De ahí, esta serie de entradas dedicadas al tema, reflexiones muy personales que me he decidido a hacer en ‘voz alta’ con la esperanza de que si tropiezan con ellas en el ciberespacio, les sirvan para tomar ideas o, quizás, ver las cosas desde una perspectiva diferente… O, mejor aún, para asumir que los tiempos están cambiando (como cantaba Bob Dylan), y que toca ponerse el “sombrero creativo” y diseñar una estrategia que les permita seguir en la brecha, dando el callo. Ojalá sea así, porque son necesarios y realizan un trabajo muy importante para la literatura y para los amantes de los libros.

Vamos allá.

Dicen que “hecha la ley, hecha la trampa” y la cuestión del número de comentarios/seguidores me parece un excelente ejemplo de esto aplicado a los blogs literarios. Sin entrar en el tema de que vivimos en una sociedad en la que, cada día más, la cantidad prima sobre la calidad, bastó que se supiera que los buscadores tomaban el seguimiento de una bitácora como uno de los elementos dentro del algoritmo que determina el ranking de indexación(1), para que se extendiera la costumbre de pedir comentarios o seguimientos al visitante. Sea a través de imágenes

"Un blog se alimenta de tus comentarios".

“Un blog se alimenta de tus comentarios”.

o del mucho más explícito eslogan “me sigues, te sigo” situado en posición destacada, es raro dar con blogs que ofrezcan información sin pedir nada a cambio. La cuestión es que, como comentaba en esta entrada, la pereza internauta, las apps para móviles de las redes sociales que monopolizan la interacción, y la oferta creciente de contenidos similares (cuando no iguales) supuso el palo en la rueda a la hora de conseguir comentarios o seguimiento. No es una tarea nada fácil, desde luego, y tratándose de algo tan importante, había que buscarle una solución.

La era del intercambio de comentarios entre blogs y el “si me sigues, te sigo”.

Sigo a decenas de blogs literarios. Tengo una lista que desde 2011 no deja de crecer y la razón es que, al igual que hace cualquier editorial, una parte de mis tiradas está destinada a promoción. Una parte la cedo para concursos externos y otra a blogs y webs románticas para reseña. Dado que todos los gastos corren de mi cuenta, soy muy selectiva a la hora de distribuir esos ejemplares. Dedico tiempo a observar el trabajo de los blogs literarios que reseñan el género y, como es lógico, cuando miras con detenimiento, ves más allá de lo evidente.

Ves, por poner un ejemplo, que buena parte de los comentarios que reciben algunos blogs (los que reciben comentarios) proceden de otros blogueros, y que no suelen añadir utilidad a la entrada. Son del tipo “este no me lo he leído” o “tiene buena pinta”. En mi opinión, son comentarios vacíos de interés y de credibilidad porque ¿quién se traga que con lo que cuesta dejar un comentario, alguien genuinamente interesado en el tema vaya a tomarse tantas molestias para comentar eso? Pienso que son el resultado de un “toma y daca” mal entendido. Es ideal que los bloggers participen activamente en las bitácoras de sus colegas, pero quien firma un comentario que no añade valor a la entrada -en este caso a una reseña literaria-, le está haciendo un flaco favor al blog en cuestión y al suyo propio. Como muy mínimo, indica falta de interés… lo que tratándose de un blogger literario da que pensar: ¿su interés por el tema no debería darse por supuesto?

Algo parecido sucede con la obtención de seguidores. El criterio parece ser que un blog ha de tener cuantos más seguidores mejor, independientemente de si, en efecto, éstos ‘siguen’ su contenido porque les interesa, porque era el requisito para participar en un sorteo y ganar la última novela de su autor favorito o porque también tienen un blog y se han apuntado al intercambio propuesto (“si me sigues, te sigo”).

Ves que hay blogs que tienen un gran seguimiento, pero cuando investigas un poquito en la barra de seguidores, observas que un buen número de los miembros son otros bloggers. Eso siempre me suscita preguntas como ¿para quién escriben, cuál es su público objetivo? ¿cómo puede ser que publicando nuevos contenidos casi a diario (¡con el trabajazo que eso implica!), el grueso de su seguimiento provenga de otros bloggers? Nunca he activado el widget de seguimiento porque es un tipo de estadística que no me interesa, pero gracias a medidores internos que he instalado tengo bastante información acerca de qué tipo de seguimiento tiene Sutherland, tanto por seguimiento directo como por lecturas a través de herramientas de sindicación (Feedly, Reeder, etc). Y te digo una cosa; me preocuparía mucho que la mayoría de mis seguidores fueran otros escritores porque no son mi público objetivo. Ni siquiera los escritores de literatura romántica. Son bienvenidos, por supuesto, y seguramente a algunos compañeros de profesión les guste leer mis entradas (¡y eso me hace sentir súper halagada!), pero no escribo para ellos. Escribo para ti; probablemente una mujer y una aficionada a la lectura, a la que le gustan de manera especial las historias de amor que acababan bien (y si son mías, tanto mejor) y a la que, quizás, también le interesan temas de actualidad relativos al amor y a las relaciones de pareja.

Está claro que un blogger literario lee mucho, pero precisamente porque es blogger, tendrá sus propios criterios de lectura bastante definidos. Si dedica tiempo a reseñar libros y quiere hacerse un lugar en el sector, ¿no debería aspirar a convertirse en una referencia para lectores ávidos en busca de información útil sobre libros, y no solo para otros bloggers? En mi opinión, es aquí donde radica parte del problema de “invisibilidad” que padecen y del que se quejan tanto; en para quién escriben. Y para quién deberían hacerlo.

En el caso de las redes sociales el fenómeno es aún más llamativo. Sin generalizar, es una costumbre bastante extendida que si abren un grupo en Facebook, te añadan a él sin más. Si, en cambio, abren una página, las invitaciones empiezan a lloverte incluso a través de mensajes privados. Y esto no solo aplica a bloggers, también a escritores y artistas varios. Aquí el criterio parece ser que todo aquel que sepa leer es un seguidor/lector potencial. ¿Perdón, cómo dice? Este es el momento en que los expertos en algo muy útil e interesante llamado segmentación de mercado  se dejan crecer el pelo con el único fin de poder tirárselo, presa de la desesperación.

No pongo en duda que todo el que produzca algo para el consumo, necesita publicitarlo. Y no me refiero al spam, ni a la promoción intrusiva, ni a ninguno de los métodos de machacarte hasta el cansancio con algo que hoy se han vuelto tan comunes, sino a ofrecer información sobre un tema a un público potencialmente interesado en él (que no es sinónimo de “cualquiera”), y hacerlo de la manera más atractiva/original posible. Si me sigues, sabes que tengo un perfil bastante activo en al menos tres redes sociales además de una web y este blog que actualizo una vez por semana. Asumo que la publicidad es indispensable, que forma parte de mi trabajo diario y le pongo una constancia a prueba de balas, pero…

¿Sabes cuál creo que es la publicidad más eficaz de todas? La calidad. Cuando doy con un buen artículo (o una reseña bien hecha), de inmediato investigo el blog porque hoy por hoy son rara avis. No necesito que nadie me pida que lo siga. Es más, como hay períodos en los que viajo bastante y en el móvil solo tengo la app de gmail, además de seguirlo, me suscribo por email para no perderme nada. Seguro que a ti te sucede lo mismo. Lamentablemente, los blogs literarios románticos que cumplen el criterio de calidad -tal y como yo lo entiendo-, son pocos si tenemos en cuenta la cantidad de nuevas bitácoras dedicadas al tema que se abren cada día. Hay una legión de blogs cuya temática principal es la literatura, pero ¿cuántos consiguen entrarte por el ojo a la segunda frase, atraparte con opiniones lúcidas y curiosidades acerca del libro que reseñan, hacer que quieras recibir sus actualizaciones? En mi caso, poquísimos y la mayoría, -¡sorpresa!-, reseñan romántica juvenil. Por lo visto, no soy la única que lo piensa, ya que hace unos días el autor Alex García (me) comentaba en Facebook que, en su opinión, los blogs literarios necesitan reinventarse. Ya lo creo que sí.

Y esto me lleva directamente a la cuestión de la calidad de los contenidos ofrecidos, otra parte importantísima del problema de “invisibilidad” que aqueja a buen número de blogs literarios, y que será el tema central de mi próxima entrada.

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(1)  Es decir, el lugar en el que aparecen “ranqueados” en la página de resultados que ofrece Google o Yahoo cuando un usuario escribe lo que le interesa encontrar en el campo de búsqueda de su navegador. Por ejemplo, hoy he escrito el término ‘reseñas de Cincuenta Sombras de Grey’ en Google y la reseña hecha por el blog Perdidas Entre Páginas está listada en el segundo puesto de la primera página de resultados. Esa posición le asegura que la mayoría de las personas que entren en internet buscando leer un reseña de dicho libro, visitarán su blog en primer lugar. Es así de importante, sí ;)

Blogs vs. Redes sociales. ¿Han perdido interés/impacto los blogs?

blog-bloggingEn mi crónica del IV BR’adic comenté que por cuestiones de tiempo solo había podido presenciar uno de los dos debates programados, “Blogs literarios: ¿libertad de expresión?”, que me había parecido muy interesante y diverso, y que quizás lo trajera al blog ya que mi opinión sobre varios de los temas que surgieron es algo diferente de las expresadas allí.

Esto, justamente, me propongo hacer a través de una serie de entradas; abordar un poco más en profundidad cuestiones relacionadas con la libertad de expresión y las implicaciones de administrar un blog literario en la actualidad.

Y voy a empezar por un tema que tiene que ver con la existencia misma de los blogs en un ciberespacio claramente dominado por las redes sociales; ¿han perdido interés, y por tanto, impacto, los blogs como forma de conectar con los lectores?

Una queja habitual entre los bloggers es que sus entradas reciben muchos menos comentarios por parte de los visitantes y que buena parte de ellos tienen lugar en las redes, principalmente en Facebook, cuando comparten la publicación en su perfil o página. Otra es que el número de seguidores no refleja la participación de los lectores en las entradas, participación que con el tiempo se ha vuelto oportunista (es el caso de los sorteos, por ejemplo).

Pienso que el meollo de la cuestión está en que las redes sociales han cambiado la forma en que interactuamos en internet. Los blogs y webs siguen siendo la forma principal de ofrecer información, pero buena parte de la interacción se ha trasladado a las redes por motivos que tienen que ver con cuestiones técnicas, de (calidad de) contenido y con la naturaleza misma de las redes sociales.

La primera razón que me viene a la mente es la facilidad/comodidad de uso de las redes. Los internautas somos especímenes muy cómodos y cada avance tecnológico riza el rizo en cuanto a darnos las cosas hechas. Desde el smartphone y las tabletas, la mayoría viajamos por el ciberespacio utilizando estos pequeños artilugios. Si has probado a dejar un comentario en un blog desde el móvil, sabes lo que es cabrearte como un babuino con el minúsculo teclado, con la función ‘autocompletar’ que escribe lo que le da la gana -en un entorno en el que la edición no es ni fácil ni cómoda- y con el sistema, que te obliga a iniciar sesión en tu cuenta de correo antes de grabar el comentario (¡pero solo te lo indica después de perderlo!). Las redes sociales más usadas tienen su propia app móvil, pensada para facilitar la interacción; compartir, comentar, dar me gusta, seguir a alguien o dejar de seguirlo… Todo sucede fácilmente, editas o suprimes en el momento, y todo con un clic. Así que si un artículo te gusta, lo compartes en tu red social favorita añadiendo algo de tu cosecha y listo. Es mucho más rápido y encima tiene ventajas extra de las que hablo más abajo.

Otra razón importante está relacionada con cómo vemos una página en el móvil o en la tableta. Los requisitos de navegabilidad son diferentes porque se trata de dispositivos específicos. De hecho, con la llegada de los móviles inteligentes, las páginas webs han tenido que optimizar sus formatos para hacerlos aptos a distintos tamaños de pantalla y evitar perder tráfico por esta cuestión. En los blogs se supone que la optimización sucede automáticamente, pero que sea más o menos navegable depende del administrador del sitio: la cantidad de widgets, dimensiones y peso de las imágenes (tanto de contenido como las temibles imágenes de cabecera que tardan lustros en cargar) y el uso de archivos de audio/vídeo marcan la diferencia entre un sitio navegable y otro que dejas por imposible. La cuestión es: si conseguir leer el artículo te ha costado siglos y un buen dolor de ojos, por más interesante que te haya parecido, ¿te plantearías prolongar la tortura dejándole un comentario?

Unknown

Y hablando de artículos interesantes llegamos a la calidad del contenido. Es tan importante que se merece su propia entrada. En esta pasaré de puntillas diciendo que la generalización del acceso a internet y la cantidad de nuevos blogs/webs que surgen cada día pone sobre la mesa la cuestión de la competencia por nuestra atención y, en consecuencia, de la calidad del contenido que se ofrece. Lo he comentado aquí en otras ocasiones: tener un blog no convierte a su administrador en un blogger, mucho menos en uno bueno. Sin ir más lejos, tengo un blog (en realidad, más de uno) y no me considero una blogger. Ante la creciente oferta de contenidos que compiten por nuestro limitadísimo tiempo/atención, ganan los recursos que a) ofrezcan información de interés para el visitante, b) lo hagan de forma breve y atractiva, c) de manera innovadora y d) con frecuencia. Sí, es lo que imaginas; como todo en la vida, ‘bloguear’ de manera efectiva tiene su técnica. Ofrecer “más de lo mismo” es un pésimo negocio. Hoy más que nunca.

He dejado para el final el asunto de la naturaleza de las redes sociales y nuestra participación en ellas. Facilitan y estimulan desplazar el protagonismo de quien crea el contenido a quien lo comparte y allí reside, creo, uno de sus mayores atractivos. Poblamos nuestros perfiles con textos o imágenes que nos parecen divertidas, interesantes, controvertidas o simplemente bonitas, y generamos “conversación” con nuestros amigos y contactos en torno a ellas como lo haríamos en una cafetería, pero mucho mejor, con más alcance y más cómodamente. Y cada vez que lo hacemos, somos nosotros quienes asumimos el protagonismo, no el autor del artículo o el dueño de la imagen. Hacemos nuestro el debate, en nuestro propio territorio. Lo cual, dicho sea de paso, es mucho más fácil y atractivo que dejar un comentario en el blog cuyo enlace compartimos y que el debate lo modere otro. Prueba de ello es que la mayoría de lo que se publica en Facebook son imágenes y enlaces de terceros. Esa misma facilidad es la que explica que cuando un blogger comparte su última entrada en las redes, note de inmediato que los comentarios que recibe suceden en la red social y no en su blog.

Las cosas cambian y la blogosfera no escapa a esta realidad. Blogs y webs siguen siendo la forma por excelencia de ofrecer información en internet, pero en un horizonte superpoblado captar la atención del internauta es una labor cada vez más ardua, ya no hablemos de conservarla. Hoy el interés de un artículo, de los contenidos en general de un blog o de una web, no viene solo determinado por el número de seguidores o la cantidad de comentarios que genera in situ, sino, muy especialmente, por la difusión que los visitantes hacen del mismo cada vez que lo comparten a través de sus perfiles sociales.

Más sobre el tema en próximas entradas.

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Otras entradas de esta serie dedicada al mundo bloguero:

Blogs literarios. Sobre el (engañoso) asunto del número de comentarios y de seguidores.

Sutherland, ocho años en la blogosfera.

Sutherland, el blog de la autora romántica Patricia Sutherland cumple su octavo año en la blogosfera.

¡Sí, estoy de cumpleaños blogueril! Y cada año que pasa pienso lo mismo: “¿tanto ya, en serio?”. Para mí se están pasando a velocidad de vértigo y sin que sea demasiado consciente de ello.

Las cosas han cambiado mucho desde aquel 9 de abril de 2007, en lo profesional y también en la relevancia que han tomado las redes sociales como medio de difundir información con rapidez. Pero sigo por aquí, trayéndote noticias sobre mi aventura literaria y los proyectos en los que trabajo, y tengo la intención de retomar mis posts semanales porque, si te digo la verdad, los echo de menos. Adoro la blogosfera por lo que representa y por la calidad de información que pone a disposición de los internautas. Sigo más de cien blogs desde mi Feedly y otros cincuenta y tantos desde mi Reeder; son mi principal fuente de información y sé que esto no cambiará. Bloguear (bien) es un arte y dar con una de esas personas capaces de ofrecer información interesante y bien documentada sirviéndose de imágenes, enlaces relevantes, y no más de 500 ó 600 palabras es una gozada. Por suerte, tengo a varios de esas “rara avis” en mis lectores de noticias ;)

Por lo pronto, estos días estaré actualizando algunas secciones con nuevas reseñas y los próximos eventos románticos en los que tomo parte. Así que, por favor, sigue en antena que no me he ido, ¿eh?

Ah, casi me olvido…

¡FELIZ OCTAVO CUMPLEAÑOS, SUTHERLAND!

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¡Y que sean muchos más!

Especial Jera Romance Navidad 2014… ¡ya está aquí!

La nieve ya está aquí, en WordPress, y por octavo año consecutivo, llega el Especial Jera Romance Navidad.

Ya sabes, más bocaditos románticos por menos euros ;)
El especial de este año, además de dos novelas nuevas, incluye un “pack sorpresa” dedicado a la serie Sintonías que estoy segura de que te va a encantar.

Los “Especiales Jera Romance” están dedicados exclusivamente a las versiones impresas de mis novelas y solo están disponibles en España, en tres ocasiones a lo largo del año; Navidad, San Valentín y Feria del libro. Son la manera ideal de conseguir mis libros dedicados, con marcapáginas de regalo, a precio de super-promoción y que te los lleven a casa. Más cómodo, imposible.

Encontrarás toda la información pinchando en la imagen.

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¡Vamos, vamos… ¿a qué esperas?!

 

Preparando mis lecturas veraniegas 2014.

Con vistas a las vacaciones, unos preparan las cosas de acampar, otros lo que van a llevar en la maleta… Yo, mis lecturas. ¡Y en eso estoy!

Como buena apasionada de la lectura, tengo más libros pendientes que horas disponibles para ellos. A pesar de lo cual, cuando llega la época de ferias de libros en España, me dedico a avituallarme de lectura de cara al verano como si no tuviera qué leer. Luego viene el problema; decidir a qué -de todo lo que tengo en mis lectores digitales- le hincaré el diente en los escasos quince días de descanso estival que me tomaré. Y con decenas de libros pendientes, tentándome cada vez que abro mi Sony Reader o mi Kindle, no es nada fácil, créeme. Así que me tomo mi tiempo; analizo el panorama con calma y finalmente, guardo a los elegidos en una colección especial para poder ir a tiro hecho y no dejarme tentar por los demás, que luego el que mucho abarca, poco aprieta ;) ¿Qué cuáles son este año? ¡Éstos!

 

Mis elegidos verano 2014:

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Doce campanadas y un beso. Olivia Ardey.

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No mires atrás. Ana R. Vivo.

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Es por ti. Ana Itúrgaiz.

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Algo inesperado. Pilar Cabero.

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Habana Jazz Club. Lola Mariné.

 

Estoy deseando leerlos. Todos me apetecen un montón.

¿Qué te parece? ¿Has leído alguno?

Ah, por cierto, te recuerdo que mis promociones y concursos estivales siguen en curso. Me traigo algo entre manos, pero guárdame el secreto, ¿eh? ;)

 

Sobre el poder de las imágenes, las fusiones editoriales y los colosos virtuales.

Hoy me desperté reflexiva, y echando un ojo al trillón de entradas pendientes de leer de mi lector de noticias, me encontré con este artículo que publicaron en la sección Cultural de la web de El País a principios de julio, titulado “Nuevo mapa en el mundo literario”. Desde hace varios meses se vienen observando movimientos llamativos en el mundo editorial internacional: Harper Collins se queda con Harlequin, Radom House adquiere Penguin, y ahora Penguin Radom House finaliza la compra del Grupo Santillana. Esta impactante imagen acompañaba al artículo:

 

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Me vienen a la mente tres reflexiones:
1) ¿El siguiente será el Grupo Planeta?
2) Fíjate la que han organizado los tres grandes del ciberespacio: Amazon, Google y Apple y el desarrollo del mercado ebook.
3) ¡Qué bien que soy autora independiente!

Me apasiona la auto-edición. Si me sigues, lo sabes. Pero viendo esto, no puedo evitar pensar que si hace cuatro años no hubiera tomado la decisión de apearme del tren (léase, “labrar mi carrera publicando por la vía convencional”), hoy me estaría tirando de los pelos.

Literalmente.

 

 

 

Evernote: todas tus notas, datos y enlaces disponibles desde cualquier lugar y a un golpe de ratón.

UnknownHace un tiempo dediqué un post a una aplicación informática gratuita de gran ayuda para mi trabajo diario. Ya entonces comenté que existía una segunda de la que te hablaría en otra ocasión. Bueno, la ocasión ha llegado, y la herramienta a la que dedico mi entrada de hoy es Evernote.

Evernote es, básicamente, una aplicación que te permite organizar tu información personal mediante un sistema de archivo de notas (y etiquetas). Hasta aquí no parece muy diferente de las decenas de aplicaciones informáticas diseñadas para el mismo fin que operan bajo los distintos sistemas operativos que existen. Pero lo es porque todas estas notas no se organizan en tu ordenador, sino en la web, lo que para empezar te permite acceder a ellas desde cualquier punto del planeta. Creas tus distintas libretas de trabajo a las cuales vas añadiendo las notas (o ‘documentos’, para entendernos mejor) que vas creando y asignándole etiquetas (ya sabes, ‘palabras claves’ o ‘keywords’ que describen el contenido). Lo realmente importante de esta aplicación son precisamente estas ‘etiquetas’ porque el programa las utiliza como una forma alternativa de agrupación de las notas que archivas, independientemente de la libreta a la que pertenezcan. Esto te da la posibilidad de rescatar con una  búsqueda todos los documentos que has guardado simplemente tecleando el nombre de la etiqueta. ¿Te lo imaginas? Archivos que has guardado hace años, de los que ya no te acuerdas, en tu pantalla en un abrir y cerrar de ojos. ¡Menuda herramienta!

Pero no solo puedes crear notas de texto, también puedes archivar imágenes, audio, enlaces, artículos, etc. que encuentras en la web, y hacerlo directamente mientras navegas gracias a la app de Evernote que instalas en el navegador. Cuando das con un recurso que te interesa, pinchas la app y automáticamente se abre un menú de Evernote que te permite capturar, editar, marcar, añadir texto, etiquetar y seleccionar/crear la libreta donde quieres guardarlo. Así de fácil.

Tiene otros usos geniales como establecer ‘recordatorios’ (igual que en una agenda electrónica) o utilizar el correo electrónico que te asignan al registrarte para suscribirte a boletines y noticias. De esta forma, mantienes ordenadas tus suscripciones en un mismo lugar al que accedes cuándo y dónde quieras, y tus correos personales un poco más despejados.

Por supuesto, puedes utilizar la aplicación desde tus distintos dispositivos ya que la sincronización con todos ellos es automática.

¿Lo mejor de todo? Es gratuito. También tiene una versión de pago que te permite acceder a tus notas sin conexión a internet, compartir tus archivos y almacenar hasta 1 GB, entre otras ventajas, pero yo utilizo la versión gratuita y me va de perlas.

Ya me resultaba prácticamente imprescindible antes de convertirme en usuaria de Mac; ahora, que todavía estoy en fase de transición y buena parte de mis archivos y programas funcionan bajo Windows, es la aplicación del elefantito la que me está salvando de la locura. ¡Todo lo guardo/creo en ella! Esta entrada es un ejemplo ;)

Si aún no la has probado… ¡no sabes lo que te estás perdiendo!
Como se suele decir: recomendada no, lo siguiente… ¡recomendadísima! ;)

https://evernote.com